El agua en Madrid (III) – Los aguadores

Aguadores de barrica (1850)
Aguadores de barrica en una fuente de Madrid (c. 1850)

 

Desde el s. X, las fuentes públicas de Madrid eran abastecidas con el constante caudal de los viajes de agua. Sólo aristócratas y órdenes religiosas disponían de caños privados en sus terrenos, el resto de la población iba con tinajas a recoger el agua de las fuentes.

El reparto de las aguas madrileñas era desigual: en 1727, el caudal de los cuatro viajes principales de Madrid se repartía a razón de un 55% para los 471 caños particulares y un 45 % para las 43 fuentes públicas.

A las fuentes públicas se dirigían no sólo los particulares, sino también los aguadores, transportadores de agua a pago.

La confluencia de gente a las fuentes públicas causaba muchos problemas, así que se tuvo que regular el acceso a los caños: se dividieron en caños para aguadores y para el público, llegando a existir fuentes para uso exclusivo para los primeros, siendo prohibido su acceso a los otros. También los hubo de uso mixto.

La necesidad de este reparto surgió  porque los aguadores se adueñaban de los caños, sin dejar recoger agua a los vecinos se acercaban, generando disputas que a veces acababan en altercados.

Estos aguadores, muchos con fama de jaraneros, se instalaban en las principales fuentes de Madrid y allí, esperaban que les llegase un encargo o pedido. La mayoría del tiempo la invertían en torno a estos caños.

La profesión comienza a regularse durante el reinado de Felipe II. Se establece que los cántaros de transporte de agua no deben sobrepasar los cinco azumbres de volumen (10,25 litros). Los alfareros de Alcorcón elaboraban los cántaros de esta medida, incluyendo un sello especial para evitar las posibles falsificaciones de recipientes.

Más adelante, en el s. XIX, comenzaron a llevar uniforme y atener cada uno un número de licencia que le permitía comerciar con el agua de una fuente en concreto. El uniforme constaba de una chaqueta oscura de paño, con el escudo del Ayuntamiento y el número de la licencia bordados en la solapa, y una doble fila de botones dorados; chaleco rojo y pantalón pardo sujeto con una faja roja. Era obligatoria la gorra, de fieltro con visera, con una chapa de metal con el nombre de la fuente asignada (en verano, el uniforme era más sencillo y ligero). Las concesiones de las fuentes a cada uno de los aguadores del gremio eran subastadas una vez al año el Ayuntamiento.

Aguadores en la fuente de Cibele (Grabado ca 1800)
Aguadores en la fuente de Cibeles (grabado ca 1800)

Los incendios de la Plaza Mayor hicieron pensar al Ayuntamiento que se les obligara a acudir en caso de incendio, llegándose a confiscar sus cántaros en caso de emergencia.

Existían diferentes tipos de aguadores:

Los chirriones, de cuba o de cuatro arrobas (aprox. 46 kg) desplazaban su mercancía en carro, con la ayuda de burros, cargando cuatro o cinco cántaros.

Aguadores con carro (s XX)
Chirrión: aguador con carro (pp. s. XX)

Los aguadores de barril o de cántaro, portaban el cántaro al hombro y servían a domicilio.

Aguador de cántaro - White (grabado hacia 1800)
Aguador de cántaro (White, grabado ca. 1800)

Por último, los vendedores de agua fresca, que llevaban un cántaro y un vaso por la ciudad, voceando su mercancía. Estos últimos eran muy populares en las procesiones religiosas o actos públicos diversos, e introdujeron la costumbre de servir el agua acompañada de unas gotas de anís, limón, azucarillos… Existiendo un tipo distinto de aguador, dependiendo del aderezo añadiesen al agua.

Vendedoras de agua fresca (1955)
Vendedoras de agua fresca (1955)

Para las primeras décadas del s. XIX (datos de un estudio de 1822), el agua más demandada en Madrid era la de la plaza de Puerta Cerrada, de la que recogía agua 142 aguadores. Le seguían en importancia las de la Puerta del Sol (88), la plaza de la Villa (55), la Puerta de Moros (53) y Cibeles (33). En esta época, la cifra de aguadores de Madrid se multiplicó por dos, llegando hasta casi 2.000.

El ocaso de los aguadores en Madrid comenzó  tras la construcción del Canal de Isabel II: las casas de los barrios nuevos (como el de Salamanca) se construyen ya con agua corriente. Los aguadores se fueron extinguiendo según se iban extendiendo las instalaciones de agua potable en las casa, desapareciendo a principios del s. XX.