Primero debes completar 1. Prehistoria (I) – Los primeros pobladores de Madrid antes de ver esta lección

La nueva frontera de Al-Andalus

Poco tiempo después de llegar a Hispania, en el mismo año 711, los musulmanes conquistan Toledo, la capital del reino visigodo. Unos años después, las fronteras con los últimos reductos cristianos de la Península se ha establecido en torno a los valles del Duero y del Ebro. Son las llamadas marcas, que irán fortificándose a medida que vaya creciendo la presión de los cristianos del norte.

En el s. IX, la frontera desciende hasta el Sistema Central, en cuyas montañas son construidas una serie de torres de vigilancia, para controlar las posibles incursiones de los ejércitos cristianos en territorio andalusí.

Madrid en la Marca Media

El territorio de la actual Comunidad de Madrid se situaba en la denominada Marca Media, la frontera de la parte central de la Península. Su sistema defensivo fue completándose desde el emirato de Muhammad I (s. IX), quien funda, entre otras, el ribat de Maŷrit, origen de la ciudad de Madrid.

El sistema estaba formado por pequeños castillos, poblaciones fortificadas, ribats o rábidas (acantonamientos especiales) y atalayas. Estos elementos estaban distribuidos de forma equidistante y jerarquizada: a una jornada de marcha uno de otro, forman una banda defensiva poblada, la marca.

Las atalayas

Las atalayas (torres de vigilancia) se concentraban en las cabeceras de los valles, vigilando los pasos entre las montañas, para avisar a las poblaciones fortificadas de las incursiones castellanas desde el norte.

Se trataban de puntos de control visual, de planta cilíndrica, y desde ellas se enviaban señales a las demás: se encendía un fuego en la parte superior para que otros vigías pudiesen ver o bien el humo (de día) o bien la luz (de noche) que indicaban un próximo ataque. La entrada era pequeña y siempre estaba en alto, y era la única abertura que tenía la torre, permitiendo resistir mejor a los posibles asaltos. En su interior existían varias plantas, con suelo de madera, en las que la guarnición podía almacenar madera y víveres y pernoctar con seguridad.

Inventario de atalayas islámicas en Madrid

Valle del Jarama

Es el conjunto más numeroso de la Comunidad de Madrid. Defendían el valle del Jarama desde los valles del Lozoya (y Somosierra) y del Guadalix: un punto muy estratégico de la marca, por donde pasaba la ruta de acceso más importante desde la Meseta Norte hacia Toledo. Se tiene constancia de la existencia de seis atalayas en este sistema, de las que conservamos cuatro. Defendían la medina de Talamanca.

Construidas con piedra obtenida en el propio entorno en el que se levantan, tienen un diámetro de aproximadamente 6 m y se estima que llegaron a tener unos 12 m de altura. El acceso se realizaba por un hueco elevado y contaban con tres plantas: almacén de víveres, depósito de combustible para el fuego y vivienda para la guarnición.

Atalaya de El Vellón

Enlace entre las demás atalayas del valle del Jarama y la medina de Talamanca, a la que se encargaba de dar la señal de peligro.

Tenía tres niveles, de unos 2,5 m de altura cada uno. Conserva la entrada original y ha sido restaurada recientemente.

Atalaya de Venturada

Levantada en un monte de encinas que se eleva unos 100 m sobre su entorno, para vigilar la cabecera del río Guadalix y el acceso desde los puertos más occidentales, en especial el de la Fuenfría.

Se asienta sobre un afloramiento rocoso, que fue adaptado construyendo una zarpa. Los estudios arqueológicos nos dicen que la entrada, en alto, estaba cerrada con una puerta de madera de doble hoja.

Atalaya de El Molar

Vigilaba el paso del río Guadalix hacia el sur. En la actualidad no queda nada de esta torre, en su lugar hay un vértice geodésico y cerca del mismo se hizo una reconstrucción con un mirador en la parte superior. Probablemente fue destruida durante la construcción de la carretera entre El Molar y Guadalix, hoy abandonada.

Atalaya de Arrebatacapas (Torrelaguna)

Servía de enlace con la de El Berrueco y controlaba el paso por el arroyo de San Vicente.

Levantada sobre una zarpa, para darle una base regular, se conservan unos 11,20 m. Distintos hallazgos arqueológicos, como cerámica encontrada en su interior o un rollizo (viga que sostiene el suelo de madera) empotrado en el muro, permiten datar su construcción en el s. X.

Atalaya de Torrelaguna

Da nombre a la villa que surge a su alrededor. Aún en el s. XVII se alzaba al lado de la iglesia, como se muestra en el dibujo de 1629 de arriba, aunque las referencias que se conservan prolongarían su existencia hasta mediados del s. XIX. Originalmente parte del sistema defensivo de la Marca Media, los repobladores cristianos fueron construyendo la población de forma radial en torno a la torre (ss. XII-XIII).

Atalaya de Torrepedrera o de El Berrueco

La más septentrional, vigila el acceso desde Somosierra a través del valle del Lozoya, está situada en un cerro a 1.030 m de altitud.

Reconstruida recientemente, se conservan 10 m de altura. La puerta que se conserva es una recreación actual, la original no se conserva.

Atalayas de la Sierra del Hoyo

Formado sólo por dos torres, no forman una red, aunque compartan el mismo espacio. Controlan los accesos desde las cabeceras del Manzanares y el Guadarrama. Son puestos avanzados de fortificaciones situadas al sur: Madrid y Calatalifa (Villaviciosa de Odón).

Como las del Jarama, están construidas con piedra del entorno, que en este caso es granito. Esta piedra permite el aparejo a sillarejo (sillares pequeños), más regulares, lográndose torres más sólidas y esbeltas, de unos 4,5 m de diámetro. La guardia, en este caso, se alojaba en una habitación rectangular adosada a la propia torre.

Un documento de 1275 cita la Torrecilla de Navahuerta y el Castillejo, que podrían ser, respectivamente, las atalayas de Hoyo de Manzanares y Torrelodones.

Atalaya de Torrelodones

Completamente reconstruida, con diversas modificaciones con respecto a su aspecto original (por ejemplo, el cuerpo rectangular adosado no tendría merlones ni ventanas y la torre no tendría el pretil superior).

Atalaya del Collado de la Torrecilla (Hoyo de Manzanares)

En estado de ruina avanzada, sólo se conservan seis hiladas y trazas del cuerpo rectangular adosado. Esta atalaya aparece nombrada en el Libro de la Montería de Alfonso XI (s. XIV).

Es la única de las atalayas conservadas en Madrid que no puede visitarse, al encontrarse dentro del campo de maniobras militares de la Academia del Cuerpo de Ingenieros.

Valle del Alberche

Se conserva una atalaya aislada, de momento no se conoce la existencia de ninguna otra torre en esta zona. Se sitúa en una posición perfecta para vigilar el paso del Alberche, al norte del Alamín. También cubre el hueco que queda hasta el grupo más occidental del sistema defensivo, al norte de Talavera, conectando con la atalaya más oriental de ese grupo, en el Pico de San Vicente.

Atalaya de la Peña Muñana (Cadalso de los Vidrios)

Apenas quedan restos del zócalo. Situada en el mismo lugar en el que hubo un poblado de la Edad del Bronce ocupado por un pequeño grupo humano dedicado al pastoreo.

Otras atalayas islámicas en Madrid

Algunas de las atalayas andalusíes conservadas en nuestra región no pertenecían a este sistema defensivo descrito más arriba. Simplemente funcionaban como punto de defensa avanzada de algún poblamiento, fortaleza o valle.

A diferencia de las torres que conforman el sistema defensivo de la Marca Media, la planta de estas atalayas era rectangular, en vez de circular.

Torrecilla de Santorcaz

Situada en el último cerro de la divisoria entre los vallejos de los arroyos Anchuelo y de la Hontanilla, defendía la comunicación entre Santorcaz y Los Santos de la Humosa. Se encuentra en estado de ruina avanzada. Sus medidas exteriores eran aproximadamente 6,10 x 7,50 m. En la zona mejor conservada se conservan unos 2,5 m de altura. A su alrededor se ha encontrado abundante material cerámico andalusí.

Torre de los Huesos (Madrid)

Estaba localizada fuera de la antigua ciudadela emiral, para vigilar el barranco del arroyo del Arenal, en la zona noroeste. Con la conquista de Madrid por Alfonso VI, en el año 1085, se incorpora como torre albarrana a la muralla cristiana, protegiendo las fuentes de los Caños del Peral y garantizando la seguridad de la Puerta de Valnadú. Toma su nombre por su proximidad con el antiguo cementerio islámico de la Huesa del Raf.

De planta cuadrangular, combina mampostería y sillares de sílex y caliza.

Descubierta con las obras de remodelación de la Plaza de Oriente, sólo se conserva parcialmente su base, en el aparcamiento subterráneo de dicha plaza.

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