Curso 2025-26




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Danza pastoril tradicional realizada en la localidad de Braojos de la Sierra.
No sabemos exactamente cuándo comenzó esta tradición: los primeros escritos a los que hace referencia datan del s. XV, aunque se piensa que se remonta al s. XIII.
En Nochebuena, los pastores bajan al pueblo y van a la iglesia del pueblo a presentar al Niño Dios los mejores corderos de sus rebaños en la misa del Gallo. A su lado, los músicos tocan el tema de la pastorela con instrumentos artesanales: tambor, panderetas, zambombas, almirez y arrabel((Instrumento compuesto por huesos de cordero engarzados con alambre y colgados al cuello con una cuerda que se hacen sonar rozándolos con unas castañuelas)).
La misa comienza cantando villancicos. Nueve pastores entran bailando y se acercan al altar, dirigidos por el zarragón, que lleva un cordero para ofrecerlo al Niño Jesús. Van formando dos hileras con él en medio y con el cayado que llevan en la mano van marcando los pasos. Visten traje de cuero, recuerdo de los antiguos arreos de los pastores, albarcas y una zamarra.
Bailan en diferentes partes de la misa, que se realiza en latín popular: el Kirie, el Gloria, el Credo, el Agnus Dei y la Eucaristía.
En Braojos se representa la Pastorela en la misa del Gallo, Navidad, Año Nuevo y Reyes.
Canción popular de la localidad de Cenicientos relacionada con la celebración de la Pastorela.
En la letra podemos oír cómo se va vistiendo al pollito((Un niño pequeño)) con las prendas tradicionales de los pastores de la Sierra: le ponen sus mejores galas para ir a adorar al Niño a la misa de Navidad junto a los demás pastores que bailarán durante la celebración.
Las prendas con que engalanan al pollito son:
En la mañana del 31 de diciembre, los hombres del pueblo acuden al arroyo de la Dehesa para cortar leña de encina, y allí pasan el día. Al atardecer cargan la leña y la llevan a la Plaza de España donde, llegada la noche, será quemada en una gran hoguera, conocida como la luminaria.
Tras la celebración del Año Nuevo, bailarines vestidos con el traje típico, hacen su último ensayo cerca de la gran hoguera para la celebración del día siguiente, al son del tambor y la dulzaina. Antiguamente era también costumbre que los mayordomos((Elegidos entre los quintos de ese año.)) invitasen a vino y tabaco durante los bailes. La noche termina con un gran baile de Fin de Año.
El 1 de enero se celebra una misa en honor a Jesús Niño amenizada por una rondalla, villancicos acompañados de bandurria y laúd y una procesión con la imagen del Niño Jesús, adornada con mandarinas, que portan a hombros los 4 mayordomos.
La procesión es acompañada por cuatro bailarines que danzan y tocan las castañuelas, al ritmo del tambor y la dulzaina((Es tradición que la pareja que toca ambos instrumentos vengan de una misma familia de músicos segovianos que, año tras año, acuden a la celebración.)).
El 2 de enero prosigue la celebración con el díadelBollo, durante el cual, mayordomos y bailarines, acompañados de los músicos, recorren las casas de la localidad pidiendo el aguinaldo. En el pasado era costumbre dar algo de comer y unas monedas a los bailarines y mayordomos. El dinero obtenido por los mayordomos era para pagar a los músicos, mientras que lo conseguido por los bailarines era para ellos.
Durante estos dos días los bailarines visten con el traje típico, que consiste en un sombrero adornado con cintas y broches, y un mantón de Manila. Los mayordomos únicamente llevan el sombrero. Además de lo mencionado, el primer mayordomo llevaba el denominado bolsillo, una especie de bufanda larga de hilo terminada en borlas y con una ranura en el centro en donde se depositaba el dinero recaudado. El bolsillo, que podía ser de varios colores (rojo pálido, negro y azul claro) era tejido por un preso. Actualmente esta tradición se ha perdido.
Fue Carlos III el que trajo los sorteros de lotería a España, en la forma de Lotería del Estado y con lo que se recaudaba con los sorteos se sufragaban los gastos del hospital de Madrid.
El d18 de diciembre de 1812, durante la guerra de Independencia, se instaura en Madrid el sorteo de Lotería de El Gordo, similar a la actual Lotería Primitiva, aunque se tuvo que realizar en Cadiz, que no estaba en manos francesas.
Es a partir de diciembre de 1892 cuando se le empieza a denominar como Sorteo de Navidad.
Manuela de Pablo, madrileña, abrió con sus hermanas, en 1904, su primer local de venta de Lotería, en la calle de San Bernardo.
Según se cuenta, Manuela fue al santuario de Lourdes y, a raíz de esa visita, encadeno la venta de premios importantes, alcanzando una gran fama entre los que jugaban a la Lotería de Navidad.
Se muda en 1931 a la Puerta del Sol esquina a la calle Arenal, ya llamándose la administración Doña Manolita, y siguió repartiendo premios hasta su muerte en 1951. Tras su muerte la venta de lotería la hereda una de sus hermanas y de ahí a sus descendientes abriendo otra administración en la Gran Vía llamada Hermana de Doña Manolita.
La sede de Gran Vía se mantuvo hasta 2011, cuando se trasladó a la vecina calle del Carmen.
La iluminación con luz eléctrica en Madrid llega en el s. XIX, pero ya antes se iluminaban las calles en Navidad: se colocaban velas que señalaban el camino a seguir por los Reyes Magos.
Parece ser que algunos madrileños buscaban forasteros y les acompañaban por las calles con cacerolas y cencerros, haciendo una serenata, diciéndoles que siguiendo las velas encontrarían a los Reyes Magos. Al final, acababan en cualquier taberna siendo objeto de escarnio y bromas por parte de los parroquianos. Estas rondas se prohibieron en 1862.
Pero no es hasta 1962 que aparece lo que podemos considerar la primera iluminación navideña de la ciudad, a iniciativa del alcalde, el Conde de Mayalde. El 21 de diciembre se instalaron tres farolas en la plaza del Callao, impresionando a los madrileños y llegando a salir en los periódicos del día siguiente: «A las ocho de la noche salió el Sol en Callao»; «La noche parece definitivamente vencida»; «En la plaza del Callao no se pone el sol»…
Tomar uvas por Nochevieja era una costumbre burguesa muy extendida en Alemania y en Francia, de ahí pasó a España. En 1882, con la prohibición de las rondas navideñas con forasteros, surge una nueva forma de burla popular, esta vez en la Puerta del Sol: se reunieron cientos de vecinos la Nochevieja de ese año para satirizar las costumbres burguesas y tomar las uvas como los ellos.
A partir de 1897 ya se había convertido en tradición y no se interrumpió nunca.
La costumbre se ve impulsada en 1909 cuando hubo un importante excedente de producción de uvas de mesa. Los productores pidieron ayuda a las administraciones para darle salida, y es ese año cuando empieza a generalizarse la costumbre en as casas, y no sólo en la Puerta del Sol.
La primera cabalgata de los Reyes Magos que se celebró en Madrid fue el día 5 de enero de 1928: salió del Circo Price (Plaza del Rey) y acabó en O´Donell, pasando antes por Cibeles, Atocha, Embajadores y vuelta a Cibeles y Calle de Alcalá.
Pero la primera cabalgata realmente importante de Madrid es de 1929, con el patrocinio del Heraldo de Madrid.
Aunque tenemos noticias de que antes de 1850 se celebraban unos festejos conocidos como la espera de los Reyes, en la que un grupo de ciudadanos recorría las calles de Madrid causando alboroto durante el 5 de enero, en realidad, la primera cabalgata de Reyes documentada en España es la de Alcoy (Alicante), en 1866.
Durante la Guerra Civil y la posguerra dejó de celebrarse, y se volvió a retomar la tradición en 1953.
La tradición del mercadillo de objetos navideños, figuras de belén, instrumentos tradicionales y artículos de broma en la plaza Mayor tiene su origen en el s. XVII y surge en la actual plaza de Provincia: allí se montaba un mercadillo navideño en el que se vendía comida, animales vivos, flores, adornos, regalos, etc.
Con el paso del tiempo, este mercadillo crece y se extiende por las dos Cavas, Puerta Cerrada, Calle de Toledo, Calle del Arenal y la Plaza Mayor.
En el s. XIX el Ayuntamiento dicta una normativa reguladora que obligaba a todos los comerciantes navideños a solicitar su licencia de venta previo abono de una tasa de cinco pesetas por cada metro cuadrado o fracción en la Plaza Mayor, calle de Ciudad Rodrigo, Zaragoza y Plaza de Santa Cruz.Y en 1860 se traslada el mercadillo a la Plaza Mayor.
Durante la Guerra Civil se suspende el mercadillo, recuperándose en 1944 pero ya sin vender alimentos o animales.
Surge de una idea que tuvieron Antonio Sabugueiro y dos amigos, Carlos Roa y Manolo Fernández, una tarde de 1964 en la cafetería-pastelería Bella Luz de la calle Monte Igueldo, en Puente de Vallecas.
Su primer nombre fue Gran Premio de Vallecas, siendo ese año el premio de la carrera un bocadillo de salchichón y una modesta copa. Su primer ganador fue Jesús Hurtado de la sección de Atletismo del Real Madrid.
El nombre de San Silvestre parece que le fue dado por José Luis Gilabert, periodista del diario deportivo Marca, dos años después.
A partir de 1966 la carrera ya se convierte en internacional, y con el paso del tiempo se ha ido asentando y ganando popularidad.
Actualmente está dividida en dos categorías, una popular para aficionados y otra para atletas profesionales. El recorrido es el mismo para ambas, diez kilómetros partiendo del Bernabeu, Serrano, Puerta del Alcalá, Cibeles, Atocha, Ciudad de Barcelona, la Albufera, Arroyo del Olivar y campo del Rayo.

La verbena de la Paloma
o
El boticario y las chulapas y Celos mal reprimidos

Sainete lírico en un acto y en prosa, tres cuadros.
Libreto: Ricardo de la Vega.
Música: Tomás Bretón.
Estreno: el 17 de febrero de 1894 en el Teatro Apolo de Madrid.
La acción se desarrolla en Madrid en la noche del 14 de agosto, durante la verbena de la Paloma.
Don Hilarión – Viejo boticario.
Don Sebastián – Amigo de Don Hilarión.
Susana – Aparenta no hacerle caso, aunque ex novia, sigue enamorada de Julián.
Casta – Hermana de Susana.
Tía Antonia – Tía de Casta y Susana. Algo alcahueta.
Julián – Cajista de imprenta, enamorado de Susana, y protegido de la señá Rita.
Tabernero – Dueño de una taberna próxima a la casa de Casta y Susana.
Señá Rita – Mujer del tabernero, protectora de Julián.
La cantadora – Cantante flamenca del café.
Guardias – Policías que hacen la ronda.
Don Hilarión – Manolo Rodríguez (actor cantante; puede ser tenor cómico o bajo)
Don Sebastián – Pascual Alba (actor cantante)
Susana – Luisa Campos (soprano)
Casta – Irene Alba (soprano)
Tía Antonia – Pilar Vidal (contralto)
Julián – Emilio Mesejo (tenor o barítono)
Tabernero – José Mesejo (barítono)
Señá Rita – Leocadia Alba (mezzosoprano o contralto)
La cantadora – Ángela Llanos (mezzosoprano)
Guardia 1 – (bajo o barítono)
Guardia 2 – (barítono)
Sereno – (barítono)
El aceite de ricino – Don Hilarión, don Sebastián
Unos ríen y otros lloran – Julián, Seña Rita, Mozos, Tabernero
También la gente del pueblo – Julián, Seña Rita, Portero, Portera
Por ser la Virgen de la Paloma – Chulos y Chulas
Tiene razón don Sebastián – Don Hilarión
En Chiclana me crié – Cantaora, Casta, Susana, Tía Antonia
¡Buena está la política! – Sereno, Guardias
¡Oh, qué noche me espera… – Don Hilarión, Casta, Susana, Tía Antonia
Ya estás, frente a la casa… – Seña Rita, Julian, Guardias
En su casa están las dos… – Casta, Susana, Tía Antonia, Don Hilarión
Ya están aquí… – Seña Rita, Julián, don Hilarión, Casta, Susana
¿Dónde vas con mantón de Manila? – Julián, Susana, Don Hilarión, Tía Antonia
¡A ver, caballeros, modérense ustés! – Guardias, Tabernero, Sereno, Casta, Susana, Julián, Tía Antonia
Ricardo de la Vega escribió el libreto a partir de un hecho real que le contó el propio protagonista; el asunto le pareció interesante y lo adornó de un ambiente que le fuera propicio y unos personajes que no desentonaran.
En esa época, colaboraba en una revista y como tenía muy mala letra, muchas veces tenían que enviar al cajista para que le ayudara a descifrar lo que había escrito, así que el joven empleado y el escritor ya se conocían y se llevaban bien. En una ocasión, un 14 de agosto, notó preocupado y enfadado al cajista y le preguntó qué le pasaba. Este le contó lo que le pasaba: «He reñido con mi novia; la he visto junto con su hermana paseando en coche de caballos y dejándose halagar por un viejo verde. Mañana si nos encontramos en la verbena de la Paloma prometo armar un escándalo». y la confidencia dio origen al libreto de la zarzuela.

Cuenta la tradición que Isabel Tintero fue quien recuperó y preparó para su veneración el lienzo de La Paloma, una de las vírgenes más importantes de Madrid —en realidad, podríamos considerarla la más importante a nivel popular—.
La primera noticia que tenemos sobre esta historia es en una crónica realizada por el entonces alcalde de la villa, el marqués de Casa García Postigo, quien lo relata de la siguiente forma:
… resulta que la expresada Isabel Tintero, mujer de Diego Charco, de ejercicio cochero, viendo a principios del año 1787 que unos muchachos llevaran arrastrando como por juguete un lienzo de Ntra. Sra. de la Soledad, lo arrebató de las manos de aquellos, lo hizo retocar y lo colocó en marzo del propio año en el portal de su misma casa, y esmerándose en su culto, le ha promovido con tanto fervor que ha conseguido extender su particular devoción; de modo que se hallan alumbrándola varios faroles y lámpara a expensas de personas de primera clase, además de las muchas velas que la devoción de los fieles la presentan, reconocidos a los singulares beneficios que dicen haber conseguido ellos por intercesión de esta su Poderosa Madre, y en señal de este reconocimiento se ven las paredes de la actual Capillita llenas de presentallas. (…) A impulsos de esta devoción se reza el Rosario todas las noches ante esta santa Imagen, cubriendo el Concurso gran parte de la calle…
Según la historia difundida ya a los pocos años del hallazgo de la imagen, unos muchachos que estaban jugando en un corral perteneciente al convento de San Juan de la Penitencia, de Alcalá de Henares (cuyas monjas eran conocidas como las juanas), en la esquina de la desaparecida calle de la Solana con la de la Paloma, encontraron un cuadro sucio y roto de la Virgen de la Soledad. El encargado del corral se lo regaló para que jugasen con él y uno de ellos, Juan Antonio Salcedo, se lo llevó a su tía, Andrea Isabel Tintero, que tenía fama de mujer piadosa. Isabel quedó tan contenta que les dio unas monedas por el lienzo, lo limpió y lo colocó en el portal de su vivienda, siguiendo la arraigada costumbre madrileña de las vírgenes esquineras.
Muy pronto la imagen empezó a coger fama por sus milagros. Uno de los más importantes fue la sanación milagrosa de una fractura en la pierna del conde de las Torres. En agradecimiento, el noble realizó un importante donativo que fue usado por Isabel para alquilar una habitación en la que colocar de una forma más digna la imagen.
Esta fama llegó hasta Palacio: la reina María Luisa, esposa de Carlos IV, encomendó a la Virgen a su hijo, el príncipe Fernando (futuro Fernando VII), que estaba enfermo de escorbuto. El príncipe sanó al poco tiempo y la reina, en agradecimiento, mandó colocar unos faroles que mantuviesen constantemente iluminada la imagen. A partir de ese momento, empezó a extenderse la idea, mantenida hasta hoy, de que la Virgen de la Paloma es la protectora a las mujeres embarazadas y los niños recién nacidos. Además, este milagro hizo que empezase a llegar mucho dinero para la imagen.
Isabel pidió permiso al Consejo Supremo de Castilla para levantar una capilla y recaudó entre los fieles medio millón de reales de vellón. Francisco Sánchez, discípulo de Ventura Rodríguez, levantó el pequeño templo en 1795, en el mismo sitio en el que fue rescatado el cuadro. Isabel fue la administradora de la capilla hasta su muerte y recibió 8 reales diarios para su manutención y una habitación junto a la capilla de la Virgen.
La primera procesión de la imagen de la Paloma data de 1923. Ese año, los feligreses de la parroquia pidieron ayuda a unos bomberos, que se encontraban de maniobras en la cercana Gran Vía de San Francisco, para descolgar el cuadro.

Una leyenda poco conocida cuenta que la Virgen ya se había convertido desde hacía tiempo en la patrona del cuerpo de bomberos de Madrid, tras ayudarles a sofocar uno de los múltiples incendios que sufrió la Plaza Mayor a lo largo de su historia. Los vecinos, al ver que los bomberos no podían controlar las llamas, empezaron a llevar todas las imágenes de vírgenes de la villa, cesando el fuego precisamente en el momento en el que entraba en la plaza el cuadro de la Virgen de la calle de la Paloma.

En realidad, las primeras noticias que se tienen de la participación de los bomberos del parque número 3 (situado muy cerca de la iglesia en la que se encuentra la imagen de la Paloma y construido prácticamente al mismo tiempo que el templo) son de 1939, año en que empiezan a desfilar junto a la Virgen en su procesión del 15 de agosto. Para el año 1970, tanto la procesión como las fiestas en honor a la Paloma estaban en claro retroceso de asistencia y a punto de desaparecer, no teniéndose ya noticias de la participación del cuerpo de bomberos en las mismas. Es a partir de 1980 cuando vuelve a recuperarse el ambiente que tradicionalmente tuvo esta celebración.
Ha llegado a existir cierta controversia sobre el origen de la imagen que los madrileños veneramos bajo el nombre de la Paloma.
Antonio Velasco Zazo, cronista de la villa, presentó la teoría de que en realidad no se trata de una imagen de la Virgen en su libro Culto de ayer y de hoy. Mantuvo su tesis, sin fundamentarla, en una obra posterior Recintos sagrados de Madrid (1951) :
«La Paloma es el vivo retrato de cierta monjita profesa en un convento de Burgos, a mediados del siglo XVI; retrato hecho por su padre, antes de encerrarse aquella en la clausura y con el ropaje que había de vestir: blanca túnica y manto negro, al estilo flamenco, las manos cruzadas sobre el pecho y pendiente de ellas un largo rosario. Santa murió la monjita, beatificada mas tarde, autorizándose la colocación del cuadro en el convento, y de cuya pintura se hicieron luego numerosas copias con objeto de extender el culto a la Virgen de la Soledad…»
La idea fue recogida por Fernando de Terán en el fascículo correspondiente de la Enciclopedia de Madrid de Espasa Calpe.

La pintura puede datarse a finales del s. XVII y fue compuesta por un pintor de no excesiva calidad. Representa a la Virgen con la iconografía de la Soledad, según el modelo del s. XVII, vestida de viuda con un rosario en las manos, según la moda española del siglo anterior((Y de aquí podría venir el famoso equívoco con la «monjita burgalesa»: durante los siglos XVI y XVII, las religiosas castellanas vestían con la indumentaria que llevaban las mujeres que enviudaban)).
Actualmente sabemos que la imagen es una copia fiel de la escultura que realizó Gaspar Becerra para el convento de los Mínimos de la Victoria de San Francisco de Paula, que se encontraba cerca de la Puerta del Sol, y que representaba a María arrodillada a los pies de una cruz. Esta talla se hizo tan popular que se hicieron muchas copias pictóricas, repartiéndose por todo Madrid.
La primera capilla para la Paloma comenzó a construirse el 6 de agosto de 1792 y las obras terminaron el 21 de abril de 1795. Costó 386.074 reales y 20 maravedíes y su arquitecto fue Francisco Sánchez, discípulo de Ventura Rodríguez. El cuadro se trasladó solemnemente en 1796.
Este primer templo era pequeño, con una sola a nave con pilastras y casquete en el presbiterio. La fachada era sencilla, con un frontispicio rematado en frontón. En su interior albergaba un retablo de mármol en el que estaba colocado el cuadro. Fue asaltado por los franceses durante la Guerra de la Independencia, perdiéndose todas las joyas y riquezas que se habían donado a la Virgen hasta ese momento.
En 1886 la iglesia de San Pedro el Real (actual San Pedro el Viejo) se encontraba en muy mal estado y en 1891 se decide que la parroquia se trasladase a la capilla de la Virgen de la Soledad de la Paloma que, hasta ese momento, dependía de la parroquia de San Andrés, quedando San Pedro como filial de la recién creada Nuestra Señora del Buen Consejo, en la Colegiata de San Isidro.
A partir de ese momento, pasan a depender de la Paloma la desparecida iglesia de San Patricio de los Irlandeses, la Capilla de San Isidro ((Lugar donde la tradición dice que nació Isidro Quintana, en la calle del Águila)), el colegio de San lldefonso de los Niños de la Doctrina, la Capilla del Cementerio Sacramental de San Isidro, la iglesia y Hospital de la V.O.T.((Venerable Orden Terciaria))de San Francisco, en la calle de San Bernabé, y la Sacramental de Santa María y Hospital General.
La nueva situación hizo que la capilla de la Paloma se quedase pequeña y se pensó en realizar un nuevo templo, más grande. Su construcción comenzó en 1903, con planos de Lorenzo Álvarez Capra y bajo la dirección de Dimas Rodriguez lzquierdo. Las obras se dan por terminadas en 1912, bendiciéndose el templo ese mismo año. Posteriormente, un gran número de importantes familias nobles de Madrid donaron los diferentes altares que ornaron el templo hasta 1936, año en que la iglesia fue incendiada. Sólo se salvó el cuadro de la Virgen.
El templo actual es de estilo historicista, típico del s. XIX. La fachada neomudéjar, ejecutada en ladrillo con algunas sillerías, tiene atrio y dos torres gemelas. En el interior se utilizó un estilo neogótico que ha quedado bastante desdibujado con las últimas reformas efectuadas en el templo para adaptarlo a la liturgia específica del Camino Neocatecumenal. En el conjunto decorativo sobresalen las vidrieras que decoran el cuerpo superior de la nave, que tienen como motivo central una serie de escudos: el Real y los de las familias nobles que ayudaron a la construcción del templo; y el cuadro pintado por Eugenio Oliva con la escena en la que Isabel Tintero entrega unas monedas a los chicos que acaban de encontrar el cuadro de la Virgen, inspirado en el conjunto escultórico que acompaña al lienzo en su carroza cada 15 de agosto.











Aunque es muy fácil ser madrileño((Ya que como todos sabemos, madrileño es el que vive en Madrid, aunque no haya nacido en la ciudad.)), no lo es tanto conseguir el apelativo de gato: sólo se puede ostentar en caso de que los padres y los abuelos del interesado sean naturales de Madrid. Algo extremadamente complicado si se tiene en cuenta la diversidad de orígenes de los habitantes de la villa, ya desde su fundación en el s. IX.
Tampoco es nada fácil rastrear el origen de este mote y existen varias teorías que intentan explicarlo.
Durante el gran asedio((Asedio que jamás existió, Madrid capituló en las negociaciones tras la conquista de Toledo por Alfonso VI.)) que acabó con la conquista del Mayrit islámico por parte de las tropas de Alfonso VI, un joven soldado se destacó entre las tropas cristianas y escaló la poderosa muralla, logrando abrir la puerta de la Vega y que los cristianos consiguiesen entrar en la ciudadela. Al soldado comenzaron a apodarle «gato» por su hazaña, y el mismo rey le concedió el privilegio de usar ese sobrenombre como apellido, convirtiéndose sus descendientes en una de las familias ilustres de Madrid, los Álvarez Gato. Con el paso del tiempo, el apelativo acabó usándose para denominar a cualquier madrileño de pura cepa.

O…
En las épocas en las que Madrid todavía conservaba su muralla, las puertas del recinto se cerraban al caer la noche como medida de seguridad, dejando fuera a toda aquella persona que no hubiese llegado a tiempo. Por ello los madrileños, ya desde la Edad Media, tuvieron que desarrollar la habilidad de escalar y saltar con agilidad para poder entrar a sus casas una vez cerrados todos los accesos a la villa.

O…
Durante los siglos en los que reinaron los Austria, los tejados de las casas de Madrid se llenaron de gatos que encontraron un buen cobijo en la multitud de buhardillas y cámaras que proliferaron en esta época. Estos animales se hicieron muy famosos por mantener a raya las plagas de ratas en la ciudad, dando nombre a sus vecinos humanos.

Pero…
¿Y si todo esto no fuese más que una invención moderna?
Oficialmente, la primera vez que se recoge el apelativo gato usado tal cual y como lo hacemos hoy en día es en el s. XIX. En 1863, en la obra póstuma de Antonio de Capmany y Montpalau «Origen histórico y etimológico de las calles de Madrid», se recogen sendas historias ficticias inventadas por López de Hoyos y Jerónimo de la Quintana, a las que el autor añade un poco de su propia cosecha. Y el asunto fue formalizado en 1899, cuando este significado de gato fue añadido por primera vez en el diccionario de la Real Academia Española.
En 1569, López de Hoyos se inventa el famoso discurso que Ruy González de Clavijo((Ruy González de Clavijo fue embajador de Enrique III. Tras su viaje a Samarkanda, escribió la crónica Mi embajada a Tamorlán, cuyo manuscrito circuló en círculos muy reducidos hasta 1582. En esta obra, Clavijo nunca nombra a los Gato, Escarabajo y Muerto, y ni siquiera nombra a la ciudad de Madrid.)) le habría dirigido al gran Tamerlán durante su embajada en Samarkanda:
«vna ciudad que se llama Madrid la Vrsaria, que es muy más fuerte porque está cercada de fuego y armada sobre agua, y entran en ella por Puerta Cerrada, y (…) en esta ciudad ay vn tribunal donde los alcaldes son los Gatos, y los procuradores son los Escaruajos, y los Muertos andan por las calles»
«Relacion de la enfermedad de doña Isabel de Valois», Juan López de Hoyos (1559)
Por otro lado, Jerónimo de la Quintana publica en 1629 su Historia de Madrid y es aquí donde añade más aderezos a esta historia:
“tuuo principio en vno de los primeros Conquistadores de Madrid, tan animoso y valiente, que estando cercado este lugar, arresgó su persona de suerte, que sin temer la resistencia y defensa que hazían los moros desde encima de las murallas, subió con tanta ligereza por vna dellas, hincando la daga por las junturas de las piedras, que los del Real marauillados de su agilidad empeçaron a dezir: que parecía gato, trocando de allí adelante su antiguo apellido por el de Gato, cuya nobleza fue tan estimada en aquellos tiempos, que no se tenía por castiza la que no tenía sangre de aquel linage“
«Historia de Madrid», Jerónimo de la Quintana (1629)
Y a partir de aquí, todo lo demás es historia (de Madrid)…

Entre los pocos supervivientes que huyeron despavoridos al finalizar la guerra de Troya se encontraba el príncipe Bianor, el cual, tratando de evitar la masacre, se dirigió al puerto buscando alguna nave con la que abandonar el país.

Al no encontrarlas, se abrió camino hacia Grecia y después a Albania, donde fundó un reino. A su muerte, su hijo Tiberis, le sucedió en el trono. Tiberis tenía dos hijos, Tiberis y Bianor. El primero, legítimo de su matrimonio y el segundo engendrado con una bella aldeana llamada Mantua, que tenía fama de adivina.

Tratando de evitar los problemas de sucesión en el reino, Tiberis dotó de una fabulosa riqueza a Mantua y a su hijo Bianor, expulsándolos del reino rumbo a Italia.
Cuando Bianor alcanzó la madurez, se vio influenciado por un sueño, donde el dios Apolo le aconsejaba rehusar al reino que le ofrecía su madre, tomando la decisión de partir con sus huestes en dirección a la tierra donde muere el sol.

Antes de la partida, aconsejado por su madre, se puso el prenombre de Ocno, cuyo significado era «el don de ver el porvenir en los sueños», don heredado la propia Mantua, que siempre había tenido fama de adivina.
El viaje, que duró aproximadamente diez años, quedó interrumpido una noche, en la que de nuevo se le volvió a manifestar el dios Apolo, indicándole que, en ese mismo lugar debería fundar una nueva ciudad a la que tendría que ofrendar su vida.
Cuando Ocno despertó, pudo ver con sorpresa un terreno hermoso, apacible, rico en vegetación de encinas y madroños, con abundante agua. Cerca de este lugar, pastoreaban con sus rebaños unas gentes de carácter bondadoso y amable, llamados Carpetanos o «los sin ciudad», que estaban esperando una señal de los dioses que les indicase donde asentar su patria.

Ocno les contó su sueño y allí mismo empezaron a construir una muralla, casas, un palacio y un templo. Cuando la ciudad estuvo acabada y se dispusieron a consagrarla a los dioses, surgió nuevamente el conflicto, ya que, mientras que unos eran partidarios del dios Apolo, otros no lo eran.
Ocno volvió a convocar a Apolo en uno de sus sueños, suplicándole que diera una respuesta al enfrentamiento.
Apolo volvió a aparecer y le indicó dos cosas importantes: la primera, que la ciudad debería consagrarse a la diosa Metragirta, llamada también Cibeles, diosa de la tierra, hija de Saturno, y la segunda, que había llegado el momento de ofrecer su propia vida para que cesara la discordia y se salvase la ciudad.

Al despertar, Ocno transmitió el sueño a sus gentes y mandó cavar un pozo profundo. Cuando estuvo terminado, se introdujo en el mismo y taparon la boca con una enorme losa tallada.
Todo el pueblo se sentó alrededor mientras oraban y entonaban cantos fúnebres, hasta que, la última noche de aquella luna, se desató una terrible tormenta y de las cumbres de Guadarrama, descendió en una nube la diosa Cibeles, que arrancó a Ocno de su tumba y lo hizo desaparecer.

Desde entonces, la ciudad se llamó con el nombre de la diosa Metragirta. Después, pasó a ser Magerit y de aquí a Madrid, «la ciudad de los hombres sin patria».

Aproximadamente desde mediados del s.XVIII, en Madrid se van formando grupos de vecinos de barrios populares con ciertas características propias y diferenciales: son los tipos populares, habitantes de zonas del extrarradio de la ciudad que se hicieron famosos por su representación en estampas como las de Goya o en las zarzuelas de género chico, o por los artículos que dedicaron a su análisis escritores y cronistas como Mesonero Romanos, Ramón de la Cruz o Sainz de Robles.
Vecinos del barrio de Lavapiés, Ramón de la Cruz quiso ver un origen judeoconverso en estos vecinos, localizando la judería de Madrid en esa zona y haciendo derivar su nombre popular de la tradición de los sefardíes convertidos al cristianismo de llamar Manuel o Manuela a sus primogénitos tras su conversión((Actualmente se sabe que en Lavapiés no estuvo la judería de Madrid.)), teoría hoy abandonada. Eso sí, parece que ese nombre era muy común en ese barrio.
Visten con redecilla en la cabeza, faja, chaleco, calzones de pana y zapatillas. Ellas con mantilla y falda que deja asomar las medias blancas.
Protagonistas principales de las verbenas madrileñas del s. XVIII y principios del XIX, tenían fama de pendencieros y arrogantes. Estaban enfrentados con los chisperos.
Otra forma de denominarles era barriobajeros, por vivir en los barrios bajos de Madrid, los más cercanos al Manzanares a su paso por la zona sur de la ciudad.
Surgidos a principios del s. XVIII, habitaban el barrio de Maravillas (mal llamado actualmente «de Malasaña»…).
Muy parecidos en indumentaria a los manolos, no se llevaban nada bien con estos, y eran más arrogantes, si cabe, que estos.
Famosos por formar el grueso de los vecinos que se enfrentaron a los franceses el 2 de mayo de 1808 y por ser inspiración para lo que se llamó majismo((Majismo: afición casticista de la aristocracia madrileña de finales del s. XVIII y principios del XIX por el vestuario y las costumbres propias de manolos y majos de ambos sexos: su música, bailes y formas de divertirse. Fue una forma de oposición al afrancesamiento que estaban sufriendo las clases burguesas y altas de la época. Son majistas (nobles vestidos de majos) y no gente de clase popular los que aparecen representado en la mayoría de los famosos cartones para tapices de Goya.)).
Originalmente afincados en el barrio del Barquillo, con las reformas urbanísticas de la zona en el s. XIX acaban por trasladarse al de Chamberí.
El nombre les viene de las chispas que saltaban de sus talleres: se dedicaban a
la herrería.
Altaneros en la verbena, acompañantes de políticos, aficionados a los toros, asiduos a las mancebías, ultranacionalistas (rayando la xenofobia). Valientes y lanzados en los lances del amorío y más violentos que los manolos y majos.
Un chispero que se destacó por su defensa a ultranza de Fernando VII y por su participación en el levantamiento del 2 de mayo fue Blas Molina Infante.
Al parecer, su nombre tendría su origen en la palabra hebrea chaul, muchacho, y se usa para denominar a los tipos madrileños castizos de finales del s. XIX y primeras décadas del s. XX, sin distinción de barrio en el que viviesen u oficio al que se dedicasen.
En el s.XIX vestía de manera muy parecida a majos, manolos y chisperos, pero
con sombrero tipo cordobés en vez de redecilla. Ya en el s.XX su indumentaria es la típica: chaqueta y gorra de cuadros, pañuelo al cuello, pantalón algo ajustado y botines((O mejor dicho: chupa, parpusa, safo, alaves y calcos)); ellas, vestido ajustado, pañuelo a la cabeza y mantón.
De petit maitre: maestrillo, imitaban la indumentaria, lenguaje y modos de la aristocracia francesa, hasta el punto de dar impresión de verdadero patetismo.
Normalmente de las nuevas capas sociales medias que empezaron a surgir en Madrid en el s. XIX, eran unos vividores: se buscaban la vida en las timbas de juego y engatusando a las damas de la alta sociedad.
Los majos, manolos y chisperos sólo les despreciaban por su total falta de originalidad y carencia de autenticidad.
También pertenecientes a las clases medias decimonónicas, y también obsesionados con la moda y el bien vestir y vivir, se diferencian de los petimetres en que no siguen la moda francesa (y también están enfrentados con ellos): ropas de buena calidad, solapas y corbatas de tamaño exagerado, patillas abundantes y pelo largo, a veces sujeto con redecilla, eran la marca que les hacía reconocibles a simple vista.
Currutaco fue don Luis Álvares de Cobos, el alter ego más famoso de los usados por Luis Candelas.
Herederos directos del petimetre decimonónico, eran señoritos, vestidos con traje, chistera, monóculo y bastón. Aparentan ser de clase alta (a veces, incluso lo son) y no quieren ver el trabajo manual ni de lejos.

A lo largo de la historia, se ha intentado explicar de diversas maneras el origen del nombre de la Virgen de la Almudena. Entre ellas, las más destacadas, por diferentes motivos son las siguientes:

Probablemente, la imagen original sería muy similar a la de Nuestra Señora de
Atocha. Algunos autores defienden la teoría de que la Virgen de la Flor de Lis se
trataría de una copia de la Almudena original. Además, en el Arca de San Isidro, del s.XIII, la Virgen de la Almudena aparece representada, pero el deterioro sólo permite conjeturar, si acaso, que la imagen se encuentra erguida, no sentada.
La imagen actual es una talla de finales del s.XV o principios del s.XVI de estilo renacentista, atribuida al círculo de Sebastián de Almonacid((Sebastián de Almonacid (Torrijos o Almonacid de Toledo, 1460 – 1526) fue un escultor español. Una de sus obras más importantes es el retablo de la capilla mayor de la Catedral de Toledo y se le atribuye la autoría del sepulcro del Doncel de Sigüenza.)) o a Diego Copín de Holanda((Diego Copín de Holanda: maestro escultor, nacido probablemente en Holanda, trabajó en el último cuarto del s. XV y principios del s. XVI, en varias catedrales de España. Trabajó, por ejemplo, en la sillería del coro de la Catedral de León.)), ambos se encontraban trabajando en Toledo a finales del s. XV.
Imagen de muy buena factura, de unos 158 cm de altura. Está realizada en madera de pino oscurecida por el paso del tiempo, dorada y policromada, y representa a María como reina, con manto, sosteniendo a Jesús Niño con ambas manos.
Colocada en un trono de plata regalado en 1640 por la villa de Madrid, actualmente se encuentra en el brazo de la epístola del crucero de la Catedral de la Almudena, sobre el sepulcro de la reina María de las Mercedes.
Los primeros testimonios de la devoción de los madrileños por la Virgen de la Almudena datan de 1265, cuando Alfonso X otorgó exenciones a varias iglesias de Madrid, entre ellas la de Santa María de la Almudena.
Durante la Edad Media, la Almudena era venerada tres días al año: 15 de agosto (Asunción de la Virgen), 8 de septiembre (Natividad de Ntra. Sra.) y 9 de noviembre (día en que, según la tradición, fue encontrada en la muralla).
Tras la epidemia de peste de 1438, Madrid hace voto solemne de defender la Inmaculada Concepción de María((Recordemos que esta creencia en el nacimiento sin pecado de María no fue dogma católico hasta 1854.)). Este voto fue renovado en 1621.
En 1623 el Papa Urbano VII concede a los visitantes de Santa María de la Almudena las mismas indulgencias que a quienes visitaban los siete altares de San Pedro del Vaticano. Este mismo año, el Ayuntamiento de Madrid hace el Voto de la Villa, comprometiéndose a rendir culto a la Almudena y sostenerla económicamente.
Tras una oleada de milagros unos años antes (ver más arriba), el 8 de septiembre de 1646 los regidores de Madrid acuerdan declarar a Nuestra Señora Santa María de la Almudena patrona de la villa de Madrid y acudir «a la festividad de Nuestra Señora de la Almudena, día de Nuestra Señora de septiembre, como es dicho día, perpetuamente para
siempre jamás».
Su culto decae durante los reinados de los Borbón, que eran mucho más devotos de la Virgen de Atocha.
En 1945 recibe la Medalla de Oro de la Villa, en 1948 es coronada canónicamente y en 1976 es declara Patrona Principal de la Diócesis de Madrid.
Finalmente, el 1 de julio de 1947 Pablo VI establece la fecha de su festividad el 9 de noviembre, declarándola «única patrona de Madrid»((En realidad, Madrid tiene cuatro patrones: San Isidro (1622), la Virgen de la Almudena (1646), la Virgen de Atocha (1646) y la beata María Ana de Jesús (1783).)).

Madrid comparte esta comarca tradicional con Ávila, Segovia y Guadalajara, y se divide, más o menos, entres zonas:
Somosierra (Sierra Pobre, Sierra Norte), montes bajos de pizarra. Las casas se completan con tapial((Tapial: antigua técnica consistente en construir muros con tierra arcillosa, compactada a golpes con un pisón, empleando un encofrado deslizante para contenerla.)) y adobe((Adobe: pieza para construcción hecha con una masa de barro (arcilla y arena) mezclada a veces con paja, moldeada en forma de ladrillo y secada al sol)).
Guadarrama (Sierra Central), predominio del granito.
Gredos (Sierra Sur), extensos pinares y predominio de la piedra berroqueña((Piedra berroqueña: nombre dado tradicionalmente por los canteros españoles al granito. Proviene de El Berrueco, localidad madrileña famosa por sus canteras de esta piedra.))
Mezcla de las campiñas del Henares, Jarama y afluentes, formada por tierras llanas o semi onduladas ricas en canto de río pero no en piedra. Las construcciones serán fundamentalmente en ladrillo con tapial gracias a la abundancia de arcillas, explotadas aún hoy para tejas y ladrillos.
En torno al Tajuña y el Tajo, grandes zonas estériles de yesos con cultivos en las vegas. La madera es escasa y las casas tradicionales se construían en tapial de yeso y se encalaban.
Compartida con Toledo, tierra llana con explotaciones cerealistas y pequeños huertos. Son típicos los paisajes de norias, surgidos de la extracción del agua de pozos. Las casas suelen ser de tapial y ladrillo.
Se alternan encinares (El Pardo, Viñuelas, Boadilla del Monte) y llanura con cerros y lomas bajas. Zona de cruce entre las demás comarcas, las edificaciones populares solían ser de tapial encintado de tipo toledano y encalado.
Lomas de Madrid es el nombre dado en el s.XVI a los territorios comprendidos entre el curso bajo del Manzanares y el río Guadarrama, correspondiente a la villa de Madrid y los municipios de su alfoz((Alfoz: conjunto de diferentes pueblos que dependen de otro principal y están sujetos a una misma ordenación.)): Vicálvaro, Vallecas, Coslada, Fuencarral, San Sebastián de los Relles, Alcobendas, El pardo, Las Rozas, Majadahonda, Pozuelo de Alarcón, Boadilla del Monte, Villaviciosa de Odón, Alcorcón y Móstoles.
No existen montes de piedra por lo que los materiales usados en las construcciones tradicionales son otros:
No quedan construcciones tradicionales. Por documentos antiguos, sabemos de las distintas influencias en la arquitectura de esta comarca: en el sur se construye como en la Sagra, en el este se sigue el estilo de Talamanca, en el norte la influencia viene de la Sierra y en el oeste se siguen los modelos de la Sagra y la Sierra.
Características
Centros de reunión, festejos, comercio… El típico modelo de plaza grande, popular o monumental, surge a partir del s.XV, derivado de las plazas andalusíes: espacios abiertos en el cruce de dos o más calles o de los azoques((Azoque: mercado adosado a la puerta de una muralla)).
En el sur de Madrid este tipo de plazas son tardías, propias de los ss.XVIII – XIX y son más del tipo culto, es decir, creadas ex profeso.
Tanto en las plazas populares o plazuelas como las cultas, podemos encontrar unas características generales:
Ejemplos de plazas mayores monumentales: Madrid, Pinto, Valdemoro, Colmenar de Oreja, Chinchón, Barajas, Alcalá de Henares.
Plazas populares: Perales de Tajuña, Valdilecha, Campo Real.
La piedra es escasa en esta comarca, podemos encontrar cantos de río en alguna mampostería. Los materiales fundamentales para a construcción son cal, yeso, tapial y ladrillo.
Las casas de la Sagra suelen tener una serie de características más o menos comunes:
Son típicas de esta comarca las norias para captar las aguas de los pozos. Generaron los conocidos como paisajes de noria: grupos de árboles en torno a un depósito de agua.
Desde el valle del Tajuña al del Tajo y desde Fuentidueña de Tajo a Aranjuez, antiguos territorios de la Orden Militar de Santiago. Páramos calizos con algunos huertos en los ríos, sólo se conservan restos del antiguo Pinar de la Encomienda y algún bosquecillo de
encinas.
Los materiales típicos de la zona son yeso, cal, ladrillo y piedra de Colmenar((Piedra de Colmenar: piedra caliza de las canteras de Colmenar de Oreja.)), esta última sólo en dinteles y algunas esquinas de las casas nobles.
Las casas tradicionales son encaladas anualmente. Los pueblos de esta comarca trepan por las laderas para dejar libre la vega. Sus características principales son:
Un fenómeno típico de esta comarca son las casas–cueva:. Construidas en terreno calizo, fácil de excavar. En esta zona se conservan vestigios de habitación de cuevas en la comarca desde la Prehistoria (en Perales de Tajuña se encontraron hornos y esterillas en cuevas excavadas en el s.XIX).

Este tipo de construcciones se conservan en Fuentidueña de Tajo y actualmente están abandonadas o muy reformadas para uso como segunda residencia. Estaban encaladas al exterior, con una puerta y dos ventanas en la fachada y al menos dos habitaciones sin luz, conectadas con la de entrada.
Las bodegas típicas de la zona están excavadas en la roca o suelo calizo. En ellas se guardan las grandes tinajas (tradicionalmente de Colmenar de Oreja) semiempotradas. Mantienen la humedad y temperatura constantes, ayudando a la buena conservación del vino, producto tradicional de la comarca.
Las tapias tradicionales son levantadas con tapial de yeso con brencas. Se dejaron de construir a partir de la década de 1960 y en la región de Madrid no quedan casi ejemplos.
Antiguos territorios del Arzobispado de Toledo, Tierras de Talamanca y Tierra de Alcalá, sus construcciones están muy influidas por la arquitectura toledana.
Los materiales usados en esta comarca son muy sencillos. Los muros se levantan con mampostería encintada y tapiales de tierra. La madera se usa en puertas, ventanas y entramados (como en la calle Mayor de Alcalá). Los aleros, también de madera, sobresalen, a veces con canecillos((Canecillo: cabeza de la viga que asoma al exterior y soporta la cornisa o alero.)), como en las casas moriscas que se dan tanto en morerías como en juderías como en barrios cristianos (ejemplo, la Alhóndiga de Torrelaguna).
Las más habituales son de dos pisos, con muros de mampostería encintada en los que se abren ventanas rectangulares enrejadas, y patios centrales (a veces columnados, a imitación de los palacios).
Las de un solo piso son menos habituales, y tienen muros enfoscados((Enfoscado: revestimiento con una capa de mortero.)), un patio anejo con portón y tejado a dos aguas, con chimeneas pequeñas.
La actividad principal de la zona es la ganadería, por lo que nos vamos a encontrar con corrales y cuadras, adosados o independientes de las casas.
El material fundamental usado en esta comarca es la piedra, en la mayoría de los casos, sin tallar, sobre todo cuarcitas (de muchos colores) o granitos (gris). Muy pocas veces, calizas. Como relleno en los muros se usan pequeñas piedras y cal, la trabazón interior de madera y adobes, recubiertos luego por yeso.
También se usa la madera en las vigas que sustentan los aleros de los tejados y para
las jambas y los dinteles de puertas y ventanas.
Cubiertas de teja árabe, generalmente a dos aguas, ladrillo encalado en las chimeneas y tapial en los hornos tradicionales.
Bajas, profundas y muchas con corral adosado, casi nunca tienen más de una planta y muy raras veces presentan sobrado.
Estructura de piedra y madera usada para colocar las herraduras a los animales.Seis columnas de granito, puestas de dos en dos, en la parte delantera las de menor tamaño. Se unen longitudinalmente, tres y tres, mediante varas de madera. Entre las dos columnas anteriores y las del medio, una vara con forma de yugo para sujetar al animal que se va a herrar.