1. Prehistoria (I) – Los primeros pobladores de Madrid

Primeros pobladores de Madrid

Evolución del género homo. (Fuente: Museo Arqueológico Regional de Madrid)

Los pobladores más antiguos de los que tenemos constancia vivieron en Madrid, hace unos 400.000 años y pertenecían a la especie Homo heidelbergensis, que llegó a Europa desde África.

Los heidelbergenses evolucionaron en Homo neanderthalensis, humanos que se extinguieron hace aproximadamente 27.000 años, siendo sustituidos por nuestra especie, Homo sapiens, originaria también de África.

Aunque en Madrid contamos con numerosos yacimientos en los que se han descubierto una gran cantidad de restos producidos por la actividad humana, en realidad se han hallado pocos fósiles de humanos en la región((El motivo podría ser el estilo de vida nómada de las poblaciones humanas que habitaron en lo que hoy es nuestra región, unido al gran cambio experimentado a lo largo del tiempo por el cauce por el que discurre el río Manzanares, alrededor del cual se han encontrado la mayoría de los restos humanos prehistóricos en Madrid.)), aunque algunos de ellos tienen una especial relevancia paleoantropológica: los restos neandertales de Pinilla del Valle y el molar del yacimiento de San Isidro, que podría corresponder a un neandertal o un heidelbergense((De estos yacimientos hablaremos en las próximas lecciones.)).

Cazadores recolectores

Los humanos que vivieron en el valle del Manzanares durante el paleolítico se dedicaban al aprovechamiento oportunista((Estos grupos humanos habrían obtenido alimentos y otros recursos a base de aprovechar carroña o de robar piezas a otros animales.)) del medio natural.
La necesidad de obtener recursos para su supervivencia les obligó a seleccionar los mejores emplazamientos. Las proximidades del río debieron ser muy atractivas para una ocupación regular por la presencia de agua, abundante vegetación de ribera, y una fauna variada.

Parientes lejanos: homo heidelbergensis y homo neanderthalensis

Las principales pruebas de la presencia en Madrid de heidelbergensis y neandertales son las herramientas que fabricaron.
Debieron estar organizados en grupos unidos por parentesco, socialmente igualitarios y solidarios, lo que servía para asegurar su supervivencia. En yacimientos como el de Atapuerca se han encontrado pruebas de la a asistencia y cuidado de enfermos o ancianos. Ambas especies usaban el fuego y usaban algún tipo de lenguaje que les permitió transmitir conocimientos.
Los neandertales enterraban a sus muertos y usaban colorantes y adornos personales, lo que sugiere un comportamiento simbólico((Tenemos pruebas tanto de enterramientos como de colorantes en la Comunidad de Madrid, en el yacimiento de Pinilla del Valle.)).

Fabricando herramientas y obteniendo alimentos

Casi todos los utensilios encontrados son de sílex y cuarcita procedentes de los ríos, como el Manzanares, aunque también usaron hueso, tendones y madera((De estos últimos es más difícil su conservación, por la fragilidad del material, que se descompone fácilmente.)).
Los heidelbergensis fabricaron herramientas polivalentes como los sencillos cantos trabajados o los más complejos bifaces.

Canto trabajado, yacimiento de Áridos (Arganda del Rey) – Entre 400.000 y 300.000 a.n.e
Bifaz del Manzanares, yacimiento de San Isidro (Madrid) – Aprox. 200.000 a.n.e.
Bifaz de sílex, yacimiento de Arriaga (Rivas-Vaciamadrid) – Aprox. 150.000 a.n.e

Los neandertales, en cambio, poseían instrumentos específicos para despellejar, fracturar, fragmentar, descarnar, cortar y raer y desarrollaron una tecnología de talla para obtener varias formas similares de un mismo bloque de piedra denominada técnica levallois.

Organizados en pequeños grupos, cazaban caballos, ciervos, gamos, uros e, incluso, animales de mayor tamaño como elefantes, sin despreciar la carne de animales muertos o restos abandonados por otros depredadores.

Lugares de ocupación

Heidelbergensis y neandertales eran nómadas y se movían buscando continuamente alimentos. Los hábitats más estables fueron cuevas o abrigos como en Pinilla del Valle, aunque también construirían estructuras al aire libre, de los que no han quedado restos.

Otros sitios en los que pudieron vivir ocasionalmente serían los lugares en los que obtenían materias primas y fabricaban sus herramientas y los lugares de caza y descuartizamiento de animales.

Nuestros primeros antepasados: Homo sapiens

El Homo sapiens pudo hacer frente a las dificultades del medio con más éxito que sus predecesores. Usaba un lenguaje más desarrollado que le ayudó a mejorar y facilitar la transmisión de conocimientos y pensamientos abstractos, permitiendo la existencia de grupos sociales más complejos. También logró un mayor dominio de la técnica de fabricación de herramientas. Todas estas circunstancias ayudaron a que el Homo sapiens se adaptara mucho mejor a los diferentes ecosistemas y se extendiera por todo el planeta.

Explotación del medio y nuevas herramientas

Los avances en la fabricación de herramientas y los cambios en el comportamiento social permitieron un mayor y mejor aprovechamiento de los recursos disponibles. Los grandes desplazamientos resultaron cada vez menos necesarios lo que a largo plazo posibilitó la acumulación y almacenaje de alimentos y el crecimiento de los grupos humanos.

Los útiles fabricados por el Homo sapiens muestran que aprovechaban al máximo las materias primas, con una considerable disminución del tamaño de las piezas y un gran cuidado en su ejecución. Se multiplicaron los tipos de herramientas lo que permitió una mayor especialización en su uso al adecuarse mejor la forma a la función.

Lugares de ocupación

Los cazadores-recolectores eligieron para establecerse lugares cercanos a los recursos naturales. En las terrazas bajas del Manzanares se han localizado asentamientos temporales relacionados con la explotación del sílex para la fabricación de herramientas. Campamentos más estables, con cabañas y hogares, se situaron próximos a los cauces secundarios con mejor acceso a los recursos forestales.

La aparición del arte

Durante el Paleolítico su principal manifestación es la representación en las paredes de las cuevas, y en huesos o placas de piedra, de figuras naturalistas y símbolos abstractos. La Cueva del Reguerillo, en Patones, con grabados en la roca de antropomorfos, bóvidos, cérvidos, peces y un mamut, es uno de los pocos ejemplos de arte paleolítico en la Meseta((Del arte paleolítico en la Comunidad de Madrid trataremos en la próxima lección.)).




3. Prehistoria (II) – Los yacimientos prehistóricos del cerro de San Isidro y de Áridos

El yacimiento del cerro de San Isidro en Carabanchel

El yacimiento paleontológico y arqueológico de cerro de San Isidro, a orillas del Manzanares, fue descubierto en 1862. Sus descubridores fueron tres ingenieros de minas: los franceses Louis Lartet y Edouard Verneuil y el español Casiano de Prado.

Con anterioridad, en 1778, se había dado aviso en la Gaceta de Madrid del hallazgo de restos de elefantes prehistóricos en la zona:

«En las excavaciones que se hacen junto al puente de Toledo á mano izquierda saliendo por la puerta delmismo nombre para la formación de aquellos caminos se han encontrado á fines de Setiembre á vara ymedia de profundidad en un terreno duro, gredoso y virgen algunos huesos de elefante, es á saber las puntas de dos colmillos, 2 grandes trozos de uno de ellos, vários pedazos de una de las muelas grandes, la choquezuela de una rodilla, y otros diferentes fragmentos. Los pedazos de colmillo representan ser de un elefante de triplicada magnitud que el que se disecó el año pasado, y se colocó en el Real Gabinete de Historia natural, y se hallan en verdadero estado de petrificacion, registrandose en ellos con un lente demediano aumento algunas partículas cristalizadas. Si los trabajadores hubiesen procedido con advertencia,como se tendrá desde ahora, puede ser que se hubiese hallado entero y petrificado el esqueleto de un elefante, que es verisimil estubiese allí desde el tiempo en que volviendo Anibal de su expedición contra losVacceos, fue acometida y desbaratada la retaguardia de su exército en que había quarenta elefantes, conpérdida de parte del despojo, por los Carpetanos y Olcades á la parte de acá del Tajo; en cuyas aguas losderrotó despues fingiendo fuga, haciendolos entrar en ellas en seguimiento suyo; y volviendo contra elpays, le taló y sujetó. Los fragmentos recogidos se han colocado en el Real Gabinete de Historia natural».

(Gazeta de Madrid, del viernes 27 de Noviembre de 1778)

Sólo habían pasado dos años desde que la comunidad científica había aceptado la existencia de herramientas de gran antigüedad, en base a los útiles encontrados en la caverna de Kent (Reino Unido) y en el valle del Somme (Francia) y con este hallazgo España pasaba a ser el tercer país en el que se documentaba la existencia de útiles prehistóricos.

La noticia del descubrimiento no se dio en España hasta 1864, Casiano de Prado esperó que se presentase en Francia: las condiciones científicas, ideológicas y culturales la España de la segunda mitad del s. XIX, en pleno debate sobre el darwinismo, no permitían hacer público un hallazgo de ese calibre sin que antes se hubiese llevado a cabo en algún país extranjero.

En 1868 José Amador de los Ríos, director del Museo Arqueológico Nacional, insta a realizar excavaciones en el cerro de San Isidro, pero estas se irán realizando de forma intermitente e irregular durante las útlimas décadas del s. XIX y la primera mitad del s. XX, lo que ayudó a que los restos estén pobremente documentados y muy dispersos.

El lugar donde se abrió el yacimiento de San Isidro fue una cantera, localizada entre la ermita y cementerio de San Isidro y el cementerio Sacramental de San Justo, que explotaba una terraza fluvial del valle del río Manzanares.

El yacimiento contenía restos de fauna del Pleistoceno((Periodo geológico que comienza hace 2,59 millones de años y finaliza aproximadamente en el 10 000 a. n. e. Su deriva del griego πλεῖστος (pleistos «lo más») y καινός (kainos «nuevo»).)) y, sobre todo, una gran cantidad de restos de herramientas del Paleolítico((Periodo más largo de la existencia del ser humano, se extiende desde hace unos 2,59 millones de años (en África) hasta hace unos 12 000 años. Su nombre proviene del griego παλαιός, palaiós: “antiguo”, y λίθος, lithos: “piedra”.)). Algunas veces, estos restos fueron extraídos por los propios obreros de la cantera, que los vendían a los investigadores.

En 1926, los investigadores Paul Wernet y José Pérez dan por agotado el yacimiento, indicando que “el corte se encuentra cubierto de derrubios que enmascaran la estratigrafía” y que la cantera estaba ya abandonada.

En 1970 se inauguró el llamado parque de San Isidro, justo encima de los restos de las canteras y tejares y el yacimiento quedó completamente sepultado. Este parque es fácilmente accesible desde el paseo del Quince de Mayo y en él se levanta el monumento conmemorativo del yacimiento, justo frente a la ermita de San Isidro.

«Ventana a Madrid ilusorio real»,
monumento en el antiguo yacimiento del cerro de San Isidro (1990, José Enrique Fernández y Enríquez de Salamanca)

Interés del yacimiento de San Isidro

El yacimiento de San Isidro (también conocido como del cerro de San Isidro, de los tejares de San Isidro o del tejar de las Ánimas) fue el primer yacimiento con fauna del Pleistoceno estudiado en España y el tercer yacimiento con restos de herramientas prehistóricas que fue estudiado en Europa, lo que lo convierte en un yacimiento histórico de relevancia internacional.

Paleontología y arqueología del yacimiento

El yacimiento contenía restos de animales del Pleistoceno, propios de un clima cálido y seco. Destacan rinocerontes prehistóricos (Hispanotherium matritense), elefantes antiguos (Elephas antiquus), uros (Bos sp.), ciervos (Cervus elaphus) o caballos (Equus sp.)

Cráneo de Hispanotherium matritense, similar a los restos encontrados en San Isidro (Excavaciones de Príncipe Pío)
Reconstrucción de Hispanotherium matritense
(Fuente: https://www.deviantart.com/sinammonite)
Reconstrucción de Elephas antiquus, similar a los restos encontrados en San Isidro
(Yacimiento de Villaverde)

En el Museo de San Isidro se conserva un molar identificado como de Homo neanderthalensis, procedente de la colección de Pérez Barradas, uno de los muchos arqueólogos que excavaron en el cerro.

Molar de H. heidelbergensis encontrado en el cerro de San Isidro

En la base del yacimiento, Ezquerra del Bayo descubró, en 1839, restos de caballos primitivos de tres dedos (Anchitherium) y mastodontes (Mastodon angustidens) que fueron datados en el Mioceno((Periodo geológico que comenzó hace 23 millones de años y terminó hace unos 5 millones de años.El nombre procede de las palabras griegas μείων (meiōn, “menos”) y καινός (kainos, “nuevo”), y significa «menos nuevo».)). Estos fósiles fueron enviados a Alemania para su clasificación y actualmente forman parte de la colección Bronn del Museum of Comparative Zoology de la Universidad de Harvard(Massachusetts).

El primer fragmento de sílex tallado hallado en este yacimiento se conserva en la colección del Musée d’Archéologie nationale et domaine national (Saint-Germain-en-Laye, Francia). El Museo Arquelogico Nacional y el Museo de San Isidro conservan importantes colecciones con restos y herramientas de tipos variados: hachas, puntas de flecha, hendidores((Herramienta lítica fabricada a partir de lascas y cuyo uso aún no ha sido esclarecido, aunque probablemente se usaba de forma similar a las hachas bifaces.)), raederas((Herramienta de piedra fabricada con una lasca, usada probablemente para raspar materiales como las pieles.))…

Herramientas de sílex encontradas en el cerro de San Isidro
ca. 200.000 a.n.e.
(Museo arqueológico Nacional)

También se realizaron tableros del corte estratigráfico del yacimiento, por Emilio Rotondo Nicolau, que se exhibieron, junto a algunas piezas, en el Congreso Internacional de Prehistoria y Antropología de Copenhague, en 1869, y en las exposiciones universales e internacional de Londres (1871), Paris (1878) y Burdeos (1895).

Tablero estratigráfico del cerro de San Isidro
Adquirido por el Museo Arqueológico Nacional en 1876, reconstruye un perfil del yacimiento de San Isidro con materiales originales, disposición de los diferentes niveles y localización de los restos fósiles de mamíferos.

Dada su importancia histórica, el yacimiento sigue siendo un lugar emblemático y de referencia para la arqueología europea.


El yacimiento de Áridos en Arganda

Recreación de la escena de Áridos
(Dionisio Álvarez Cueto)

Los yacimientos de Áridos, en Arganda del Rey, fueron descubiertos a principios de los años 1970s a orillas del río Jarama y han servido para aseverar, al menos hasta hoy y a falta de más excavaciones, que los primeros pobladores del género homo que se establecieron en nuestra región lo hicieron en la zona de Arganda.

El yacimiento de Áridos 1 se excava en 1971 y, muy cerca (a pocos metros), en 1976, se excava Áridos 2. Estos dos yacimientos fueron los primeros en abrirse en Madrid tras el largo paréntesis de investigaciones arqueológicas que comenzó con la Guerra Civil.

La zona se encuentra cerca del soto de las Juntas((Lugar donde el Manzanares confluye con el Jarama, en el Parque Regional del Sureste.)) y de la laguna del Campillo((Entorno natural singular entre Rivas y Arganda, su origen se debe a la antigua explotación de gravas que durante las décadas de 1960 y 1970 se llevó a cabo en la cuenca del Jarama: se excavó por debajo del nivel freático y al cesar la actividad y restaurar el entorno surgió la laguna, que tiene en torno a los 4 kilómetros de diámetro y 35 hectáreas de superficie.)).

Áridos 1

En 1971, durante los trabajos de extracción de grava de la empresa Áridos SA, los obreros descubrieron las defensas de un gran elefante antiguo. En seguida comienza la excavación de los restos constatándose que el hallazgo podría ser un hecho histórico.

Junto a los huesos del elefante antiguo (Palaeoloxodon antiquus) aparecieron numeroso restos de herramientas de piedra tallada asociados al cadáver del animal. Además, se recuperó una inusual abundancia de pequeños vertebrados, como roedores, peces y pequeñas aves, todo ello en un espacio relativamente reducido.

Lo que se había encontrado era singularmente importante: un yacimiento in situ, es decir, los restos no se habían movido desde que se depositaron en aquel lugar y nos mostraban una instantánea del pasado prehistórico de la zona. Además, las herramientas encontradas correspondían a las realizadas por una especie humana hasta entonces no documentada en Madrid, el Homo heidelbergensis, los humanos más antiguos que vivieron en nuestra región según el registro arqueológico.

H. heidelbergensis
(Museo de la Evolución)

Los restos del elefante correspondían a una hembra de unos 35 años y aparecían dispersos y aparentemente troceados, por lo que se llegó a la conclusión de que su carne fue usada como alimento por el grupo de homínidos que los manipularon, con la ayuda de las herramientas encontradas en el mimo lugar.

Reconstrucción de la hembra de elefante antiguo de Áridos 1
(Centro de educación ambiental El Campillo, Rivas-Vaciamadrid)

Áridos 2

Al concluirse la excavación del primer yacimiento, se dejó un testigo que indicaba la probable prolongación del yacimiento y se cubrió. En 1976, los trabajos en la cantera amenazaban con hacerlo desaparecer, por lo que se reanudaron las excavaciones con excepcional urgencia. A unos 150 m aparecieron los restos de otro elefante, un viejo macho de unos 40-50 años y unos 4,5 m de alzada.

Restos del elefante de Áridos 2
(Museo Arqueológico Regional, Alcalá de Henares)

Con una antigüedad similar al anterior, hace más de 400.000 años, los nuevos restos presentaban novedades que lo volvían a convertir en excepcional: los restos del elefante permanecían en conexión anatómica((Decimos que unos restos se encuentran en conexión anatómica cuando los huesos están conectados unos a otros como cuando el animal estaba vivo.)) y, de nuevo, se encontraban insitu, lo que permitió a los investigadores averiguar que el animal murió de forma natural, recostado sobre uno de sus lados, conservando el suelo prehistórico sobre el que cayó todavía vivo. Los arqueólogos lo llamaron Miguelito.

Representación de los restos de elefante encontrados en Áridos 2

Restos de pequeños vertebrados encontrados en Áridos 1 (ca. 400.000 a.n.e.)

Las herramientas de Áridos

Las herramientas de piedra encontradas en los dos yacimientos de Áridos corresponden a una industria muy antigua del Paleolítico inferior denominada achelense((Industria lítica desarrollada hace entre 1,6 a 0,1 millones de años, dependiendo de la zona. Se caracteriza por ser la primera cultura lítica que posee bifaces en los que la piedra fue trabajada de forma simétrica a ambos lados de la pieza. Los tipos de herramientas en los conjuntos achelenses incluyen puntas, hachas de mano, cuchillas, herramientas de lascas retocadas, raspadores, y segmentos.)) y estaban fabricadas en sílex y en cuarcita, probablemente hechas allí mismo aprovechando el material que dejó el río.

Herramientas de sílex encontradas en Áridos 1 (ca. 400.000 a.n.e.)

La importancia de los yacimientos de Áridos

Los escenarios encontrados en Áridos 1 y en Áridos 2 son excepcionales: este tipo de hallazgos es muy raro. En este caso, los lugares en los que ambos elefantes encontraron su fin fueron cubiertos por los sedimentos provenientes de una crecida del río Jarama, que debió suceder inmediatamente después.

Con lo encontrado en Áridos 2 se ha podido saber que los heidelbergensis no dieron caza al gran elefante sino que aprovecharon el cuerpo del animal ya muerto, ya que sus habilidades no estaban preparadas para cazar un animal tan grande. También se encontraron signos de fuego en algunas rocas, lo que nos muestra casi con total seguridad que el grupo humano hizo allí una parada mientras descuartizaban su presa.

En 2010 se publicó en una revista científica internacional un estudio que demostraba definitivamente que las herramientas de piedra encontradas en ambos yacimientos fueron usadas para descuartizar los dos elefantes: más allá de la evidencia que resultaba de haberlas encontrado cerca de los esqueletos, fueron encontradas marcas líticas en los huesos de Miguelito, algo muy raro y difícilmente demostrable ya que ese tipo de marcas no siempre aparecen y, de existir, son débiles y suelen desaparecer consumidas por el paso del tiempo. La importancia de los dos yacimientos de Arganda crecía con estos nuevos datos.

Marcas de corte en la escápula del elefante de Áridos 2



5. Prehistoria (III) – El neolítico y las edades de los metales en la región de Madrid

La «revolución» neolítica

Al final del paleolítico, los últimos cazadores recolectores consiguieron domesticar algunos animales y plantas, disminuyendo su dependencia de los recursos salvajes, empezando un proceso denominado «revolución neolítica » que acabaría dando lugar a la aparición de sociedades mucho más complejas.

Este proceso de domesticación, que a la largar llevaría a que los grupos humanos dejasen la vida nómada y se instalasen en poblamientos estables, empezó en Oriente Próximo hace 12.000 años, llegando a nuestra región unos 2.000 años después.

Los cambios de la nueva etapa histórica no se limitaron a la agricultura y la ganadería, también afectaron a las demás parcelas de la vida: el sedentarismo ayudó al surgimiento de las primeras poblaciones estables; los nuevos alimentos transformaron del medio ambiente circundante; surgen nuevas actividades productivas y nuevas herramientas, trabajos más especializados en los trabajos y la organización de los espacios en los asentamientos. Los excedentes, en la producción favorecen el crecimiento de la población, los intercambios comerciales y las diferencias sociales. En las nuevas sociedades neolíticas surgen también nuevos rituales.

La producción de excedentes agrícolas y la necesidad de almacenarlos de formas eficiente dio lugar al surgimiento de la cerámica y el aprovechamiento de los productos derivados de los animales, a la producción de tejidos y las herramientas necesarias para el proceso, como los telares.

Ganadería y agricultura

La ganadería más antigua documentada en la zona de Madrid es la de ovejas, cabras y cerdos, añadiéndose posteriormente los bovinos, y tuvo un papel importante desde el principio, aumentando con el paso del tiempo.

La agricultura fue secundaria en la economía neolítica de la región, con cultivos de cereales y algunas leguminosas. Por lo estudiado en los yacimientos arqueológicos madrileños, sabemos que el excedente se almacenaba en silos subterráneos o grandes vasijas y que los granos se molían manualmente en pesadas molederas de granito. La cara activa, donde se iba a realizar el vaivén para moler el grano, se preparaba dejándola plana.

En las demás caras se eliminaban las irregularidades mediante percusión o abrasión, para facilitar la estabilidad y el transporte. Las manos de moler eran generalmente cilíndricas. El molino se situaba sobre una estera que permitía que no se perdiera nada de grano. La molienda era realizada preferentemente por mujeres, algo que sabemos al examinar sus esqueletos, que presentan frecuentemente artrosis, sobre todo en codos y lesiones lumbares.

También sabemos que la caza mantuvo su importancia en la dieta, aunque fue haciéndose menor según fue aumentando la productividad de los campos y el ganado.

Poblados y casas

Los poblados que van surgiendo no son muy grandes y se rodean con una empalizada que los delimita. Dentro del recinto encontramos pequeños conjuntos de cabañas de planta circular fabricadas con postes de madera, barro y ramas para el tejado. En el interior, un poste central mantenía la estructura y junto a la puerta, para aprovechar la luz, se situaba el hogar, excavado en el suelo y recubierto de arcilla o rodeado de piedras como medida de seguridad para impedir la propagación del fuego en la vivienda.

Reconstrucción ideal de un poblado calcolítico

Los restos encontrados nos indican que, además de cocinar, alrededor del fuego se llevaban a cabo otras actividades como la fabricación de herramientas de piedra o de hueso, labores de cestería o de tejido. también se realizaban dentro de las cabañas. También solía haber una zona dedicada al almacenaje, generalmente en el lado opuesto a la entrada.

Aprovechamiento de los recursos

El sílex continuó siendo la materia prima fundamental en la producción de herramientas, empezando la explotación de vetas subterráneas como complemento a la recogida de cantos en la superficie.

Las piedra más duras, como el granitos y otras piedras metamórficas, que se usaban para las molederas y hachas pulimentadas, y los minerales necesarios para la obtención del cobre, fueron recogidos en la Sierra y sus cercanías.

La arcilla necesaria para la cerámica solía obtenerse en el entorno inmediato de los poblados, siendo habitual en el área madrileña añadir huesos machacados al barro usado para la fabricación de piezas.

De las vegas bajas se extraía sal, básica para la conservación de los alimentos.

Rituales religiosos

Las sociedades de este periodo desarrollaron una espiritualidad compleja, probablemente vinculada a los ciclo agrícola y a la renovación periódica del mundo.

Los rituales más significativos de los que tenemos noticia consistían en depositar animales en hoyos (bóvidos, perros, ovejas, cabras), el arte parietal de estilo simbólico y los enterramientos humanos.

Los enterramientos se realizaban dentro de los poblados, de forma que los vivos y los muertos compartían los mismos espacios. Los cadáveres eran depositados en fosas individuales o colectivas, en posición encogida y acompañados de un ajuar característico, cuya composición denota la celebración de banquetes rituales durante el funeral. En las tumbas, a veces aparecen elementos fabricados en distintos metales, como el cobre y el oro, indicativo de un estatus social más elevado.

Al comienzo del neolítico, los enterramientos eran colectivos y se realizaban en cuevas y dólmenes cubiertos por túmulos. Los cadáveres eran depositados a lo largo del tiempo y cuando ya no cabían más, los anteriores se amontonaban en un lado para dejar sitio a los siguientes. Estas inhumaciones eran acompañadas frecuentemente por ajuares funerarios compuestos por objetos personales del difunto (recipientes de cerámica, útiles de piedra o de metal, adornos). Tanto los túmulos como las cuevas se encontraban en lugares muy visibles del territorio en los que se situaban los correspondientes poblados, funcionando así como señalizaciones del territorio dominado por los grupos humanos que enterraban allí a sus muertos. Estas formas de enterramiento nos hablan, además, del alto grado de cohesión social existente entre quienes los realizaron, algo necesario para llevar a cabo tareas colectivas de esa envergadura.

Enterramiento múltiple de la edad del Bronce
Yacimiento de Pista de Motos (Villaverde, Madrid)

Los enterramientos se alternaban con otros individuales. En estos, los cuerpos se depositaban en simples agujeros excavados en la tierra, que a veces antes habían servido como silos. El difunto solía enterrarse de costado y en posición fetal, y a veces eran atados para conseguir mantener la postura adecuada y se han encontrado evidencias arqueológicas de que junto al muerto se depositaban plantas olorosas. Estas tumbas individuales estaban situadas tanto dentro de las cabañas como en el campo cercano a la aldea.

Comercio

Como se ha comentado más arriba, los grupos humanos del neolítico y las primeras edades de los metales obtenían casi todos sus recursos del entorno más cercano a sus poblamientos.

Pero algunos estilos cerámicos y los elementos fabricados con metales tuvieron una difusión muy amplia, lo que reflejaría la existencia de rutas de intercambio entre distintas poblaciones.

En Madrid se ha encontrado de forma frecuente cinabrio de Almadén y en las llanuras madrileñas no es raro encontrar granitos, cobre y rocas metamórficas de la Sierra.

La metalurgia del oro surgió paralelamente a la del cobre y por su escasez fue siempre un metal valioso.

Durante dos milenios su presencia estuvo asociada fundamentalmente a lugares de enterramiento. Sin embargo, a finales de la Edad del Bronce los objetos de oro no suelen formar parte de ajuares funerarios, sino de ocultaciones temporales.

Las nuevas élites ya no deseaban amortizar definitivamente el símbolo de su poder sino ostentarlo y transmitirlo.

Huellas del neolítico y los primeros metales en Madrid

Enterramiento de Valdivia (Madrid)

Con una cronología aproximada de entre 4.500 y 3.500 años a.n.e., en el neolítico, el enterramiento del arenero de Valdivia, en Villaverde, es uno de los más antiguos hallados en Madrid y presentaba unas características que serían constantes a lo largo del periodo: en una fosa, probablemente un antiguo silo que ya había dejado de cumplir su función de almacenaje y habría sido abandonado, situada en las cercanías del poblado, y en el que se inhumó a un solo individuo junto con un pequeño ajuar.

Arenero de Miguel Ruiz (Madrid)

Excavado en 1941 y con una cronología aproximada de 2.500 – 1.800 a.n.e. (calcolítico), el enterramiento campaniforme del Arenero de Miguel Ruiz fue el primero de este tipo localizado en el Valle del Manzanares. Consistía en una inhumación aislada en la que el cadáver se depositó en una fosa cubierta por una losa de piedra. Junto al difunto se depositaron los característicos vasos cerámicos de la cultura campaniforme y un pequeño puñal.

Arenero de Miguel Ruiz
Ajuar campaniforme

Fábrica de Ladrillos (Getafe)

En este yacimiento, datado entre los 1.200 y los 800 años a.n.e. (final de la edad de bronce) aparecieron varias vasijas cuidadosamente colocadas unas dentro de otras en tres hoyos. La interpretación que se da está relacionada con rituales en los que se ofrecían alimentos a los difuntos, para que pudiesen disponer de ellos en la otra vida.

Poblado de la Fábrica de Ladrillos
Vasijas funerarias

Enterramiento campaniforme de la Salmedina (Madrid)

El yacimiento presenta una cronología de entre 2.200 y 1.500 a.n.e., lo que unido a la tipología campaniforme del ajuar funerario encontrado nos permite clasificarlo dentro de la cultura campaniforme.

Este ajuar campaniforme «estilo Ciempozuelos» está compuesto de vaso, cuenco y cazuela, realizados a mano con decoración incisa o impresa y cubierta o rellenada con una sustancia de color blanco. Como todas las cerámicas de este tipo, presentan un buen modelado y acabado y una ejecución cuidada de la decoración, características que nos permiten clasificarlas como productos de lujo.

Enterramiento de La Saledina
Ajuar campaniforme



9. Antigüedad (II) – Las vías romanas de Madrid

Introducción: las vías romanas

Las vías romanas, también conocidas como calzadas, formaban una red de caminos que fueron utilizados por el Imperio Romano para la vertebración de su territorio.

Originalmente se usaban para el transporte de soldados y acabaron contribuyeron al auge del comercio y al esplendor del Imperio. Esta gran red viaria llegó a tener cuatrocientos mil kilómetros de longitud en el s. III n.e.

Tipos de vías

Existieron distintos tipos de vías:

  • ViaePublicae: vías públicas. Eran las más importantes, estaban pavimentadas y eran construidas y mantenidas por el Estado, con la colaboración de las ciudades y propietarios de los terrenos que atravesaban. Podían tener anchuras de hasta 12 m. Su gestión estaba dirigida por el curator viarum, un funcionario del Estado encargado que la ejecución de la obra se llevara a cabo según el proyecto y también de la conservación y reparación de la misma. Otros nombre que recibían eran vías pretorianas, consulares o militares.
  • Viae Vicinale: vías vecinales. No se pavimentaban y se limitaban a un prensado de la tierra.
  • Viae Privatae: vías privadas. De carácter exclusivamente privado, unían las principales propiedades o villae, con las vías públicas o vecinales. Estaban financiadas en su totalidad por el propietario, que era el único que tenía derecho a su uso y disfrute.

Las calzadas estaban marcadas por hitos, las piedras miliares((Se denominaban piedras miliares porque solían colocarse cada milla (5.000 pies, unos 1.481 m), aunque esto no era exactamente así, ya que en realidad lo que marcaban era la distancia hasta el siguiente hito.)), que marcaban las distancias. Se colocaban en los bordes de las vías públicas y vecinales para que los viajeros supieran el punto en el se encontraban y lo les quedaba por recorrer hasta la siguiente ciudad.

Los alojamientos

A no ser que fuese estrictamente necesario, no se viajaba de noche, por lo que a lo largo del camino había pequeños albergues, a veces con establos, para poder descansar del largo camino.

Además, en torno a las calzadas se levantó una serie de establecimietos en los que se daba alojamiento y comida. Según su importancia, podían ser:

Mutatio: localizadas cada 12-18 millas, eran paradas para descansar en las que se cambiaban los caballos para tomar otros de refresco. También eran lugares para la reparación de los vehículos que se dañaban durante el viaje y en los que se podían encontrar medicinas y veterinarios para los animales.

Mutatio romana

Caupona: postas para descansar, dormir, comer y esparcirse para relajarse después del viaje. Estaban destinadas a personas de pocos recursos económicos, aunque también había cauponas de lujo, aunque eran pocas. Cada caupona estaba regentada por un caupo.

Reconstrucción de una caupona, Pompeya

Mansio: paradas para personas de grandes recursos económicos que viajaban a las principales ciudades del Imperio, aunque con el tiempo acabaron alojando a todo tipo de viajeros. Estaban ubicadas en las vías públicas y eran mantenidas por el Estado. Disponían de espacios para recepción, baños termales, habitaciones, comedor, cocina con horno, granero y establos.

Mansio romana

Taberna: con una calidad un poco mayor que las cauponas, servían como alojamiento a los viajeros que tenían mayores recursos económicos.

Proceso de construcción de una vía romana

Construcción de una calzada romana
  • Deforestación del área donde estaba proyectada la calzada.
  • Explanación o allanamiento del firme o del terreno.
  • Delimitación del firme mediante la construcción de los bordillos y que recorrían toda la longitud de la calzada.
  • Cimentación en el espacio comprendido entre los bordillos a base de piedra en bruto, el statumen, para crear una capa sólida y resistente que soportase el peso que iba a circular por la vía (tropas militares, carros de mercancías…). Esta capa evitaba que la calzada sufriera daños o grietas que tuvieran que estar reparándose con frecuencia.
  • Capas intermedias, los rudus y nucleus, sobre la de cimentación, compuestas de un relleno de arena o grava, en una o varias capas que iban disminuyendo su grosor según se ascendía hasta la más superficial. Después se procedía al apisonado de cada una de las capas de relleno de arena o grava.
  • Capa de rodadura, dorsum, agger viae o pavimentum, el revestimiento final de la superficie de la calzada. Preferentemente se usaban cantos rodados apisonados mezclados con arenas aunque también se utilizaban materiales de grano fino. Este tipo de acabado permitía una circulación más suave y un ahorro en reparaciones de ruedas de carros de mercancías o herrajes de los caballos y carros de combate. En las ciudades y en las vías importantes, las calzadas se adoquinaban con piedras talladas de forma irregular.

El Itinerario de Antonino

El Itinerario de Antonino es un documento del s. III n.e. que recopila las calzadas que cruzaban el Imperio.

En cada ruta se identificaban las mansiones que podían encontrarse, correspondencias y las millas entre los distintos núcleos de población. Aunque por sus indicaciones, parece más una guía para facilitar la recaudación de impuestos, las distancias recogidas nos han permitido localizar muchos emplazamientos desaparecidos y calzadas romanas no documentadas por otras fuentes.

Recoge 372 rutas por todos los territorios controlados por Roma en la época, de las cuales 34 corresponden a las provincias de Hispania (vías I a la XXXIV). Todas son vías públicas, no hay en la recopilación ningún camino vecinal((De estos tenemos referencias por Plinio el Viejo, Estrabón y otros escritores.)).

Calzadas hispanas en el Itinerario de Antonino

Gracias a esta guía sabemos que por la actual región de Madrid pasaban dos calzadas importantes:

Vía XXIV: de Emerita((Mérida)) a Caesar Augusta ((Zaragoza)), llegaba desde Secobia((Segovia)) y pasaba por Titulciam((Mansio que aparece recogida entre Miaccum y Complutum en el itinerario XXIV y entre Toletum y Complutum en el XXV. Se identifica habitualmente con la actual Titulcia, aunque existen discrepancias y hay quien la sitúa en el municipio de Móstoles.)), Miaccum((Mansio situada sobre la calzada entre Secobia y Titulciam. Se han barajado distintas teorías sobre su localización: Las Rozas, el arroyo de Meaques (al sur de la Casa de Campo, en torno al Zoo y al Parque de Atracciones) o en el entorno del antiguo municipio de Carabanchel (cerca de la cárcel de Carabanchel y de la estación de metro de Eugenia de Montijo, muy próxima a la Ermita de Santa María la Antigua). Las ultimas teorías, sugeridas tras el hallazgo de los restos de una posada romana, la sitúan en Collado Mediano)) y Complutum((Alcalá de Henares)).

Vía XXIV – «Item ab Emerita Caesaraugusta»

Vía XXV: otro itinerario de Emerita a Caesar Augusta, también pasaba por Titulciam y Complutum, pero esta vez llegaba desde Toletum.

Las vías romanas en Madrid

Calzada romana de la Fuenfría (Carcedilla)

Situada en la parte más septentrional del Valle de la Fuenfría, en la mayor parte de su trazado coincide con la actual carretera M-966 y todavía quedan diversos tramos visibles a lo largo de una longitud de unos 2,25 km.

Los restos que se conservan empiezan cerca del puente de la Venta, y presentan distintos grados de conservación, desde tramos apenas apreciables hasta tramos en los que se conserva el enlosado de la vía.

El trazado continúa hasta pasar el puerto de la Fuenfría en el límite del término municipal, y se prolonga hasta la provincia de Segovia.

Los restos visibles consisten en un camino empedrado muy mal conservado, con una ancho variable, debido a las sucesivas reformas y ampliaciones que ha sufrido, entre los 3,5 y los 14 m. Su construcción, aunque no presenta las capas superpuestas de las calzadas romanas canónicas, está ejecutada de forma muy cuidadosa.

Calzada de la Fuenfría a su paso por Cercedill

De la misma época que el antiguo trazado de la calzada, se levantan cuatro puentes que salvan en sucesivos puntos el río de la Venta:

Puente del Molino o del Reajo, el mayor de todos con un ancho de casi 10 m y una altura de 15,4 m, está situado en la carretera M-622. Se compone de un arco de 6,5 m de luz((Se llama luz a la anchura de un arco. En algunas ocasiones se denomina también intercolumnio.)), de mampostería colocada en seco, con dovelas((Las dovelas son las piezas en forma de cuña que componen el arco y se caracterizan por su disposición radial.)) formados por grandes lajas irregulares de piedra.

Puente del Molino o del Reajo

Puente del Descalzo: con características similares al anterior, aunque su altura y la luz son más reducidos, con sólo 5 m. El arco forma una bóveda de cañón, al igual que en los puentes restantes. Además, al localizarse en tramos desocupados de la calzada, conservan su firme original.

Puente del Descalzo

Puente del Medio.

Puente del Medio

Puente de la Venta.

Puente de la Venta

La datación de los restos que se conservan es problemática, ya que la calzada ha sido usada ininterrumpidamente desde su construcción en el siglo I n.e. hasta la apertura del puerto de Navacerrada a finales del s. XVIII, época en la que se sucedieron sin cesar las reformas e intervenciones.

Por ello, aunque la mayoría de los autores admiten la autenticidad de los tramos conservados, otros han cuestionado su antigüedad y los consideran el producto de la reforma del camino realizada hacia 1728 para facilitar el acceso desde Madrid al palacio de la Granja.

Pero en 1910 se encontró un miliario romano junto al puente de la Venta, que se conserva en el Museo Arqueológico Nacional y que presentaba una inscripción incompleta:

VSPNL QILV — CIDII D. AUG. TRIB. —C. .VII…

Miliario de Cercedilla

Calzada romana de Galapagar

Formaba parte de la Vía Antonia, que unía las ciudades de Mérida y Zaragoza y fue construida entre los años 213 y 217 n.e., en época del emperador Caracalla((Emperador entre los años 211-217 n.e., concedió la ciudadanía romana a todos los habitantes del Imperio.)).

El tramo mejor conservado, de unos 200 m, se encuentra cerca del Puente del Toril((Puente levantado en el s. XVIII, con técnicas que imitan a los métodos romanos. Se levantó para que formase parte del nuevo camino de Madrid a Castilla la Vieja, trazado por el ingeniero Marcos de Vierna en 1765.)) y en el Descansadero de la Pocilla con otros 43 m. A estos dos tramos se añadió durante una intervención arqueológica un tercero, al norte de los anteriores, enterrado y en aparente buen estado de conservación, al haber quedado oculto por el talud de la carretera.

Calzada romana de Galapagar

Los tramos visibles de la calzada fueron construidos con grandes lastras((Piedras planas usadas por los romanos para pavimentar las calles y calzadas, proceso al que denominaban lastricare (pavimentar).)) de granito de hasta 1 m de longitud, colocadas directamente sobre el terreno, sin argamasa, sobre pequeñas piedras de granito y cuarzo. Se pueden observar los bordillos que delimitan la vía, que tiene una anchura aproximada de 8 m.

En 1975 se halló un miliario((Columna cilíndrica, oval o paralelepípeda que se colocaba en el borde de las calzadas romanas para señalar las distancias cada mil passus (pasos dobles romanos) es decir, cada milla romana, lo que equivale a una distancia de aproximadamente 1480 m)) junto a la plaza del Ayuntamiento de Galapagar, erigido en época de Caracalla. Tras la reconstrucción de parte de la inscripción, se vio que incluía como era habitual en estos casos, el nombre y los títulos del monarca.




7. Protohistoria – Los carpetanos en Madrid: el poblado de la Gavia

Los carpetanos

Los carpetanos fueron uno de los pueblos que habitaban la península ibérica antes de la llegada de los romanos. Habitaron la Meseta Sur, un área con sustrato mayoritariamente indoeuropeo y su situación cerca de los territorios íberos hizo que fuesen influidos culturalmente por estos.

Primeros pobladores estables de la región de Madrid, son los primeros que abandonan la forma de vida nómada definitivamente para establecerse en las riberas del Tajo y sus afluentes. En nuestro contexto local, estaríamos hablando de los valles del Manzanares y el Jarama, además de las cuencas del Tajuña y el Culebro.

Relativamente prósperos, aprovecharon bien las posibilidades agrícolas de su territorio y las oportunidades de comercio que ofrecía la situación de sus poblados.

Su estructura política parece ser que fue descentralizada y se cree que no existieron grandes diferencias sociales dentro de su sociedad: no se han encontrado enterramientos suntuosos ni se conocen acciones de saqueo contra vecinos, habituales entre las capas pobres de otras tribus prerromanas.

Durante la ocupación cartaginesa de la Península sufrieron un gran desgaste en su lucha contra los ocupantes púnicos, lo que hizo más débil su resistencia frente los romanos.

Contra Roma lucharon junto a vetones y celtíberos, acabando integrados en el 179 a.n.e. como aliados en la Hispania romana, no encontrándose muestras rebeliones posteriores en su territorio.

Carpetania, la tierra de los carpetanos

El territorio que fue habitado por los carpetanos fue denominado carpetania en las fuentes clásicas y se encontraba en la zona central de la Península. Comprendía parte de las actuales provincias de Madrid, Toledo, Guadalajara, Cuenca y Ciudad Real.

Las fuentes romanas((Estrabón y Plinio)) nos cuentan que los carpetanos vivían junto al Tajo, con frontera con los vacceos al norte, al sur con los oretanos, los vetones al oeste y al noreste con los arévacos.

Actualmente se considera que los límites de la carpetania habrían sido:

  • Al norte: las sierras de Gredos y Guadarrama.
  • Al este: atravesaría el valle del río Henares entre Alcalá de Henares (Complutum) y Sigüenza (Segontia).
  • Al sur: los Montes de Toledo.
  • Al oeste: la zona alta del río Alberche.
Extensión aproximada de la carpetania

Gracias a diferentes fuentes((Relatos sobre la conquista romana, guerras lusitanas y guerras sertorianas de Tito Livio, Plutarco, Frontino y Orosio; obras geográficas de Ptolomeo y Plinio, y en las descripciones de las vías romanas como el Itinerario de Antonino o el Anónimo de Rávena.)) sabemos el nombre de bastantes poblaciones carpetanas. Junto a estas están las que no aparecen en las fuentes pero han sido descubiertas en excavaciones. Las que se encontraban en la actual región de Madrid eran:

  • Complutum (Ikesankom Konbouto), actual Alcalá de Henares.
  • Ilarcurris, entre Loeches y Arganda del Rey.
  • Egelesta, cerca de Alcorcón.
  • Ilurbida, Cadalso de los Vidrios.
  • Titulcia, Titulcia o Móstoles.
  • San Juan del Viso, Alcalá de Henares.
  • Dehesa de la Oliva, Patones.
  • La Gavia, Vallecas.

Los principales núcleos carpetanos fueron Toletum (Toledo), Complutum (Alcalá de Henares) y Consabura (Consuegra) se convirtieron en municipios romanos poco después de la conquista de Hispania.

Poblados

Los carpetanos construyeron sus asentamientos siguiendo dos modelos básicos: sobre llano y en alto. Dentro de cada modelo había variaciones que tenían que ver con la comarca donde se asentaban como y la época en la que fueron levantados.

Los asentamientos en llano se solían situar cercanos al agua (arroyos o ríos) y disponían de un buen acceso a pastos y tierras de cultivo. No estaban amurallados y eran de superficie amplia.

Los asentamientos en alto aprovechaban las ventajas de lugares elevados e intentaban dotarse de sistemas defensivos con el menor esfuerzo posible. Procuraban que hubiese algún manantial cercano, para el suministro de agua. Se levantaban fundamentalmente en espolones((Un espolón es un ramal corto y escarpado que parte de una sierra en dirección aproximadamente perpendicular a ella.)) y cerros testigo((Un cerro testigo u otero es un cerro aislado en una zona llana. Se trata de un relieve esculpido por la erosión, testimonio de la altura del terreno circundante hace millones de años.)).

Se cree que los poblados construidos en alto habrían sido una adaptación defensiva de los levantados en los llanos. Su finalidad sería la de proteger a la población de las incursiones de pueblos vecinos como lusitanos y celtíberos.

Los distintos asentamientos carpetanos de los que tenemos noticia no estaba jerarquizados, es decir, no había poblados más importantes que otros sino que parece que mantuvieron unas relaciones de igualdad entre ellos.

Los trabajos arqueológicos en Arroyo Culebro (Perales del Río), Cerro de la Gavia (Villa de Vallecas) y el Llano de la Horca (Santorcaz) nos han permitido saber cómo era el urbanismo de los carpetanos. En Santorcaz, levantado en un cerro amesetado, se han documentado las siguientes características:

  • Dentro del área del poblados había zonas densamente pobladas y espacios vacíos, probablemente plazas o espacios para guardar el ganado.
  • Las áreas pobladas tenían calles paralelas y empedradas, de unos 5 m de anchura. Entre estas calles se disponían las viviendas, contiguas, con los muros traseros enfrentados y las puertas abiertas a las respectivas calles.
  • Las viviendas eran de planta cuadrada o rectangular, y su superficie oscilaba entre los 50 y 100 m². Estaban levantadas sobre zócalos de piedra, las paredes eran de adobe y a veces tenían la entrada cubierta por un porche sobre columnas. Los suelos se hacían con arcilla o tierra apisonada y los techos eran de cubierta vegetal sobre un armazón de madera.
  • La distribución habitual de las viviendas consistía en un vestíbulo de entrada que daba paso a la estancia principal en la que se encontraba el hogar y donde los ocupantes vivirían y dormirían. La estancia principal tenía también un pequeño apartado donde se procesaban alimentos. En la parte trasera podía haber una estancia para almacenaje o taller.
Planta de vivienda carpetana

La sociedad carpetana

La estructura sociopolítica de los carpetanos era atípica para le época: no tenían jerarquía social un poder centralizado como el de pueblos vecinos como celtíberos, vacceos o vetones. Se organizaban en polis((Ciudades estado)) como otras culturas de la Antigüedad y sabemos que estaban acostumbrados a actuar de manera conjunta y coordinada.

La base de su sociedad era la familia nuclear ((La formada por padres e hijos)). Con base en estas familias, se formaban las gentilidades: gente con un parentesco consanguíneo que se reconocían como descendientes de un mismo antepasado común, generalmente mitificado, que daba nombre a este grupo. Los estudios arqueológicos han distinguido casi 27 gentilidades carpetanas((De estas 27 gentilidades carpetanas identificadas, las correspondientes a lo que actualmente es la región de Madrid serían: Aelariqum (Collado Villalba), Arquiocum (Alcalá de Henares), Acualiqum (Torrejón de Velasco), Bocouriqum (Manzanares el Real), Dagencium (Villamanta), Elguismiqum (Collado Villalba), Malugeniqum (Torrejón de Velasco), Maniciqum (El Pardo), Metturicum (Alcalá de Henares) y Uloqum (Perales de Milla).))

El gobierno de las ciudades correría a cargo de una asamblea de la ciudad y un grupo de magistrados.

A través de los estudios arqueológicos se ha podido saber que las actividades económicas principales de los carpetanos fue la agricultura, basada fundamentalmente en el cultivo de la cebada((Usada para elaborar de tortas, fabricar cerveza y alimentar a los animales de tiro.)) y el trigo((Usado para la elaboración de pan)). En menor medida cultivaban leguminosas como lentejas, yeros, habas, guisantes, guijos, almortas y veza; el garbanzo aparecería ya en época romana. De forma más reducida también cultivaron higueras, almendros, ciruelos y manzanos, y hortalizas como las zanahorias y apio. El comino cultivado por los carpetanos llegó a ser famoso en el mundo romano((Aparte de estos cultivos, como elemento recolectado del bosque mediterráneo, se empleó abundantemente la bellota, tanto para la fabricación de harina como para su consumo como fruto.)).

La ganadería principal era la de las ovejas y cabras, seguida por las vacas, que se usarían como animales de tiro, y en menor proporción el cerdo y los caballos.​

La minería fue escasa, a excepción de la efectuada para obtener sal.

Breve esbozo de la cultura carpetana

Lengua

Es difícil saber qué idioma hablaron los carpetanos, ya que no poseían ningún sistema de escritura. A través del análisis de epigrafía((Ciencia que estudia las inscripciones y los soportes en los que se presentan.)) de la época de la conquista romana se cree que debieron utilizar alguna variante del idioma hablado por los celtíberos.

Artesanías

Trabajaban la cerámica, decorando las piezas al estilo numantino, y realizaban piezas de orfebrería entre las que destacaban sus fíbulas((Piezas metálicas usadas en la Antigüedad para sujetar las distintas piezas de la vestimenta (los botones no se inventaron hasta la Edad Media). Las más habituales tenían la forma de los modernos imperdibles.)).

Religión

Sabemos muy poco acerca de las creencias de los carpetanos, casi todo en base a aproximaciones que los expertos han hecho a partir de lo que se conoce de otros pueblos célticos de la Península. Creerían en una Diosa Madre, símbolo de fecundidad, y en un Dios Supremo, acompañante de la Diosa y garante del orden universal((También se rendía culto a otros dioses como Epona, protectora de los caballos; Ataecina, diosa de los bienes terrenales; Airón, dios de las fuentes y surgencias de aguas…)). Los bosque serían lugares sagrados y los santuarios serían a cielo abierto. También serían objeto de veneración los toros y algunos dioses importados de otras culturas((Como la diosa Astarté fenicia)).

Enterramientos

Se han hallado bastantes necrópolis carpetanas entre las que destacan las de Las Esperillas (Santa Cruz de la Zarza) y Palomar de Pintado (Villafranca de los Caballeros). En ambas predominan las incineraciones, siendo muy escasas las inhumaciones.

Del estudio de estos enterramientos se ha aprendido que la forma de enterrar de los carpetanos fue variando a lo largo del tiempo. Entre los ss. IX y V a.n.e. la forma de enterrar estaba muy relacionada con los pueblos vecinos de la Meseta Central, dándose la estructura del «hoyo simple» como enterramiento característico. A comienzos del s. IV a.n.e se comienzan a diversificar los enterramientos y los ajuares asociados se vuelven más complejos: aparecen túmulos de adobe o piedra, o grandes fosas enfoscadas que en ocasiones dividen su espacio funerario en diferentes compartimentos.

La localización de restos de un pequeño templo en la necrópolis de Las Esperillas hace pensar que, al igual que en las vecinas tribus vetonas y celtíberas, estos recintos tenían un carácter sagrado y que existía un sacerdocio organizado encargado de los rituales.

El poblado carpetano de La Gavia.

Vista aérea del poblado de La Gavia

El poblado de la Gavia se encontraba situado en terrenos pertenecientes al distrito de Villa de Vallecas, en un promontorio de difícil acceso en forma de triángulo y rodeado por las líneas del AVE de Sevilla y de Barcelona y la M-45, a la izquierda del río Manzanares, sobre un espolón junto a la desembocadura de un arroyo. Hoy se encuentra en el entorno del Parque Lineal del Manzanares.

El cerro fue ocupado en el Paleolítico, al final de la época de la Antigüedad Clásica, e incluso durante la Guerra Civil Española, pero la época de mayor ocupación ininterrumpida corresponde a la II Edad del Hierro, entre los siglos IV a.n.e. y I de n.e., cuando se levantó el poblado carpetano.

En 1919 los arqueólogos José Pérez de Barradas y Paul Vernert descubrieron en la zona fragmentos de cerámica, instrumentos humanos tallados en piedra y construcciones que dataron en la etapa media o final del Neolítico, entre los años 5000 a 2500 a.n.e.

Pero hasta 1999 no comenzaron las excavaciones del poblado por el equipo del arqueólogo Jorge Morín, cuando se tuvo que reformar el trazado de la línea de Alta Velocidad a Barcelona para sortear el yacimiento.

Las casas se alineaban dispuestas entre dos calles y todo el poblado se cerraba con unos muros exteriores que formaban un elemental cerramiento con funciones defensivas.

Casas centrales de La Gavia

El conjunto urbano tenía forma alargada, y contaba con accesos en los dos extremos del cerro, norte y sur. Las excavaciones también descubrieron un arrabal formado por algunas viviendas extramuros, junto al acceso norte. En la zona sur se documentó otra ampliación del poblado, hacia el cerro adyacente((Tanto el arrabal norte como la ampliación sur demuestran que el poblado fue ampliado en diversas ocasiones, probablemente por el crecimiento de la población debido a la prosperidad económica)).

Su localización, en una zona de paso entre las dos submesetas, hizo de la Gavia un lugar de intercambio comercial, algo atestiguado con el hallazgo de ajuares orientalizantes o piezas cerámicas de influencia mediterránea, egipcia, o de Asia Menor.

Los restos arqueológicos nos muestran una población no especialmente rica, cuya principal fuente de recursos fue la ganadería ovina y caprina. También cultivaron cereales y aprovecharon el esparto que crecía en la zona.

Las viviendas eran de planta muy reducidas, debido a la escasez de espacio dentro del recinto del poblado, y generalmente presentaban una única estancia. Algunas presentaban otro habitáculo adosado, probablemente para la cría de cerdos.

Las paredes interiores de las casa estaban enlucidas con barro y la techumbre era sostenida por una viga de pino colocada en el centro. Los suelos se cubrían con tierra apisonada, a veces con guijarros incrustados.

La leyenda de la Mantua Carpetana

Según la historia contada por el historiador Jerónimo de Quintana (sin ninguna base histórica), la capital de los carpetanos habría sido la legendaria «Mantua Carpetana». Para Quintana, además, era evidente que el origen de Madrid, capital del imperio de los Austria, era esta Mantua fundada en tiempos remotos((En realidad, esta historia fue un intento de borrar la memoria islámica del verdadero origen de Maŷrit, entonces capital de un imperio en guerra contra los turcos.)).

Según este relato, el príncipe Bianor sobrevivió a la Guerra de Troya y buscó refugio en Albania. Allí fundó su reino y su hijo Tiberis le sucedió en el trono, quien a su vez tuvo otros dos vástagos: Tiberis y Bianor, Ocno Bianor.

Ocno no era hijo legítimo, sino el engendrado en relación con una bella mujer llamada Mantua. El padre, preocupado por los problemas de sucesión que se venían encima, expulsó a Mantua y a Ocno lejos de su reino para que más tarde fundaran en Italia la región de la Mantua. Pasado el tiempo, Ocno Bianor tuvo un sueño en el que los dioses le revelaron su destino, situado en dirección a donde se pone el sol. Tras partir y volver a tener el sueño años después, despertó en una hermosa tierra rica en agua, encinas y madroños, habitadas por pastores de rebaños y pequeños agricultores de destino ligado a la madre naturaleza. Los carpetanos o los sin patria esperaban que el emisario de los dioses les indicara donde cesar su nomadismo y asentar sus casas.

Ocno Bianor les contó su sueño y comenzaron a edificar murallas y calles, casas y graneros, tornos de alfarero y fundiciones para el hierro. A la ciudad de pueblos que se había creado se le puso el nombre de Mantua, en honor a su madre, la Mantua Carpetana. A la diosa Cibeles, también llamada Metragirta, se le consagró posteriormente la ciudad, pasando a tomar un nombre que después devino en Magerit y finalmente en Madrid.




8. Antigüedad (I) – La romanización de Madrid

Roma llega a la carpetania

La romanización de Hispania((La romanización es el proceso de asimilación cultural que tuvo lugar en la mayor parte de Europa occidental y los Balcanes en la antigüedad, por el que muchas regiones bajo el poder político de Roma adoptaron sus instituciones, costumbres, organización social y su lengua.)) se realizó conservando muchas de las tradiciones de los pueblos indígenas, y supuso la unificación administrativa de todo el territorio, provocando importantes cambios en todos los ámbitos de la vida.

La unidad básica de organización será la villa, unidad autosuficiente que explota un amplio territorio denominado fundus, compuesta por varias instalaciones entre las que se encuentra la propia residencia del señor y su familia (pars urbana) y otras de carácter agrícola, ganadero e industrial (pars rustica y pars fructuaria).

Los avances dentro del mundo de la construcción fueron también notables, tanto desde el punto de vista técnico con la utilización de nuevos materiales como por ejemplo el hormigón, como de la construcción de infraestructuras.

La zona de la carpetania fue conquistada por Roma en 139 a.n.e., integrándose en la provincia de Hispania Citerior y más tarde en la Tarraconense.

El área madrileña no tuvo la importancia cultural y económica de otras zonas peninsulares, pero su situación central en la Península la convirtió en cruce de comunicaciones que conectaba las dos Mesetas y el nordeste peninsular con la Lusitania.

A pesar de esto, y aunque a veces se ha sugerido lo contrario, la región de Madrid no fue una marginal y sin urbanizar, la romanización fue intensa en las vegas de sus ríos, creándose un asentamientos rurales dedicados a la agricultura y la ganadería.

A principios del s. VI n.e., la actual región de Madrid pasó a formar parte del reino visigodo de Toledo, como la mayor parte de Hispania. Y aunque se hubo grandes transformaciones económicas y sociales, siguió manteniendo su carácter fundamentalmente rural.

Una sociedad rural

Las ciudades romanas de las provincias del Imperio eran consideradas como una nueva Roma, así que mantenían la misma estructura urbana y administrativa que la capital del lmperio.

El único municipio((Un municipium era la segunda clase más alta para una ciudad romana, por detras de las civitates y se establecían en las zonas más romanizadas (provincias senatoriales). Mantenían y adoptaban las instituciones políticas y administrativas romanas pero no tenían el prestigio de las colonias romanas. Aunque su funcionamiento administrativo era igual al de Roma y los ciudadanos tenían los mismos derechos que cualquier romano en las colonias, los municipios necesitaban un reordenamiento jurídico-político para poder considerarse legalmente una ciudad romana.)) bien conocido de época romana es Complutum (Alcalá de Henares), con una población de 50.000 habitantes, que contaba con un foro rodeado de edificios públicos monumentales y casas distribuidas en manzanas regulares, decoradas con mosaicos y pinturas.

Sabemos de la existencia de otros municipios romanos en la región de Madrid, como Titultiam o Mantua, pero desconocemos su localización.

Las ciudades como Complutum tenían un foro((El foro era un espacio público en las antiguas ciudades romanas con funciones comerciales, financieras, religiosas, administrativas y económicas, además de ser el lugar donde los ciudadanos romanos realizaban comúnmente su vida social. En el foro estaban localizados los elementos más importantes de la ciudad: el templo, donde se rendía culto a los dioses y, a partir de Octavio Augusto, al emperador; la basílica, donde se impartía justicia, además de ser el centro de la vida económica; los comicios, que tenían funciones tanto electorales como legislativas, bajo el control del senado; el tesoro (aerarium); la curia, con funciones legislativas; y el archivo (tabularium). El foro se situaba en la confluencia del cardo con el decumano y constituía el centro de la ciudad y de la vida pública romana.)), que era el centro de la vida pública, y a su alrededor se disponían los demás edificios de gobierno y ocio. El foro se situaba en el cruce entre el cardo máximo((Cardo (cardō) es el término empleado en la planificación urbanística en el imperio romano para llamar a las calles con orientación norte-sur en un campamento militar o colonia. El cardo principal es el Cardo Maximus, que se cruza perpendicularmente con el Decumanus Maximus, la otra calle principal.)) y el decumano máximo((Decumano (decumānus) es el término usado para denominar una calle con orientación este-oeste tanto en una ciudad romana como en un campamento militar o en las colonias. El decumano principal era el Decumanus maximus, que se cruzaba con el Cardo Maximus, la otra calle principal. En esta vía se ubicaban los mercaderes, siendo el centro comercial de la ciudad.)), las calles principales de la ciudad. La vida económica se centraba en el mercado.

Plano ideal de una ciudad romana

La casa privada era la domus, y estaba organizada entorno a una serie de espacios:

  • Tablinum: habitación de entrada, recibidor.
  • Peristilo: patio central en torno al cual se disponían el resto de la estancias.
  • Cubicula: habitaciones para dormir.
  • Triclinium: comedor principal y salón.
  • Culina: cocina
  • Balneum: baño.
Esquema de una domus romana

Pero en realidad, la mayor parte de los habitantes de la región vivía en pequeñas aldeas, granjas y villas dedicadas a la explotación agrícola, ganadera y forestal del territorio.

La base de la economía de las poblaciones romanas de Madrid eran los cereales, el aceite y el vino, junto con los cultivos de huerta y la cría de ovejas.

En el municipio de Madrid los hallazgos de época romana se concentran en los valles del Manzanares, con las villas de Villaverde, Carabanchel o Puente de Segovia, y del Jarama, con la villa del Rasillo. Entre ambos ríos, en Los Berrocales (Vicálvaro), se ha documentado una aldea romana con calles porticadas y pavimentadas.

El campo romano

La intensificación de las prácticas agrarias provoca una mejora y diversificación de los útiles agrícolas, la mayoría de los cuales han continuado usándose hasta nuestros días, como el arado. También se obtienen múltiples excedentes agrícolas que son exportados a otras zonas del Imperio y a las ciudades hispanas que ahora experimentan un importante crecimiento. Concretamente Hispania se caracterizó por la producción de trigo, vino y aceite.

La producción de cerámica también adquiere una importancia inusitada. Los hornos rurales producían tanto para abastecer a las villae como a las ciudades; hornos como los aparecidos en Villamanta o Villarejo de Salvanés funcionaron como pequeños centros alfareros a escala local.

El horno del Guijo

En el Museo Arqueológico Regional de Madrid (Alcalá de Henares), se conserva un horno completo que fue descubierto en el yacimiento del Guijo, en la zona de Barajas, y que ha sido datado a finales del s. I o principios del s. II n.e.

Horno cerámico de El Guijo (Fuente: Museo Arqueológico Regional de Madrid)

Este tipo de hornos estaba compuesto por varias partes:

  • Praefurnium: lugar por donde se alimenta el horno.
  • Cámara de fuego: lugar donde se hace el fuego y se produce calor.
  • Techo de la cámara de fuego: hacía de suelo de la cámara de cocción y solía estar perforado por una serie de agujeros para canalizar el gas de dicha cámara.
  • Laboratorio: cámara de cocción, situada sobre la cámara de fuego, lugar en el que se cocían las piezas cerámicas.

Las villas: residencias señoriales

Las villas eran a la vez establecimientos agrarios y residencia de sus propietarios. En la parte destinada a la vivienda, la parsurbana, estaban las estancias de mayor calidad y lujo, con paredes pintadas y pavimentos de mosaico: el oecus o zona de recepción, el comedor o triclinium y los dormitorios, generalmente organizados en torno a un patio o dispuestos a lo largo de un corredor con columnas. Los muros tenían zócalos de piedra y paredes de ladrillos o de adobe y las cubiertas eran principalmente de tejas, rematadas en el alero con antefijas((Una antefija (del latín antefixa, fijar por delante) es un adorno arquitectónico, una pieza vertical que se coloca el extremo inferior de las tejas, en las cubiertas. En grandes edificios, la cara de las antefijas de piedra eran talladas con sumo detalle, a menudo conforma de hoja de palma. En edificios de menores proporciones se usaban antefijas modeladas en cerámica, por lo general terracota, que podían estar decoradas con figuras o máscaras, especialmente durante el período romano. En esta época era común encontrarlas en numerosos edificios y en casas particulares. )) de cerámica realizadas a molde.

Más que una bella residencia

La función principal de las villas era la explotación agropecuaria del territorio circundante, donde se situaban los cultivos y los pastos. Estas actividades y las de transformación requerían espacios en la misma villa o cercanos a ella.

En establos y corrales se guardaban el ganado o los animales de faena. En graneros y en grandes tinajas semienterradas se almacenaban el cereal, las legumbres o el vino. Lagares y depósitos de fermentación servían para el procesamiento de vino o aceite. Herrerías, carpinterías, hornos de cerámica o de fabricación de cal aseguraban cierta autosuficiencia a la explotación.

La villa de Villaverde

Fue la primera villa romana excavada en Madrid, en 1929. En ella se documentaron espacios tanto de la pars urbana como de la parsrustica. Tenía una galería cubierta a la que daban las habitaciones, dos de ellas con mosaicos. En la parte posterior se abrían varios patios destinados a labores agrícolas. Las habitaciones principales tenían decorados sus muros con pinturas, a base de zócalos pintados en amarillo o rojo, sobre los que se distribuían paneles imitando diversos tipos de mármoles y separados por motivos vegetales o lineales. A menudo, la parte superior de los paneles se enmarcaba con molduras de estuco.

Reconstrucción de la villa romana de Villaverde (Museo de San Isidro)

Los mosaicos romanos

Uno de los elementos más sobresalientes de las clases acomodadas en época romana eran los mosaicos. Concebidos como elementos de prestigio entre las clases nobles, también fueron vehículo de transmisión de los nuevos valores del Imperio. Los romanos tomaron de los griegos la técnica de utilizar mosaicos para adornar sus viviendas y se solían colocar en el suelo. Sólo a partir del s. IV n.e. los mosaicos comienzan a colocarse en las paredes.

Mosaico de las cuatro estaciones

Descubierto a comienzos del s. XIX, fue el primer hallazgo romano importante en Madrid. En él se representaban las estaciones del año, de las que solo se había conservado el Otoño, en la esquina superior derecha. Restaurado poco después, una incorrecta interpretación repitió ese motivo en las otras esquinas.

En el emblema central es visible una pantera llevada por la mano de un hombre perteneciente a algún personaje del cortejo báquico. Ambas decoraciones eran típicas en los comedores de las villas y casas romanas.

Mosaico de las Cuatro Estaciones, Carabanchel (Museo de San Isidro)

Custos domi: la protectora de la casa

Adornos, joyas, utensilios ligados al cuidado y la higiene personal, así como herramientas de tejer que aparecen en habitaciones, en tumbas o representados en relieves, se asocian con la mujer e identifican su presencia, aunque los hombres también dedicaban tiempo a su cuidado personal, utilizaban utensilios y cosméticos similares y llevaban adornos y joyas.

El papel de la mujer en el contexto doméstico de la villa era el de administradora de la casa y sus bienes y custodiaba llaves, armarios y despensas, además de encargarse de las tareas relacionadas con el tejido.

Conjunto de vidrios romanos (Museo de San Isidro)

Los dioses de las pequeñas cosas

Del mundo rural al que pertenecían villas y aldeas han quedado pocos testimonios religiosos. El culto doméstico, dirigido por el pater familias, se centraba en los lares((Los lares eran deidades romanas hijos de Lara (o Larunda), una de las náyades, y el dios Mercurio (algunas fuentes mencionan a Júpiter) cuyo origen se encuentra en los cultos etruscos a los dioses familiares. Las familias romanas sentían una gran veneración por los lares, que representaban en forma de pequeñas estatuas. Estas se colocaban tanto dentro como fuera de la casa en pequeños altares llamados lararia (lararium en singular), donde se realizaban ofrendas o se les rendía oración. En la casa, el larario solía situarse en el atrio, lo más cerca posible de la puerta principal. En el caso de los apartamentos, se colocaba cerca de la cocina, aunque en una misma casa podían existir varios y no era extraño que se encontrasen en los dormitorios. Lo que era importante, sin embargo, es que no estuviesen en lugares poco transitados o escondidos, con el fin de que no fuesen ignorados u olvidados. En los primeros tiempos romanos cada casa tenía al menos una estatuilla, más adelante surge cierta confusión entre éstas y las de los manes, almas de los antepasados muertos.)) o dioses familiares.

Cabeza de dios Silvano, villa de Villaverde (Museo de San Isidro)

En Madrid, este culto doméstico está documentado por una estatuilla de Minerva descubierta en el s. XIX y una cabeza del dios Silvano que corresponde a este ambiente pues se trataba de una divinidad protectora de los límites de la propiedad y de la casa, y, en general, del mundo agrícola y silvestre.

Diana cazadora

La adoración a los dioses estaba ampliamente extendida en el Imperio romano. Representados con forma humana, reflejaban todos los aspectos de la vida y a ellos se les rendía culto con procesiones, sacrificios, plegarias y ofrendas, para implorar la gracia divina o para agradecer el beneficio recibido.

Diana cazadora, Casa de Hypollitus (Alcalá de Henares)

Diana era la diosa itálica y romana identificada con la Artemis griega y primera divinidad femenina del panteón hispanorromano. La caza era su actividad preferida y casi siempre iba acompañada de un ciervo o un perro, vestida con una corta túnica y sandalias de caza, armada con un arco y un carcaj lleno de flechas.

Esta escultura de mármol blanco, del s. IV n.e., fue hallada en la Casa de Hippolytus y se realizó para el culto y la protección de los jóvenes aristocráticos de Complutum. Su culto en Hispania parece privado, propio del ámbito popular y dentro de un ambiente íntimo y doméstico.

El adorno personal

La preocupación por el aseo y adorno personales se documenta durante toda la época romana, pudiéndose observar una evolución de los tocados desde época republicana (Ss.II/I a.n.e.) hasta momentos finales del Imperio (S. V n.e)

Los tarritos de unguentos junto a pequeñas cucharillas (ligula), las pinzas y los peines para el cabello son testigos de la importancia que tenían estos utensilios para la belleza femenina en la vida cotidiana. Las agujas para el pelo (acus) eran uno de los útiles más característicos del adorno personal femenino. Se emplearon no sólo para configurar peinados, sino también para realizar tocados (sujeción del velo), ejerciendo también de elementos decorativos. El uso de pelucas fue muy frecuente.

Se hacían toda clase de esfuerzos para disimular cualquier señal de edad. Había maquillaje especial importado de la India y también se utilizaba el albayalde((Albayalde (del árabe al-bayūd, «blancura») es el nombre dado carbonato básico de plomo (II), un pigmento empleado tradicionalmente en pintura artística, y, por extensión, también al color de ese pigmento. Son sinónimos de albayalde: blanco de plomo, cerusa, blanco de cerusa, cerusita, blanco de cerusita, blanquíbolo y orín de plomo.)) o yeso blanco para obtener un aspecto más pálido. Algunas mujeres se aplicaban lodo mezclado con excrementos de cocodrilo. Se conservan recetas para hacer mascarillas; una de ellas consistía en mezclar cebada, bulbos de narciso, astas de venado pulverizado y miel para tener un cutis suave y radiante.

Vajillas de lujo

Las vajillas romanas de lujo son uno de los elementos arqueológicos más característicos de los yacimientos de esta época. Entre la cerámica fina de mesa destaca la terrasigillata, con recipientes lisos y decorados a molde, con ruedecilla o burilado.

Hubo una gran diversidad del ajuar de mesa, que estaba compuesto de objetos tanto de cerámica como de vidrio o de metal. En las mesas más pudientes se dispuso la costosa vajilla metálica y debieron existir recipientes de materiales perecederos como la madera o el cuero, aunque destacan los recipientes cerámicos de terrasigillata.

Cuenco de terra sigillata (Museo de San Isidro)

Los romanos usaban servicios individuales, en los que cada comensal tenía su propio juego formado por vaso o copa, cuenco y plato. Algunos recipientes presentan grafitos((Término que proviene del italiano graffito (pl. grafitti), que significa «marca o inscripción hecha rascando o rayando un muro» y del mismo modo arqueólogos y epigrafistas llaman a las inscripciones espontáneas que han quedado en las paredes o en algunos objetos y utensilios desde tiempos del Imperio romano.)), una forma de marcar la pertenencia del objeto dentro de las series repetidas.

La evolución de usos y gustos culinarios trajo consigo una evolución formal de los recipientes. En época tardorromana se reduce el repertorio de la vajilla predominando cuencos, platos y bandejas de grandes dimensiones.

Las calzadas romanas

El auge del comercio experimentado en la región en época romana implica la mejora de las vías de comunicación. Las vías romanas eran verdaderas obras de ingeniería con toda una infraestructura asociada de posadas donde el viajero podía pernoctar (mansio) y también existían otras instalaciones más modestas en la que se podía descansar y relevar las caballerias (mutationes). Junto a las vías se colocaban miliarios que marcaban las millas recorridas (1481 m) y tabelarii que marcaban el camino cada cien pasos (148 m)

En la región madrileña encontramos la confluencia de algunas de las vías principales que unían a Emerita Augusta (la actual Mérida) y Cartago Nova (Cartagena), con Caesaraugusta (Zaragoza) y Tarraco (Tarragona). Relacionado con este nudo de comunicaciones, el único núcleo de población localizado en nuestra comunidad con un trazado urbano netamente romano es el de Complutum (Alcalá de Henares).

¿Como se enterraban?

La sociedad romana rendía especialmente culto a sus antepasados. Así los cementerios se colocaban entorno a las vías de entrada a las ciudades y eran muy parecidos a los de hoy en día, con las tumbas señalizadas con estelas y monumentos funerarios cuyas características dependían de la categoría social del difunto. Las inscripciones de las estelas reflejaban el nombre, la edad, nombres de familiares y otros aspectos de la vida del individuo, así como los deseos de felicidad en el más allá. Las tumbas tenían como finalidad hacer ver a los vivos que allí se encontraba alguien que en otro tiempo fue como ellos, y despertar un sentimiento de recuerdo y compasión.

Con el paso del tiempo los ritos funerarios fueron cambiando desde la incineración en los momentos más antiguos de la romanización, a la inhumación, que cuenta con numerosas evidencias en los alrededores de Complutum. El ritual de cremación consistía en quemar el cadáver, enterrando las cenizas dentro de una urna que podía ser de piedra, cerámica, metal o vidrio. En cuanto a las técnicas de inhumación, sistema detectado desde el segundo tercio del s. II n.e. consiste en el enterramiento del cadáver en un ataúd de plomo, madera, tégulas((Tejas romanas.)) o piedra. A veces podía colocarse directamente en la tumba, simplemente amortajado.

Estela funeraria

Los romanos señalizaban las tumbas de sus antepasados de diferentes formas. Las más comunes eran la estelas, de diferentes formas, que llevaban casi siempre una inscripción con los datos personales y familiares del difunto.

La estela funeraria de T. Valerius Syrus y Arruntia Pusinca (s. II avanzado/principios del s. III n.e.) estaba rematada a modo de altar y tenía en el centro dos inscripciones epigráficas:

T(ito) VALERIO SYRO VAL(eri) CRESCENTIS LIB(erto) AN(orum) XL VALERIVS CRESCENS F(ilius) F(aciendum) C(uravit) D(is) M(anibus)

Para Titus Valerius Syrus, liberto de Valerius Crescens, que murió con 40 años, hizo (este monumento) su hijo Valerius Crescens. (Consagrado) a los Dioses Manes

ARRVNTIE PVSINC(a)E AN(orum) LX VAL(erius) CRESCE(n)S F(ilius) F(aciendum) C(uravit)

Para Arruntia Pusinca, que murió con 60 años, hizo (este monumento) su hijo Valerius Crescens.

El monumento fue erigido por Valerius Crescens en honor a sus padres. Los nombres de los difuntos nos hablan de su origen: el nombre de Syrus refieja un ambiente servil y, además, lleva el nombre de su patronoValerius– y Pusinca es un nombre indígena.