Vírgenes de Madrid (V) – La Virgen de la Paloma

Historia

Cuenta la tradición que Isabel Tintero fue quien recuperó y preparó para su veneración el lienzo de La Paloma, una de las vírgenes más importantes de Madrid —en realidad, podríamos considerarla la más importante a nivel popular—.

La primera noticia que tenemos sobre esta historia es en una crónica realizada por el entonces alcalde de la villa, el marqués de Casa García Postigo, quien lo relata de la siguiente forma:

… resulta que la expresada Isabel Tintero, mujer de Diego Charco, de ejercicio cochero, viendo a principios del año 1787 que unos muchachos llevaran arrastrando como por juguete un lienzo de Ntra. Sra. de la Soledad, lo arrebató de las manos de aquellos, lo hizo retocar y lo colocó en marzo del propio año en el portal de su misma casa, y esmerándose en su culto, le ha promovido con tanto fervor que ha conseguido extender su particular devoción; de modo que se hallan alumbrándola varios faroles y lámpara a expensas de personas de primera clase, además de las muchas velas que la devoción de los fieles la presentan, reconocidos a los singulares beneficios que dicen haber conseguido ellos por intercesión de esta su Poderosa Madre, y en señal de este reconocimiento se ven las paredes de la actual Capillita llenas de presentallas. (…) A impulsos de esta devoción se reza el Rosario todas las noches ante esta santa Imagen, cubriendo el Concurso gran parte de la calle… 

Según la historia difundida ya a los pocos años del hallazgo de la imagen, unos muchachos que estaban jugando en un corral perteneciente al convento de San Juan de la Penitencia, de Alcalá de Henares (cuyas monjas eran conocidas como las juanas), en la esquina de la desaparecida calle de la Solana con la de la Paloma, encontraron un cuadro sucio y roto de la Virgen de la Soledad. El encargado del corral se lo regaló para que jugasen con él y uno de ellos, Juan Antonio Salcedo, se lo llevó a su tía, Andrea Isabel Tintero, que tenía fama de mujer piadosa. Isabel quedó tan contenta que les dio unas monedas por el lienzo, lo limpió y lo colocó en el portal de su vivienda, siguiendo la arraigada costumbre madrileña de las vírgenes esquineras.

Muy pronto la imagen empezó a coger fama por sus milagros. Uno de los más importantes fue la sanación milagrosa de una fractura en la pierna del conde de las Torres. En agradecimiento, el noble realizó un importante donativo que fue usado por Isabel para alquilar una habitación en la que colocar de una forma más digna la imagen.

Esta fama llegó hasta Palacio: la reina María Luisa, esposa de Carlos IV, encomendó a la Virgen a su hijo, el príncipe Fernando (futuro Fernando VII), que estaba enfermo de escorbuto. El príncipe sanó al poco tiempo y la reina, en agradecimiento, mandó colocar unos faroles que mantuviesen constantemente iluminada la imagen. A partir de ese momento, empezó a extenderse la idea, mantenida hasta hoy, de que la Virgen de la Paloma es la protectora a las mujeres embarazadas y los niños recién nacidos. Además, este milagro hizo que empezase a llegar mucho dinero para la imagen.

Isabel pidió permiso al Consejo Supremo de Castilla para levantar una capilla y recaudó entre los fieles medio millón de reales de vellón. Francisco Sánchez, discípulo de Ventura Rodríguez, levantó el pequeño templo en 1795, en el mismo sitio en el que fue rescatado el cuadro. Isabel fue la administradora de la capilla hasta su muerte y recibió 8 reales diarios para su manutención y una habitación junto a la capilla de la Virgen.

La primera procesión de la imagen de la Paloma data de 1923. Ese año, los feligreses de la parroquia pidieron ayuda a unos bomberos, que se encontraban de maniobras en la cercana Gran Vía de San Francisco, para descolgar el cuadro.

Primera procesión del cuadro de la Paloma, 15 de agosto de 1923 [Fuente: ABC]

Una leyenda poco conocida cuenta que la Virgen ya se había convertido desde hacía tiempo en la patrona del cuerpo de bomberos de Madrid, tras ayudarles a sofocar uno de los múltiples incendios que sufrió la Plaza Mayor a lo largo de su historia. Los vecinos, al ver que los bomberos no podían controlar las llamas, empezaron a llevar todas las imágenes de vírgenes de la villa, cesando el fuego precisamente en el momento en el que entraba en la plaza el cuadro de la Virgen de la calle de la Paloma.

Bomberos del parque número 3 de Madrid esperando para descender el cuadro de la Paloma [Fuente: ABC]

En realidad, las primeras noticias que se tienen de la participación de los bomberos del parque número 3 (situado muy cerca de la iglesia en la que se encuentra la imagen de la Paloma y construido prácticamente al mismo tiempo que el templo) son de 1939, año en que empiezan a desfilar junto a la Virgen en su procesión del 15 de agosto. Para el año 1970, tanto la procesión como las fiestas en honor a la Paloma estaban en claro retroceso de asistencia y a punto de desaparecer, no teniéndose ya noticias de la participación del cuerpo de bomberos en las mismas. Es a partir de 1980 cuando vuelve a recuperarse el ambiente que tradicionalmente tuvo esta celebración.

La imagen

Ha llegado a existir cierta controversia sobre el origen de la imagen que los madrileños veneramos bajo el nombre de la Paloma.

Antonio Velasco Zazo, cronista de la villa, presentó la teoría de que en realidad no se trata de una imagen de la Virgen en su libro Culto de ayer y de hoy. Mantuvo su tesis, sin fundamentarla, en una obra posterior Recintos sagrados de Madrid (1951) :

«La Paloma es el vivo retrato de cierta monjita profesa en un convento de Burgos, a mediados del siglo XVI; retrato hecho por su padre, antes de encerrarse aquella en la clausura y con el ropaje que había de vestir: blanca túnica y manto negro, al estilo flamenco, las manos cruzadas sobre el pecho y pendiente de ellas un largo rosario. Santa murió la monjita, beatificada mas tarde, autorizándose la colocación del cuadro en el convento, y de cuya pintura se hicieron luego numerosas copias con objeto de extender el culto a la Virgen de la Soledad…»

La idea fue recogida por Fernando de Terán en el fascículo correspondiente de la Enciclopedia de Madrid de Espasa Calpe.

La pintura puede datarse a finales del s. XVII y fue compuesta por un pintor de no excesiva calidad. Representa a la Virgen con la iconografía de la Soledad, según el modelo del s. XVII, vestida de viuda con un rosario en las manos, según la moda española del siglo anterior((Y de aquí podría venir el famoso equívoco con la «monjita burgalesa»: durante los siglos XVI y XVII, las religiosas castellanas vestían con la indumentaria que llevaban las mujeres que enviudaban)).
Actualmente sabemos que la imagen es una copia fiel de la escultura que realizó Gaspar Becerra para el convento de los Mínimos de la Victoria de San Francisco de Paula, que se encontraba cerca de la Puerta del Sol, y que representaba a María arrodillada a los pies de una cruz. Esta talla se hizo tan popular que se hicieron muchas copias pictóricas, repartiéndose por todo Madrid.

El templo

La primera capilla para la Paloma comenzó a construirse el 6 de agosto de 1792 y las obras terminaron el 21 de abril de 1795. Costó 386.074 reales y 20 maravedíes y su arquitecto fue Francisco Sánchez, discípulo de Ventura Rodríguez. El cuadro se trasladó solemnemente en 1796.

Este primer templo era pequeño, con una sola a nave con pilastras y casquete en el presbiterio. La fachada era sencilla, con un frontispicio rematado en frontón. En su interior albergaba un retablo de mármol en el que estaba colocado el cuadro. Fue asaltado por los franceses durante la Guerra de la Independencia, perdiéndose todas las joyas y riquezas que se habían donado a la Virgen hasta ese momento.

En 1886 la iglesia de San Pedro el Real (actual San Pedro el Viejo) se encontraba en muy mal estado y en 1891 se decide que la parroquia se trasladase a la capilla de la Virgen de la Soledad de la Paloma que, hasta ese momento, dependía de la parroquia de San Andrés, quedando San Pedro como filial de la recién creada Nuestra Señora del Buen Consejo, en la Colegiata de San Isidro.

A partir de ese momento, pasan a depender de la Paloma la desparecida iglesia de San Patricio de los Irlandeses, la Capilla de San Isidro ((Lugar donde la tradición dice que nació Isidro Quintana, en la calle del Águila)), el colegio de San lldefonso de los Niños de la Doctrina, la Capilla del Cementerio Sacramental de San Isidro, la iglesia y Hospital de la V.O.T.((Venerable Orden Terciaria))de San Francisco, en la calle de San Bernabé, y la Sacramental de Santa María y Hospital General.

La nueva situación hizo que la capilla de la Paloma se quedase pequeña y se pensó en realizar un nuevo templo, más grande. Su construcción comenzó en 1903, con planos de Lorenzo Álvarez Capra y bajo la dirección de Dimas Rodriguez lzquierdo. Las obras se dan por terminadas en 1912, bendiciéndose el templo ese mismo año. Posteriormente, un gran número de importantes familias nobles de Madrid donaron los diferentes altares que ornaron el templo hasta 1936, año en que la iglesia fue incendiada. Sólo se salvó el cuadro de la Virgen.

El templo actual es de estilo historicista, típico del s. XIX. La fachada neomudéjar, ejecutada en ladrillo con algunas sillerías, tiene atrio y dos torres gemelas. En el interior se utilizó un estilo neogótico que ha quedado bastante desdibujado con las últimas reformas efectuadas en el templo para adaptarlo a la liturgia específica del Camino Neocatecumenal. En el conjunto decorativo sobresalen las vidrieras que decoran el cuerpo superior de la nave, que tienen como motivo central una serie de escudos: el Real y los de las familias nobles que ayudaron a la construcción del templo; y el cuadro pintado por Eugenio Oliva con la escena en la que Isabel Tintero entrega unas monedas a los chicos que acaban de encontrar el cuadro de la Virgen, inspirado en el conjunto escultórico que acompaña al lienzo en su carroza cada 15 de agosto.

Isabel Tintero recupera el cuadro de la Paloma, Eugenio Oliva