La «revolución» neolítica
Al final del paleolítico, los últimos cazadores recolectores consiguieron domesticar algunos animales y plantas, disminuyendo su dependencia de los recursos salvajes, empezando un proceso denominado «revolución neolítica » que acabaría dando lugar a la aparición de sociedades mucho más complejas.
Este proceso de domesticación, que a la largar llevaría a que los grupos humanos dejasen la vida nómada y se instalasen en poblamientos estables, empezó en Oriente Próximo hace 12.000 años, llegando a nuestra región unos 2.000 años después.
Los cambios de la nueva etapa histórica no se limitaron a la agricultura y la ganadería, también afectaron a las demás parcelas de la vida: el sedentarismo ayudó al surgimiento de las primeras poblaciones estables; los nuevos alimentos transformaron del medio ambiente circundante; surgen nuevas actividades productivas y nuevas herramientas, trabajos más especializados en los trabajos y la organización de los espacios en los asentamientos. Los excedentes, en la producción favorecen el crecimiento de la población, los intercambios comerciales y las diferencias sociales. En las nuevas sociedades neolíticas surgen también nuevos rituales.
La producción de excedentes agrícolas y la necesidad de almacenarlos de formas eficiente dio lugar al surgimiento de la cerámica y el aprovechamiento de los productos derivados de los animales, a la producción de tejidos y las herramientas necesarias para el proceso, como los telares.
Ganadería y agricultura
La ganadería más antigua documentada en la zona de Madrid es la de ovejas, cabras y cerdos, añadiéndose posteriormente los bovinos, y tuvo un papel importante desde el principio, aumentando con el paso del tiempo.
La agricultura fue secundaria en la economía neolítica de la región, con cultivos de cereales y algunas leguminosas. Por lo estudiado en los yacimientos arqueológicos madrileños, sabemos que el excedente se almacenaba en silos subterráneos o grandes vasijas y que los granos se molían manualmente en pesadas molederas de granito. La cara activa, donde se iba a realizar el vaivén para moler el grano, se preparaba dejándola plana.

En las demás caras se eliminaban las irregularidades mediante percusión o abrasión, para facilitar la estabilidad y el transporte. Las manos de moler eran generalmente cilíndricas. El molino se situaba sobre una estera que permitía que no se perdiera nada de grano. La molienda era realizada preferentemente por mujeres, algo que sabemos al examinar sus esqueletos, que presentan frecuentemente artrosis, sobre todo en codos y lesiones lumbares.
También sabemos que la caza mantuvo su importancia en la dieta, aunque fue haciéndose menor según fue aumentando la productividad de los campos y el ganado.
Poblados y casas
Los poblados que van surgiendo no son muy grandes y se rodean con una empalizada que los delimita. Dentro del recinto encontramos pequeños conjuntos de cabañas de planta circular fabricadas con postes de madera, barro y ramas para el tejado. En el interior, un poste central mantenía la estructura y junto a la puerta, para aprovechar la luz, se situaba el hogar, excavado en el suelo y recubierto de arcilla o rodeado de piedras como medida de seguridad para impedir la propagación del fuego en la vivienda.

Los restos encontrados nos indican que, además de cocinar, alrededor del fuego se llevaban a cabo otras actividades como la fabricación de herramientas de piedra o de hueso, labores de cestería o de tejido. también se realizaban dentro de las cabañas. También solía haber una zona dedicada al almacenaje, generalmente en el lado opuesto a la entrada.
Aprovechamiento de los recursos
El sílex continuó siendo la materia prima fundamental en la producción de herramientas, empezando la explotación de vetas subterráneas como complemento a la recogida de cantos en la superficie.
Las piedra más duras, como el granitos y otras piedras metamórficas, que se usaban para las molederas y hachas pulimentadas, y los minerales necesarios para la obtención del cobre, fueron recogidos en la Sierra y sus cercanías.
La arcilla necesaria para la cerámica solía obtenerse en el entorno inmediato de los poblados, siendo habitual en el área madrileña añadir huesos machacados al barro usado para la fabricación de piezas.
De las vegas bajas se extraía sal, básica para la conservación de los alimentos.
Rituales religiosos
Las sociedades de este periodo desarrollaron una espiritualidad compleja, probablemente vinculada a los ciclo agrícola y a la renovación periódica del mundo.
Los rituales más significativos de los que tenemos noticia consistían en depositar animales en hoyos (bóvidos, perros, ovejas, cabras), el arte parietal de estilo simbólico y los enterramientos humanos.
Los enterramientos se realizaban dentro de los poblados, de forma que los vivos y los muertos compartían los mismos espacios. Los cadáveres eran depositados en fosas individuales o colectivas, en posición encogida y acompañados de un ajuar característico, cuya composición denota la celebración de banquetes rituales durante el funeral. En las tumbas, a veces aparecen elementos fabricados en distintos metales, como el cobre y el oro, indicativo de un estatus social más elevado.
Al comienzo del neolítico, los enterramientos eran colectivos y se realizaban en cuevas y dólmenes cubiertos por túmulos. Los cadáveres eran depositados a lo largo del tiempo y cuando ya no cabían más, los anteriores se amontonaban en un lado para dejar sitio a los siguientes. Estas inhumaciones eran acompañadas frecuentemente por ajuares funerarios compuestos por objetos personales del difunto (recipientes de cerámica, útiles de piedra o de metal, adornos). Tanto los túmulos como las cuevas se encontraban en lugares muy visibles del territorio en los que se situaban los correspondientes poblados, funcionando así como señalizaciones del territorio dominado por los grupos humanos que enterraban allí a sus muertos. Estas formas de enterramiento nos hablan, además, del alto grado de cohesión social existente entre quienes los realizaron, algo necesario para llevar a cabo tareas colectivas de esa envergadura.

Yacimiento de Pista de Motos (Villaverde, Madrid)
Los enterramientos se alternaban con otros individuales. En estos, los cuerpos se depositaban en simples agujeros excavados en la tierra, que a veces antes habían servido como silos. El difunto solía enterrarse de costado y en posición fetal, y a veces eran atados para conseguir mantener la postura adecuada y se han encontrado evidencias arqueológicas de que junto al muerto se depositaban plantas olorosas. Estas tumbas individuales estaban situadas tanto dentro de las cabañas como en el campo cercano a la aldea.
Comercio
Como se ha comentado más arriba, los grupos humanos del neolítico y las primeras edades de los metales obtenían casi todos sus recursos del entorno más cercano a sus poblamientos.
Pero algunos estilos cerámicos y los elementos fabricados con metales tuvieron una difusión muy amplia, lo que reflejaría la existencia de rutas de intercambio entre distintas poblaciones.
En Madrid se ha encontrado de forma frecuente cinabrio de Almadén y en las llanuras madrileñas no es raro encontrar granitos, cobre y rocas metamórficas de la Sierra.
La metalurgia del oro surgió paralelamente a la del cobre y por su escasez fue siempre un metal valioso.
Durante dos milenios su presencia estuvo asociada fundamentalmente a lugares de enterramiento. Sin embargo, a finales de la Edad del Bronce los objetos de oro no suelen formar parte de ajuares funerarios, sino de ocultaciones temporales.
Las nuevas élites ya no deseaban amortizar definitivamente el símbolo de su poder sino ostentarlo y transmitirlo.
Huellas del neolítico y los primeros metales en Madrid
Enterramiento de Valdivia (Madrid)
Con una cronología aproximada de entre 4.500 y 3.500 años a.n.e., en el neolítico, el enterramiento del arenero de Valdivia, en Villaverde, es uno de los más antiguos hallados en Madrid y presentaba unas características que serían constantes a lo largo del periodo: en una fosa, probablemente un antiguo silo que ya había dejado de cumplir su función de almacenaje y habría sido abandonado, situada en las cercanías del poblado, y en el que se inhumó a un solo individuo junto con un pequeño ajuar.

Ajuar del enterramiento de Valdivia
Botella de cerámica
Ajuar del enterramiento de Valdivia
Pulsera de pizarra
Arenero de Miguel Ruiz (Madrid)
Excavado en 1941 y con una cronología aproximada de 2.500 – 1.800 a.n.e. (calcolítico), el enterramiento campaniforme del Arenero de Miguel Ruiz fue el primero de este tipo localizado en el Valle del Manzanares. Consistía en una inhumación aislada en la que el cadáver se depositó en una fosa cubierta por una losa de piedra. Junto al difunto se depositaron los característicos vasos cerámicos de la cultura campaniforme y un pequeño puñal.

Ajuar campaniforme
Fábrica de Ladrillos (Getafe)
En este yacimiento, datado entre los 1.200 y los 800 años a.n.e. (final de la edad de bronce) aparecieron varias vasijas cuidadosamente colocadas unas dentro de otras en tres hoyos. La interpretación que se da está relacionada con rituales en los que se ofrecían alimentos a los difuntos, para que pudiesen disponer de ellos en la otra vida.

Vasijas funerarias
Enterramiento campaniforme de la Salmedina (Madrid)
El yacimiento presenta una cronología de entre 2.200 y 1.500 a.n.e., lo que unido a la tipología campaniforme del ajuar funerario encontrado nos permite clasificarlo dentro de la cultura campaniforme.
Este ajuar campaniforme «estilo Ciempozuelos» está compuesto de vaso, cuenco y cazuela, realizados a mano con decoración incisa o impresa y cubierta o rellenada con una sustancia de color blanco. Como todas las cerámicas de este tipo, presentan un buen modelado y acabado y una ejecución cuidada de la decoración, características que nos permiten clasificarlas como productos de lujo.

Ajuar campaniforme
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