Gatos

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Gato rojo de Eladio de Mora, calle de Alcalá (Fotografía de Carlos Viñas-Valle)

Aunque es muy fácil ser madrileño1, no lo es tanto conseguir el apelativo de gato: sólo se puede ostentar en caso de que los padres y los abuelos del interesado sean naturales de Madrid. Algo extremadamente complicado si se tiene en cuenta la diversidad de orígenes de los habitantes de la villa, ya desde su fundación en el s. IX.

Tampoco es nada fácil rastrear el origen de este mote y existen varias teorías que intentan explicarlo.

Durante el gran asedio2 que acabó con la conquista del Mayrit islámico por parte de las tropas de Alfonso VI, un joven soldado se destacó entre las tropas cristianas y escaló la poderosa muralla, logrando abrir la puerta de la Vega y que los cristianos consiguiesen entrar en la ciudadela. Al soldado comenzaron a apodarle «gato» por su hazaña, y el mismo rey le concedió el privilegio de usar ese sobrenombre como apellido, convirtiéndose sus descendientes en una de las familias ilustres de Madrid, los Álvarez Gato. Con el paso del tiempo, el apelativo acabó usándose para denominar a cualquier madrileño de pura cepa.

Parque del Emir Mohamed I, escenario del asalto al Maŷrit islámico

O…

En las épocas en las que Madrid todavía conservaba su muralla, las puertas del recinto se cerraban al caer la noche como medida de seguridad, dejando fuera a toda aquella persona que no hubiese llegado a tiempo. Por ello los madrileños, ya desde la Edad Media, tuvieron que desarrollar la habilidad de escalar y saltar con agilidad para poder entrar a sus casas una vez cerrados todos los accesos a la villa.

La Puerta de Toledo unida a la cerca de Felipe IV (J. Laurent, 1865)

O…

Durante los siglos en los que reinaron los Austria, los tejados de las casas de Madrid se llenaron de gatos que encontraron un buen cobijo en la multitud de buhardillas y cámaras que proliferaron en esta época. Estos animales se hicieron muy famosos por mantener a raya las plagas de ratas en la ciudad, dando nombre a sus vecinos humanos.

Pero…

¿Y si todo esto no fuese más que una invención moderna?

Oficialmente, la primera vez que se recoge el apelativo gato usado tal cual y como lo hacemos hoy en día es en el s. XIX. En 1863, en la obra póstuma de Antonio de Capmany y Montpalau «Origen histórico y etimológico de las calles de Madrid», se recogen sendas historias ficticias inventadas por López de Hoyos y Jerónimo de la Quintana, a las que el autor añade un poco de su propia cosecha. Y el asunto fue formalizado en 1899, cuando este significado de gato fue añadido por primera vez en el diccionario de la Real Academia Española.

En 1569, López de Hoyos se inventa el famoso discurso que Ruy González de Clavijo3 le habría dirigido al gran Tamerlán durante su embajada en Samarkanda:

«vna ciudad que se llama Madrid la Vrsaria, que es muy más fuerte porque está cercada de fuego y armada sobre agua, y entran en ella por Puerta Cerrada, y (…) en esta ciudad ay vn tribunal donde los alcaldes son los Gatos, y los procuradores son los Escaruajos, y los Muertos andan por las calles»

«Relacion de la enfermedad de doña Isabel de Valois», Juan López de Hoyos (1559)

Por otro lado, Jerónimo de la Quintana publica en 1629 su Historia de Madrid y es aquí donde añade más aderezos a esta historia:

“tuuo principio en vno de los primeros Conquistadores de Madrid, tan animoso y valiente, que estando cercado este lugar, arresgó su persona de suerte, que sin temer la resistencia y defensa que hazían los moros desde encima de las murallas, subió con tanta ligereza por vna dellas, hincando la daga por las junturas de las piedras, que los del Real marauillados de su agilidad empeçaron a dezir: que parecía gato, trocando de allí adelante su antiguo apellido por el de Gato, cuya nobleza fue tan estimada en aquellos tiempos, que no se tenía por castiza la que no tenía sangre de aquel linage“

«Historia de Madrid», Jerónimo de la Quintana (1629)

Y a partir de aquí, todo lo demás es historia (de Madrid)…


Notas:
  1. Ya que como todos sabemos, madrileño es el que vive en Madrid, aunque no haya nacido en la ciudad.[]
  2. Asedio que jamás existió, Madrid capituló en las negociaciones tras la conquista de Toledo por Alfonso VI.[]
  3. Ruy González de Clavijo fue embajador de Enrique III. Tras su viaje a Samarkanda, escribió la crónica Mi embajada a Tamorlán, cuyo manuscrito circuló en círculos muy reducidos hasta 1582. En esta obra, Clavijo nunca nombra a los Gato, Escarabajo y Muerto, y ni siquiera nombra a la ciudad de Madrid.[]

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