4. Arte prehistórico (II) – Monumentos megalíticos en la región de Madrid

Megalitismo en Madrid

Aunque aún es poco conocido y está en proceso de ser investigado y puesto en valor, la región de Madrid posee un abundante patrimonio megalítico((Del griego μεγας, megas (grande) y λιθος, lithos (piedra), el megalitismo es un fenómeno cultural focalizado en el Mediterráneo occidental y la Europa atlántica, que se extiende desde finales del Neolítico hasta la Edad del Bronce (entre ca. 5.400 a. n. e. y ca. 1.400 a. n. e.) y que se caracteriza por la realización de diversas construcciones con grandes bloques de piedra escasamente trabajados denominados megalitos. Aún no existe consenso sobre cuál pudo ser el uso de los monumentos megalíticos. Las explicaciones posibles son: centros simbólicos o rituales, tumbas colectivas, elementos de equilibrio social, delimitación territorial, de prestigio o de poder de la comunidad…)).

Poco a poco van apareciendo dólmenes((Dolmen – del bretón que significa «mesa de piedra» (de dol = mesa y men = piedra). El dolmen está formado por dos o más ortostatos (bloques o losas verticales) sobre los que se apoya una losa colocada horizontalmente. Una variedad más compleja es el Dolmen de corredor y cámara, formado por un pasillo o galería que conduce hasta una o dos cámaras. En todos los casos estuvieron recubiertos por un túmulo de tierra de varios metros de diámetro, a modo de colinas artificiales, que les daban aspecto de cueva.)), piedras caballeras((Rocas de granito de tamaño grande que se apoyan en el suelo, o sobre otras, sobre una base estrecha que les da un cierto aire de inestabilidad. O amontonamiento en vertical de piedras graníticas con cierto aire de inestabilidad.)), alineaciones((Agrupaciones en hileras de menhires.)), túmulos((Montón de tierra y piedras levantado sobre una tumba o varias, y cuya cronología va desde el Paleolítico a la Edad del Hierro)) o menhires((Menhir – (Del bretón, piedra larga). Un único megalito (monolito) hincado en el suelo verticalmente. A día de hoy no se le puede dar un uso claramente funerario.)), que demuestran la intensa actividad humana que tuvo la zona durante las últimas etapas de la Prehistoria.

La Sierra de Guadarrama es especialmente rica en construcciones megalíticas. Hace quince años fueron hallados varias en El Escorial (El Rincón, Las Zorreras y El Dehesón), Alpedrete (Cerca de las Hachas, El Tomillar y El Cañal), Collado Mediano (El Jaralón), El Boalo y Galapagar.

Salvo algunas excepciones, los lugares exactos de estos monumentos no se han hecho públicos: los arqueólogos que los han descubierto han tenido un especial cuidado para no divulgar demasiados datos, para evitar expolios y ataques vandálicos.

El Dolmen de Entretérminos (Collado Villalba)

De este monumento megalítico se tiene constancia desde hace más de ochenta años. Fue el primer megalito prehistórico encontrado en Madrid y el único catalogado como tal hasta el descubrimiento a principios del s. XXI del Túmulo de las Vegas del Samburiel.

Totalmente expoliado y destruido, sus huellas pueden encontratse en Collado Villalba, justo en el límite con Alpedrete, de donde le viene el nombre de Entretérminos.

Se conoce desde 1934, cuando Demetrio Bravo, un vecino de Collado Villalba, decidió utilizar sus piedras para reparar un cercado próximo. Al mover las lajas, que estaban medio ocultas dentro de un montículo de tierra, encontró diversos objetos, correspondientes al ajuar de uno o varios enterramientos.

Bravo solicitó permiso a las autoridades para excavar el lugar, haciéndolo sin ninguna metodología, buscando metales preciosos con los que enriquecerse.

Según Teodoro Marquina, uno de los obreros que trabajaron en la excavación…

«cuando salió el puchero de barro [tal vez un vaso campaniforme] completamente nuevo y tapado, [Demetrio Bravo] le pegó un estacazo con el pico para sacar las monedas, pero se encontró que estaba vacío».

Durante la Guerra Civil se destruye prácticamente el dolmen. Exceptuando dos, todas las losas fueron extraídas para ser colocadas en fortines militares, y se perdió la mayor parte de los objetos descubiertos tras ser saqueada la vivienda donde estaban guardado.

Todo lo que queda es el vestigio de su planta y algunos restos en el Museo de San Isidro, conservados gracias al marqués de Loriana, que los recuperó en 1942. Pudo recuperar un hacha de cobre, un puñal, un cuchillo, una punta de lanza con un pedúnculo alargado en cobre y dos vasos campaniformes del tipo marítimo, además de una cinta o diadema de oro, que actualmente no se encuentra expuesta en el museo.

De lo perdido se tiene conocimiento de una pieza de oro con varios orificios y diferentes punzones y brazaletes que parecen confirmar que la persona enterrada era alguien de cierto rango social.

Datado en el Calcolítico, ca. 2.500-1.800 a.n.e., el dolmen de Entretérminos era del tipo de corredor y cámara y cuando estaba en pie, se encontraba cubierto por un montículo artificial, de unos 30 m de diametro, y rodeado perimetralmente por lajas verticales que sustentaban la ladera del túmulo.

Reconstrucción del dolmen de Entretérminos
(Fuente: Revista «Apuntes de la sierra»)
Ajuar del dolmen de Entretérmios
Restos del dolmen de Entretéminos

Campo de menhires de la Manguilla (El Escorial)

El campo de menhires de El Escorial ocupa todo el Parque de la Manguilla, delimitado por diferentes urbanizaciones, la carretera M-505, el arroyo del Batán y la línea de ferrocarril Madrid-Irún. Tiene un perímetro de aproximadamente 1400 m y una superficie de unas 9,2 ha.

Este campo de menhires es singular dentro de este tipo de monumentos prehistóricos, ya que la mayoría se han descubierto en las Islas Británicas, Escandinavia y norte de Francia. Además, es el primero encontrado en la península ibérica.

Las edificaciones cercanas y la construcción de un auditorio, una pista para patinar, un parterre y una amplia explanación con una zona deportiva y otra donde se desarrollan festejos taurinos mediante una plaza desmontable, han supuesto un expolio de los megalitos que en su día formaron el conjunto.

A pesar de ello, aún se conservan 131 menhires: desde rocas más o menos grandes hasta monolitos de 1,75 m, siendo los más abundantes los de cerca de 1 m de altura.

Los menhires que se conservan pueden clasificarse en cuatro categorías:

  • Monolitos de granito gris de grano medio, como el usado en el interior de la basílica y en los pórticos del Patio de Reyes del monasterio de San Lorenzo.
  • Monolitos de granito de grano grueso, el tipo de piedra usado en las fachadas del monasterio.
  • Monolitos de leucogranito, de una tonalidad rojiza.
  • Monolitos de gneis, material abundante en el monte Abantos.

Las formas de los menhires son variadas: estilizados, en laja, alentejada, agarbazada, piramidal, etc. Y se puede ver fácilmente su cara de extracción((Lado que ha sido trabajado para extraer el monolito de la roca madre en la que se encontraba.)).

Los estudios sobre el terreno estiman que el campo de menhires de El Escorial habría tenido una densidad parecida a la actual de la alineación de Le Mènec en Carnac y que los menhires desaparecidos por una u otra causa sobrepasan los 500, aunque muchos de ellos se encuentran aún en el mismo parque, en acumulaciones, lindes de caminos o en la salida de la tajea del ferrocarril Madrid-Irún; otros forman parte de valados y muros de algunas casas del municipio.

Mediante un análisis estadístico de los menhires existentes, se llegó a la conclusión de que la dirección más probable de alineamiento sería noroeste-sudeste. Y aunque se suele considerar que las alineaciones de menhires señalan un determinado sitio o un fenómeno astronómico, como la salida y puesta de sol en determinadas fechas como los equinoccios o los solsticios, en el caso del parque de la Manguilla no se aprecia ninguno de estos fenómenos.

Pero si que podemos encontrar algunos menhires inexplicablemente juntos, a distancias de centímetros, siendo uno de ellos de granito berroqueño y el otro un leucogranito, y que aparentemente funcionan a modo de «mirillas», marcando una línea visual hacia el pico de Abantos y hacia una cumbre de las Machotas.

Menhires del parque de la Manguilla
Fuente: Revista digital del Cedex




2. Arte prehistórico (I) – El arte rupestre en Madrid

El arte rupestre de Madrid

La mayoría de los restos de arte rupestre((Arte rupestre: del latín rupestris, y este de rupes (roca). Hace referencia a actividad humana sobre las paredes de cavernas, covachas, abrigos rocosos, farallones, barrancos…)) conservados en Madrid datan del Paleolítico Superior((Última etapa del Paleolítico, se extiende aproximadamente entre los años 40-30.000 a.n.e. y el 12-10.000 a.n.e.)), fundamentalmente de los periodos Solutrense y Magdaleniense((20-15.000 a.n.e. y 17-10.000 a.n.e.)).

Es muy interesante el hecho de que casi todas las manifestaciones (pinturas, dibujos y grabados) se encuentran diseminadas por un área relativamente concentrada y la constatación de que los estilos y tipos de representaciones son similares, pero a día de hoy, tanto el mal estado de conservación como la deficiencia en los métodos con los que se investigaron en su momento((Muchas de estas investigaciones fueron realizadas a finales del s. XIX y primera mitad del s. XX, sin hacer mucho caso al método sistemático de recogida y registro.)) hacen muy difícil sacar conclusiones. Lo poco que podemos decir sobre el arte rupestre de nuestra región, a parte de que existe, es meramente descriptivo:

  • La localización de los yacimientos es fundamentalmente en zonas fluviales, como los valles del Jarama y el Manzanares.
  • Su cronología se ciñe básicamente a la última parte del Paleolítico Superior.
  • La calidad de la materia prima usada es bastante buena y se encuentran pocos restos de materiales traídos de otras zonas.
  • Encontramos una gran densidad de representaciones en los yacimientos.
  • Aparecen representaciones antropomórficas((Con forma humana o similar a la humana.)), animales, geométricas y abstractas((En realidad, no sabemos si son abstractas o si aún no hemos identificado su significado.)).

Arte paleolítico: la cueva del Reguerillo, Patones

La Cueva del Reguerillo, en Patones, es la cavidad más importante de la Comunidad de Madrid y forma parte del Sistema Central, zona de Somosierra. Concretamente, la cueva se localiza en el cerro de La Dehesa de la Oliva (860 m s.n.m.), cerca de la presa del Pontón de la Oliva del Canal del Lozoya, parte de la red de embalses del Canal de Isabel II.

Fue declarada Monumento Histórico Artístico de la Nación en 1944 por contener grabados rupestres paleolíticos. En 1991 la zona de calizas dolomíticas, desde el Pontón de la Oliva hasta el límite del municipio de Torremocha del Jarama fue declarada Bien de Interés Cultural, con categoría de Zona Arqueológica, por las cuevas y yacimientos arqueológicos situados en este sector, muy maltratados y en pésimo estado de conservación.

En 1909 se limpió la caverna, aprovechando las obras de la presa. Se extrajeron algunos restos humanos y algunas piezas arqueológicas. Los materiales fueron estudiados por M. Antón y presentados en la sesión de abril de 1910 de la Sociedad Española de Historia Natural. Según Antón, los restos humanos corresponderían a la raza de cromagnon y a época neolítica.

Huellas de oso cavernario (Ursus spelaeus) en la cueva del Reguerillo
Cabra prehistórica (Capra ibex) encontrada en la cueva del Reguerillo – Museo Geominero de Madrid

Con posterioridad se encontraron grabados en los muros, producidos con puntas de piedras duras, como silex o cuarcita, que fueron estudiados por Manuel Maura en 1951, quien los reconoció, erróneamente, como de época auriñaciense.

Maura realizó una serie de dibujos y calcos sobre los grabados, que según su interpretación «representan los grabados diversidad de trazos serpentiniformes, otros signos y figuras de peces, un ciervo de tamaño pequeño, y otros animales de la fauna venatoria, todo ello de tosco carácter. El estudio está pendiente de publicación.» Este estudio nunca llegó a publicarse.

Hasta finales del s. XX no se retomó el estudio del contenido artístico de la cueva, que no ha dejado de interesar a los investigadores en todos estos años y que ha llegado a nuestros días en un estado de salud muy grave.

Los grabados prehistóricos del Reguerillo

La parte más importante de los hallazgos de arte rupestre en la cueva del Reguerillo es el denominado «Gran Panel», estudiado por Maura.

En este panel y en otras zonas de la cueva podemos encontrar una serie de grabados superpuestos, dibujados con puntas de sílex o cuarcita, en los que se ven distintos tipos de representaciones:

  • Retícula de líneas horizontales y verticales que se cruzan.
  • Signos indeterminados, líneas, puntos.
  • Figuras animales: ciervas, peces, un mamut, cabras…
  • Figuras antropomórficas.

En difícil dar una cronología del arte del Reguerillo, porque actualmente disponemos de pocos datos. Lo que si se puede asegurar es que no son del Auriñaciense como propuso Maura, por detalles como el mamut del panel de los antropomorfos, que nos indica que las figuras fueron grabadas en periodos avanzados del Paleolítico Superior.

Por el tipo de representaciones, los expertos aseguran que nos encontramos ante un santuario prehistórico, en el que fue representado un bestiario reducido y acorde a la fauna que podía encontrarse en la zona en la época en que fue compuesto.

Arte esquemático: el abrigo de la Enfermería, Pelayos de la Presa

Introducción

Dos abrigos((Oquedades naturales formadas por un peñón de granito inclinado sobre el suelo de roca y abierto que conforma un espacio angular abierto al exterior.)) con pintura rupestre en el término de Pelayos de la Presa, en la ladera meridional del monte San Esteban, que forma parte de las estribaciones montañosas del Sistema Central.

Los dos abrigos forman parte del mismo roquedo y son producto natural de la forma de la mismo bloque de granito.

Ambos lugares son denominados genéricamente La Enfermería y fueron descubiertos en 1989 al realizar la Carta Arqueológica a cargo de Carmen Jiménez, Amparo Matín y otros.

En la primavera de 1991, el Servicio de Arqueología de la Comunidad de Madrid contrató los servicios de una empresa privada para colocar unas rejas de hierro que cerrasen los abrigos. Estos cierres permiten la circulación de aire y la visión de las pinturas.

No hemos conservado ningún contexto arqueológico directamente relacionado con las pinturas que permitan datarlas con exactitud. En la zona oeste del roquedo en el que se abren los abrigos se encontraron dos lascas de sílex y algún pequeño fragmento de cerámica hecha a mano, difíciles de clasificar cronológicamente. Una primera hipótesis es que tendrían unos 5.000 años de antigüedad, lo que las clasificaría dentro del periodo neolítico final o en la temprana Edad del Cobre.

Las pinturas de ambos abrigos se encuentran muy deterioradas por la acción atmosférica, la proliferación de musgos, líquenes y algas y por alteraciones humanas (pintadas modernas).

Ténica y temas

La técnica que se usaron para realizar las pinturas fueron la línea continua, la yuxtaposición de trazos, las manchas, el tamponado con dedos

En el abrigo 1, fue usada una bicromía rojo anaranjado/negro, con predominación del rojo anaranjado. En el abrigo 2 predominan los colores granate oscuro y rojo anaranjado

Todas las representaciones que se conservan son de tipo esquemático-abstracto.

Las pinturas

El abrigo 1 contiene un mínimo de 21 motivos rojos y algún resto de puntos y barras y un haz de líneas formadas por puntuaciones en negro. La composición es en friso horizontal, con los motivos aparentemente en doble línea, respetando la separación entre las distintas pinturas. Sólo los dibujos en negro adoptan disposición diagonal.

En este abrigo podemos encontrar un grupo de 12 antropomorfos, signos ramiformes((Con forma de rama)), soliformes((Con forma de sol)), idoliforme((Con forma de ídolo)), alveolado, geométricos abiertos, haces de líneas, barras y puntos.

En el abrigo 2 encontramos 4 motivos y algunas manchas de color, esta vez formando un esquema vertical.

Los motivos son soliformes y barras.




9. Antigüedad (II) – Las vías romanas de Madrid

Introducción: las vías romanas

Las vías romanas, también conocidas como calzadas, formaban una red de caminos que fueron utilizados por el Imperio Romano para la vertebración de su territorio.

Originalmente se usaban para el transporte de soldados y acabaron contribuyeron al auge del comercio y al esplendor del Imperio. Esta gran red viaria llegó a tener cuatrocientos mil kilómetros de longitud en el s. III n.e.

Tipos de vías

Existieron distintos tipos de vías:

  • ViaePublicae: vías públicas. Eran las más importantes, estaban pavimentadas y eran construidas y mantenidas por el Estado, con la colaboración de las ciudades y propietarios de los terrenos que atravesaban. Podían tener anchuras de hasta 12 m. Su gestión estaba dirigida por el curator viarum, un funcionario del Estado encargado que la ejecución de la obra se llevara a cabo según el proyecto y también de la conservación y reparación de la misma. Otros nombre que recibían eran vías pretorianas, consulares o militares.
  • Viae Vicinale: vías vecinales. No se pavimentaban y se limitaban a un prensado de la tierra.
  • Viae Privatae: vías privadas. De carácter exclusivamente privado, unían las principales propiedades o villae, con las vías públicas o vecinales. Estaban financiadas en su totalidad por el propietario, que era el único que tenía derecho a su uso y disfrute.

Las calzadas estaban marcadas por hitos, las piedras miliares((Se denominaban piedras miliares porque solían colocarse cada milla (5.000 pies, unos 1.481 m), aunque esto no era exactamente así, ya que en realidad lo que marcaban era la distancia hasta el siguiente hito.)), que marcaban las distancias. Se colocaban en los bordes de las vías públicas y vecinales para que los viajeros supieran el punto en el se encontraban y lo les quedaba por recorrer hasta la siguiente ciudad.

Los alojamientos

A no ser que fuese estrictamente necesario, no se viajaba de noche, por lo que a lo largo del camino había pequeños albergues, a veces con establos, para poder descansar del largo camino.

Además, en torno a las calzadas se levantó una serie de establecimietos en los que se daba alojamiento y comida. Según su importancia, podían ser:

Mutatio: localizadas cada 12-18 millas, eran paradas para descansar en las que se cambiaban los caballos para tomar otros de refresco. También eran lugares para la reparación de los vehículos que se dañaban durante el viaje y en los que se podían encontrar medicinas y veterinarios para los animales.

Mutatio romana

Caupona: postas para descansar, dormir, comer y esparcirse para relajarse después del viaje. Estaban destinadas a personas de pocos recursos económicos, aunque también había cauponas de lujo, aunque eran pocas. Cada caupona estaba regentada por un caupo.

Reconstrucción de una caupona, Pompeya

Mansio: paradas para personas de grandes recursos económicos que viajaban a las principales ciudades del Imperio, aunque con el tiempo acabaron alojando a todo tipo de viajeros. Estaban ubicadas en las vías públicas y eran mantenidas por el Estado. Disponían de espacios para recepción, baños termales, habitaciones, comedor, cocina con horno, granero y establos.

Mansio romana

Taberna: con una calidad un poco mayor que las cauponas, servían como alojamiento a los viajeros que tenían mayores recursos económicos.

Proceso de construcción de una vía romana

Construcción de una calzada romana
  • Deforestación del área donde estaba proyectada la calzada.
  • Explanación o allanamiento del firme o del terreno.
  • Delimitación del firme mediante la construcción de los bordillos y que recorrían toda la longitud de la calzada.
  • Cimentación en el espacio comprendido entre los bordillos a base de piedra en bruto, el statumen, para crear una capa sólida y resistente que soportase el peso que iba a circular por la vía (tropas militares, carros de mercancías…). Esta capa evitaba que la calzada sufriera daños o grietas que tuvieran que estar reparándose con frecuencia.
  • Capas intermedias, los rudus y nucleus, sobre la de cimentación, compuestas de un relleno de arena o grava, en una o varias capas que iban disminuyendo su grosor según se ascendía hasta la más superficial. Después se procedía al apisonado de cada una de las capas de relleno de arena o grava.
  • Capa de rodadura, dorsum, agger viae o pavimentum, el revestimiento final de la superficie de la calzada. Preferentemente se usaban cantos rodados apisonados mezclados con arenas aunque también se utilizaban materiales de grano fino. Este tipo de acabado permitía una circulación más suave y un ahorro en reparaciones de ruedas de carros de mercancías o herrajes de los caballos y carros de combate. En las ciudades y en las vías importantes, las calzadas se adoquinaban con piedras talladas de forma irregular.

El Itinerario de Antonino

El Itinerario de Antonino es un documento del s. III n.e. que recopila las calzadas que cruzaban el Imperio.

En cada ruta se identificaban las mansiones que podían encontrarse, correspondencias y las millas entre los distintos núcleos de población. Aunque por sus indicaciones, parece más una guía para facilitar la recaudación de impuestos, las distancias recogidas nos han permitido localizar muchos emplazamientos desaparecidos y calzadas romanas no documentadas por otras fuentes.

Recoge 372 rutas por todos los territorios controlados por Roma en la época, de las cuales 34 corresponden a las provincias de Hispania (vías I a la XXXIV). Todas son vías públicas, no hay en la recopilación ningún camino vecinal((De estos tenemos referencias por Plinio el Viejo, Estrabón y otros escritores.)).

Calzadas hispanas en el Itinerario de Antonino

Gracias a esta guía sabemos que por la actual región de Madrid pasaban dos calzadas importantes:

Vía XXIV: de Emerita((Mérida)) a Caesar Augusta ((Zaragoza)), llegaba desde Secobia((Segovia)) y pasaba por Titulciam((Mansio que aparece recogida entre Miaccum y Complutum en el itinerario XXIV y entre Toletum y Complutum en el XXV. Se identifica habitualmente con la actual Titulcia, aunque existen discrepancias y hay quien la sitúa en el municipio de Móstoles.)), Miaccum((Mansio situada sobre la calzada entre Secobia y Titulciam. Se han barajado distintas teorías sobre su localización: Las Rozas, el arroyo de Meaques (al sur de la Casa de Campo, en torno al Zoo y al Parque de Atracciones) o en el entorno del antiguo municipio de Carabanchel (cerca de la cárcel de Carabanchel y de la estación de metro de Eugenia de Montijo, muy próxima a la Ermita de Santa María la Antigua). Las ultimas teorías, sugeridas tras el hallazgo de los restos de una posada romana, la sitúan en Collado Mediano)) y Complutum((Alcalá de Henares)).

Vía XXIV – «Item ab Emerita Caesaraugusta»

Vía XXV: otro itinerario de Emerita a Caesar Augusta, también pasaba por Titulciam y Complutum, pero esta vez llegaba desde Toletum.

Las vías romanas en Madrid

Calzada romana de la Fuenfría (Carcedilla)

Situada en la parte más septentrional del Valle de la Fuenfría, en la mayor parte de su trazado coincide con la actual carretera M-966 y todavía quedan diversos tramos visibles a lo largo de una longitud de unos 2,25 km.

Los restos que se conservan empiezan cerca del puente de la Venta, y presentan distintos grados de conservación, desde tramos apenas apreciables hasta tramos en los que se conserva el enlosado de la vía.

El trazado continúa hasta pasar el puerto de la Fuenfría en el límite del término municipal, y se prolonga hasta la provincia de Segovia.

Los restos visibles consisten en un camino empedrado muy mal conservado, con una ancho variable, debido a las sucesivas reformas y ampliaciones que ha sufrido, entre los 3,5 y los 14 m. Su construcción, aunque no presenta las capas superpuestas de las calzadas romanas canónicas, está ejecutada de forma muy cuidadosa.

Calzada de la Fuenfría a su paso por Cercedill

De la misma época que el antiguo trazado de la calzada, se levantan cuatro puentes que salvan en sucesivos puntos el río de la Venta:

Puente del Molino o del Reajo, el mayor de todos con un ancho de casi 10 m y una altura de 15,4 m, está situado en la carretera M-622. Se compone de un arco de 6,5 m de luz((Se llama luz a la anchura de un arco. En algunas ocasiones se denomina también intercolumnio.)), de mampostería colocada en seco, con dovelas((Las dovelas son las piezas en forma de cuña que componen el arco y se caracterizan por su disposición radial.)) formados por grandes lajas irregulares de piedra.

Puente del Molino o del Reajo

Puente del Descalzo: con características similares al anterior, aunque su altura y la luz son más reducidos, con sólo 5 m. El arco forma una bóveda de cañón, al igual que en los puentes restantes. Además, al localizarse en tramos desocupados de la calzada, conservan su firme original.

Puente del Descalzo

Puente del Medio.

Puente del Medio

Puente de la Venta.

Puente de la Venta

La datación de los restos que se conservan es problemática, ya que la calzada ha sido usada ininterrumpidamente desde su construcción en el siglo I n.e. hasta la apertura del puerto de Navacerrada a finales del s. XVIII, época en la que se sucedieron sin cesar las reformas e intervenciones.

Por ello, aunque la mayoría de los autores admiten la autenticidad de los tramos conservados, otros han cuestionado su antigüedad y los consideran el producto de la reforma del camino realizada hacia 1728 para facilitar el acceso desde Madrid al palacio de la Granja.

Pero en 1910 se encontró un miliario romano junto al puente de la Venta, que se conserva en el Museo Arqueológico Nacional y que presentaba una inscripción incompleta:

VSPNL QILV — CIDII D. AUG. TRIB. —C. .VII…

Miliario de Cercedilla

Calzada romana de Galapagar

Formaba parte de la Vía Antonia, que unía las ciudades de Mérida y Zaragoza y fue construida entre los años 213 y 217 n.e., en época del emperador Caracalla((Emperador entre los años 211-217 n.e., concedió la ciudadanía romana a todos los habitantes del Imperio.)).

El tramo mejor conservado, de unos 200 m, se encuentra cerca del Puente del Toril((Puente levantado en el s. XVIII, con técnicas que imitan a los métodos romanos. Se levantó para que formase parte del nuevo camino de Madrid a Castilla la Vieja, trazado por el ingeniero Marcos de Vierna en 1765.)) y en el Descansadero de la Pocilla con otros 43 m. A estos dos tramos se añadió durante una intervención arqueológica un tercero, al norte de los anteriores, enterrado y en aparente buen estado de conservación, al haber quedado oculto por el talud de la carretera.

Calzada romana de Galapagar

Los tramos visibles de la calzada fueron construidos con grandes lastras((Piedras planas usadas por los romanos para pavimentar las calles y calzadas, proceso al que denominaban lastricare (pavimentar).)) de granito de hasta 1 m de longitud, colocadas directamente sobre el terreno, sin argamasa, sobre pequeñas piedras de granito y cuarzo. Se pueden observar los bordillos que delimitan la vía, que tiene una anchura aproximada de 8 m.

En 1975 se halló un miliario((Columna cilíndrica, oval o paralelepípeda que se colocaba en el borde de las calzadas romanas para señalar las distancias cada mil passus (pasos dobles romanos) es decir, cada milla romana, lo que equivale a una distancia de aproximadamente 1480 m)) junto a la plaza del Ayuntamiento de Galapagar, erigido en época de Caracalla. Tras la reconstrucción de parte de la inscripción, se vio que incluía como era habitual en estos casos, el nombre y los títulos del monarca.




6. Arte prehistórico (III) – La cerámica campaniforme en la Comunidad de Madrid: el conjunto de Ciempozuelos

El fenómeno campaniforme

La cerámica campaniforme se extiende por toda Europa, donde aparece aproximadamente con la mism acronología que en Madrid, generalmente en contextos funerarios de enterramientos individuales y formando parte del llamado equipo campaniforme((Se denomina equipo campaniforme a un conjunto tipo de objetos que suelen aparecer casi siempre juntos y que suele estar compuesto por piezas de cerámica campaniforme (vaso, cazuela y cuenco), el denominado «equipamiento de arquero» al que suele asociarse esta cerámica (puñal de cobre, brazal de arquero y puntas de flecha) y diversos adornos (botones de hueso con perforación en V, adornos de oro, conchas, cuentas de hueso) que son también objetos escasos y muy valiosos.)). Su difusión tuvo lugar a lo largo de casi un milenio, en asentamientos de la edad del Cobre y de la edad del Bronce.

Extensión aproximada de la cerámica campaniforme

La explicación a esta amplia utilización, tanto geográfica como temporal, de este tipo de cerámica puede estar en el uso de la misma como objeto de prestigio de alto valor social que se intercambiaba entre las élites dominantes de distintas comunidades.

En esta época los líderes de las comunidades dejan de tener un poder ganado por ellos mismos en función de su valía y empiezan a obtenerlo de forma hereditaria por su familia o linaje. Sus cualidades personales dejan de ser decisivas en su elección como jefes((Una de las evidencias de este cambio de mentalidad es la generalización de los enterramientos individuales durante la edad del Bronce frente a los colectivos del neolítico y calcolítico. Estos se suelen interpretar como una manifestación de las diferencias de poder que había entre los miembros del mismo grupo. Además, en la Edad del Bronce empiezan a abundar los enterramientos de niños, que antes no solían realizarse. Por su edad, los niños no han podido adquirir el derecho a ser enterrados con grandes ajuares por méritos propios, sería la familia la que tendría los medios suficientes como para invertirlos en un enterramiento infantil, y esto se suele interpretar como un paso hacia la transmisión hereditaria del poder.)).

En todo este profundo cambio social las redes de intercambio y comercio fueron muy importantes y aquí es donde entra en escena el fenómeno campaniforme.

El campaniforme en la Meseta: poblados calcolíticos y de la Edad del Bronce

Durante el Calcolítico (ca. 3050-2200 a.n.e.), los poblados eran más grandes que los neolíticos y sus habitantes permanecerían en ellos la mayor parte del tiempo, aunque algunos se desplazaban en algunas épocas del año a otras zonas para conseguir los recursos que no tenían disponibles a su alrededor.

Estos poblados solían estar en las cuencas de los ríos, para aprovechar los suelos fértiles y los pastos, pero elevados, en cerros o terrazas, para controlar mejor el entorno. Las mayores concentraciones de yacimientos se dan en torno a los ríos principales y sus afluentes, que son claras vías naturales de comunicación. El yacimiento de Cuesta de la Reina, en Ciempozuelos, encaja bien en este modelo.

La alimentación de estos grupos se basaba sobre todo en vegetales, siendo menor el consumo de carne, probablemente porque retrasaban el sacrificio de los animales domésticos para aprovechar determinados productos (tracción, lana, leche…) y por la posibilidad de generar excedentes de los productos vegetales, sobre todo cereales, lo que repercutirá en la organización social.

Los restos materiales más habituales de estos poblados consisten una cerámica doméstica poco elaborada y herramientas de piedra.

En esta época se generalizó la metalurgia del cobre, cuya producción era sencilla: seguramente, las piezas se fundían y luego se trabajaban a martillo en frío. Esta es la técnica que se usó para fabricar los objetos metálicos hallados en Ciempozuelos. Se sabe que algunos de estos objetos metálicos, aunque eran escasos, se usaban para intercambiar con grupos vecinos, ya que se han encontrado lejos de las zonas donde se extraían los metales.

Por último, los enterramientos calcolíticos son variados: lo más habitual es que se reutilizaran megalitos neolíticos, se construyeran pequeños túmulos o se utilizaran cuevas para enterramientos colectivos, como ya hemos comentado.

En la Edad del Bronce (2200-1000 a.n.e.) la forma de vida permaneció básicamente igual: sedentaria, basada en la agricultura y la ganadería, y con una producción de cerámica, herramientas de piedra y objetos metalúrgicos poco especializada. Comienzan a aparecer objetos de bronce, pero esta última producción siguió estando escasamente desarrollada.

Los asentamientos ocupaban en general los mismos entornos que los poblados calcolíticos, y los enterramientos individuales se generalizaron en casi todos los asentamientos, además de comenzar a abundar los enterramientos infantiles, como ya hemos comentado más arriba.

El hallazgo arqueológico de Ciempozuelos

Las cerámicas de Ciempozuelos se recuperaron en 1894 y 1895, durante unas excavaciones de urgencia realizadas en dos campañas muy cortas, en Cuesta de la Reina, Ciempozuelos. El director de las intervenciones, Antonio Vives, trabajó por encargo de la Real Academia de la Historia.

No se sabe exactamente la ubicación del yacimiento, fue arrasado al construirse la carretera de Cuesta de la Reina a San Martín de la Vega (actual M-404), aunque se cree que estaba a los pies del cerro del Castillejo, actualmente en el término de Valdemoro, una zona de vega apta para actividades económicas agrícolas y pastoriles, con suelos fértiles y posibilidad de pastos abundantes. Además, se trata de una elevación natural que permite controlar visualmente gran parte de la vega.

Cerro Castillejo, Valdemoro

También hay dudas sobre el contexto en el que se hallaban las cerámicas. Lo más seguro es que procedieran de una necrópolis((Una necrópolis es un cementerio o lugar destinado a enterramientos. Etimológicamente significa ciudaddelosmuertos o cadáveres, del griego antiguo: νεκρός «necrós», muerto o cadáver, y πόλις pólis, Ciudad-estado. El término se emplea normalmente para designar cementerios pertenecientes a grandes urbes, así como para las zonas de enterramiento que se han encontrado cerca de ciudades de antiguas civilizaciones.)) o al menos de un conjunto de siete enterramientos, probablemente todos individuales.

Es bastante posible que existiera un asentamiento muy cercano, probablemente de uso temporal, en el que vivía un grupo humano pequeño. Es probable que el poblado fuese excavado al mismo tiempo que la necrópolis, ya que la mayor parte de los enterramientos con cerámicas campaniformes se suelen encontrar bastante cerca de las zonas de vivienda. Así las cosas, no es posible precisar si las cerámicas campaniformes de Ciempozuelos eran ajuar funerario o se encontraban en contexto doméstico, aunque lo más probable es lo primero, por similitud con la mayoría de los yacimientos en los que aparece cerámica campaniforme.

Teniendo en cuenta su probable contexto funerario, nos falta por conocer muchos detalles sobre este conjunto de piezas: no sabemos cómo se situaban unos enterramiento respecto a otros, ni cómo se asociaban las cerámicas a los restos humanos, ni a otros posibles objetos y, en este último caso, si aparecieron en las tumbas formando parte o no del equipo campaniforme.

Vaso campaniforme de Ciempozuelos

Descripción

Es un recipiente globular con forma de campana invertida((De esta forma le viene la denominación de campaniforme, usada por extensión para toda la cerámica con decoración similar.)).

Fue fabricado modelando la arcilla a mano, hasta lograr unas paredes muy finas, y el exterior fue bruñido y decorado mediante incisión e impresión. Después fue cocido en un horno en atmósfera reductora((Sin oxígeno.)) lo que le dio su color negro característico.

La decoración del vaso es a base de motivos geométricos sencillos, repartidos de forma simétrica, y se adapta a la forma de la pieza: tres bandas horizontales sobre la boca, el cuerpo y la base, formadas por líneas paralelas horizontales. Las tres están separadas por espacios sin decoración, y cada una de ellas está formada por cuatro pares de líneas rellenas con pequeñas incisiones paralelas verticales, y una zona central, más ancha, rellena por líneas paralelas horizontales en zigzag. Las partes decoradas están resaltadas con yeso blanco sin cocer incrustado, lo que da un efecto de alto contraste con el color negro de la arcilla.

El conjunto campaniforme de Ciempozuelos del Museo Arqueológico Nacional

Este vaso forma parte de la colección de cerámicas campaniformes de Ciempozuelos que se conserva en el Museo Arqueológico Nacional. Las únicas piezas con una procedencia fiable y enteras del conjunto son el vaso, la cazuela y el cuenco, que se exponen juntos.

La cazuela es la forma con decoración más profusa y minuciosa, con más motivos y elaboración. También tiene tres áreas decoradas, la boca, el cuerpo y la base, lo que ayuda a darle el aire de familia que presenta con el vaso.

El cuenco tiene un único friso horizontal, y es la pieza con menos parecido con el resto del grupo.

El conjunto campaniforme de Ciempozuelos de la Real Academia de la Historia

Es el conjunto más importante de cerámicas campaniformes de Ciempozuelos.

Destacan cuatro cazuelas, dos cuencos y un vaso decorados.

También incluye otras piezas de gran interés, fabricadas en diversos materiales: un punzón de cobre, un puñal de cobre y restos óseos animales y humanos.

También podemos encontrar piezas de cerámica supuestamente procedentes de Ciempozuelos en el Museo Cerralbo, el Museum für Volkerkunde de Berlín y el Museo Provincial de Granada.

El problema de la datación de las cerámicas campaniformes

Los problemas de documentación arqueológica de las cerámicas de Ciempozuelos son muy graves y su datación absoluta es complicada. Mediante técnicas de termoluminiscencia se ha obtenido una fecha de aproximadamente 1800 a.n.e. para un fragmento de cerámica lisa de la colección conservada en la Real Academia de la Historia, pero no es excesivamente fiable y además no se conoce con exactitud la relación del fragmento fechado con el resto de piezas conservadas.

La datación indirecta (mediante la comparación entre los objetos que se quieren datar) es también difícil, ya que el marco cronológico en que se desarrolló este tipo de cerámica es muy amplio: en la Meseta se encuentran entre 2700 y 1700 a.n.e., es decir, que, aunque no aparece en todos los poblados y necrópolis, se usó durante prácticamente un milenio, en sociedades tanto del Calcolítico (III milenio a.n.e.) como de la Edad del Bronce (II milenio a.n.e.).

La decoración en la cerámica campaniformes

Según el tipo de decoración que presentan las piezas cerámicas campaniformes, podemos clasificarlas en varios grupos:

  • Campaniforme marítimo: con decoración puntillada, en bandas estrechas horizontales que alternan con otras de similar anchura sin decoración. Frecuentemente presentan un engobe((El engobe o engalba es el material resultante de mezclar barro pasta cerámica con agua. En algunas ocasiones se añade tambien silicato sódico u otros tipos de materiales. Es básicamente, un tipo de cerámica coloreada, barbotina de arcilla o pasta cerámica más o menos densa. Los engobes se aplican sobre piezas de cerámica (cocidas o en crudo) a modo de esmalte)) rojo brillante. Este tipo de decoración se da en las costas, de donde le viene el nombre. Tiene su origen en el estuario del río Tajo, hacia el 2900 a.n.e.
  • Campaniforme cordado: decorado aplicando cuerdas sobre la cerámica aún fresca. Su origen parece estar en tumbas individuales en las llanuras del norte de Europa, en un período comprendido entre el 2500 y el 1900 o 1800 a.n.e.
  • Campaniforme marítimo-cordado o mixto: con un aspecto muy similar al marítimo, decoración de bandas puntilladas pero delimitadas por bandas encordadas.
  • Estilo bohemio: esta variedad se da en el centro de Europa y presenta decoraciones metopadas((En arquitectura clásica, una metopa, es un panel o pieza rectangular de piedra, mármol o terracota que ocupa parte del friso de un entablamento dórico de un edificio clásico, situada entre dos triglifos. Cada metopa estaba decorada con bajorrelieves. Sus temas eran variados y se caracterizaron por el hecho de relatar sucesos históricos o mitológicos. Su función era, sobre todo, decorativa y estaba policromada.)).
  • Campaniforme inciso: por regla general, esta técnica decorativa es tardía. En la península ibérica es posterior a la puntillada y su máximo exponente corresponde al grupo de Ciempozuelos, en el que los vasos aparecen decorados con anchas bandas horizontales incisas y separadas por otras sin decoración.

La interpretación del fenómeno campaniforme

Debido al temprano descubrimiento del yacimiento de Ciempozuelos, durante mucho tiempo se creyó que el campaniforme se había originado en la península Ibérica. Los investigadores explicaron su gran difusión por el resto de Europa por teóricas migraciones de unos supuestos pueblos campaniformes.

En los años 60 del s. XX las teorías cambian, esta vez explicando que el origen se encontraría en Centroeuropa, pero manteniendo la idea de las migraciones de un supuesto pueblo que habría llevado en sus desplazamientos este tipo de cerámica.

Finalmente, a partir de los trabajos de D. Clarke en los años 70, comienza a ganar terreno la idea de que el fenómeno campaniforme habría sido la generalización en Europa occidental, a lo largo de la Edad del Cobre y parte de la Edad del Bronce, del uso de una vajilla cerámica de lujo, de alto valor social. Las pruebas estarían en su poca funcionalidad ((Sus formas sinuosas, muy pronunciadas, dificultan la limpieza; las paredes son muy finas, no aptas para cocinar; están muy decoradas, lo que indica una inversión fuerte de trabajo)).

Los líderes grupales habrían demandado estos objetos por su valor y exotismo, para reforzar su propio poder a través de la ostentación. Esos objetos servirían, además, para identificar a los jefes de otras comunidades vecinas.

Basándose en estas teorías (y los trabajos de otros investigadores), Rafael Garrido propuso una interpretación para la cerámica campaniforme en la Meseta. Según este investigador el campaniforme surgiría en el momento en que las nuevas élites sociales se están empezando a formar, a lo largo del Calcolítico y en la Edad del Bronce. La cerámica campaniforme y otras prácticas((Como la manipulación de los antepasados a través del enterramiento en monumentos megalíticos neolíticos, el incremento de tierras y ganado a través de estrategias matrimoniales, el establecimiento de relaciones de intercambio con otros personajes importantes, y la celebración de grandes festejos para compartir los excedentes de las cosechas)) servían a los líderes emergentes para afianzar su poder mediante la ostentación de los símbolos de poder.

La cerámica campaniforme se habría usado en grandes banquetes comunales, como los que se supone que fueron celebrados en El Ventorro (Madrid): en este yacimiento se halló la mayor acumulación de cerámica campaniforme de la meseta y parece ser que se usó para consumir el excedente de alimento producido por el trabajo colectivo. Es decir, los líderes habrían realizado la redistribución del trabajo colectivo a través de estos banquetes, legitimando y consolidando su propio lugar en la sociedad. Es también muy probable que las bebidas alcohólicas, fundamentalmente la cerveza, jugaran un papel importante en estos festejos.

Cazuela campaniforme del yacimiento de El Ventorro (Villaverde)

Una investigación llevada a cabo en los años 90 sobre los distintos tipos de cerámicas campaniformes meseteñas comprobó que los vasos como el de Ciempozuelos suelen tener siempre la misma capacidad, lo que demostraría un control importante del contenido de estos recipientes y una fuerte estandarización en su fabricación.

Según estas teorías, los vasos serían para la bebida, los cuencos para su reparto individual y las cazuelas para alimentos sólidos, probablemente carne.