Primero debes completar 1. Prehistoria (I) – Los primeros pobladores de Madrid antes de ver esta lección

Introducción

La urbanización a la que ha sido sometida, ya desde el s. XV, la zona en la que surge la ciudad medieval que acabaría convirtiéndose en Madrid, hace muy difícil que podamos imaginar cómo era su topografía y en que relieves se asentaban los distintos recintos amurallados que encerraron la villa durante la Edad Media.

Tanto la muralla emiral como la de época cristiana tuvieron que levantarse adaptándose a un relieve caprichoso y exigente que condicionó no sólo la disposición de las defensas, sino también el crecimiento de la trama urbana y la localización de sus barrios y arrabales.

El Madrid medieval surge al amparo de tres colinas no muy altas pero sí relativamente abruptas, espolones de una meseta que descendía de forma suave y continua hacia el oeste. Estas colinas estaban limitadas por dos arroyos que desaguaban en el río Manzanares, que se encontraba a unos 600 m de las mismas y que durante siglos tuvo muy poco que ver con la realidad urbana de Madrid. El caudal de estos arroyos provenía de manantiales naturales que, a lo largo de la historia de la villa, fueron canalizados para facilitar su uso y que más adelante se conectaron a la red de los viajes de agua para servir de aliviadero del caudal sobrante de éstos.

De norte a sur, el arroyo del Arenal, las colinas del Alcázar y de la Almudena, el arroyo de San Pedro y la colina de San Andrés y las Vistillas fueron los accidentes geográficos más importantes del relieve en el que habitaron los primeros madrileños.


Reconstrucción hipotética de la orografía del Madrid Medieval (sobre el callejero actual)

El arroyo del Arenal

Durante la Edad Media, su tramo inicial coincía con la actual calle del Arenal y ya era en su mayor parte un cauce seco y arenoso de vertientes poco empinadas. Se trataba de un arroyo con agua de torrentera sólo en época de lluvias, procedente de la zona más elevada de la Puerta del Sol y sus aledaños1.

En los textos medievales encontramos la referencia «arroyo que va de SanGinés a dar a las fuentesdelarrabal», lo que indica que el arroyo llevaba agua, al menos, desde el entorno de dicha iglesia2, aunque en este primer sector las laderas serían todavía muy suaves. Unos 150 m más adelante, a la altura de la actual calle de las Fuentes, el relieve cambiaba bruscamente: a la derecha, en la plaza de Santa Catalina de los Donados, un empinado barranco enfatizaba con dureza la pendiente cada vez más acusada de la vertiente norte del arroyo, y unos metros más allá el promontorio sobre el que luego se edificó la casa del marqués de Legarda, que cerraba la entrada recta a la calle del Arenal y hacía de tapón, obligando al arroyo a rodearlo.

A espaldas de dicho promontorio, a los pies de su ladera occidental, se abría el primer manantial, el de los Caños del Peral, a cuyas aguas se unían en seguida por la otra vertiente las del arroyo de los Tintes3.

Aquí, en la entrada de la plaza de Isabel II, una vez superados estos primeros obstáculos, el nivel del suelo había descendido ya notablemente, quedando en esta época 6 u 8 m por debajo del que tiene en la actualidad4. Este segundo tramo del cauce es denominado en algunos documentos como las Hontanillas, y discurría paralelo al talud5 que formaba el borde sur de la huerta de Santo Domingo (a su derecha) y a la ladera norte de los altos de Rebeque (a su izquierda), recuperaba una cierta horizontalidad.

Aguas abajo se encontraba con un nuevo barranco perpendicular al cauce, a cuyos pies se tendía la hondonada donde luego estuvo la huerta de la Priora6; en la pared de este barranco, probablemente a la izquierda del cauce, surgía el segundo manantial, la fuente de la Priora, y a continuación de él, en esa misma mano, afluían los arroyos de la Parra y de la Cava, documentados en las excavaciones realizadas en 1994-97 en la plaza de Oriente.

Al construirse la fortaleza medieval, el cauce del arroyo de la Cava fue prolongado artificialmente hacia el oeste para convertirlo en foso defensivo.

Aún a mediados del s. XX, este sector del arroyo, ya subterráneo, todavía provocaba derrumbes en el subsuelo y desplomes en las estatuas y pedestales de la plaza de Oriente.

Una vez superada la colina del Alcázar se incorporaban a su cauce las aguas del arroyo de Leganitos, que nacía en los alrededores de la actual plaza de España, y ya sin más obstáculos descendía a lo largo de la cuesta de San Vicente para desaguar finalmente en el Manzanares.

Las colinas del Alcázar y de la Almudena

Estas dos colinas formaban en realidad un único promontorio con acusados escarpes7 en todos sus lados excepto por el este, donde los altos de Rebeque constituían el nexo de unión con el resto del territorio.

Durante toda la Edad Media quedaron surcadas por dos fosos artificiales, dirigidos de este a oeste, que se usaron como cavas8 defensivas, y que aprovecharían quiebras naturales del terreno, dejando dividido el conjunto en tres zonas claramente diferenciadas: al norte, la colina del Alcázar propiamente dicha; en el centro, el Campo del Rey, y al sur, la colina de la Almudena. Las panorámicas de Wyngaerde, vario siglos posteriores, nos muestran esta disposición del terreno:

Vista de Madrid de Wyngaerde (1562)

Actualmente, tras los distintos estudios arqueológicos efectuados a finales del s. XX y principios del XXI, se ha descartado la existencia de un brazo meridional del arroyo del Arenal que supuestamente hubiera cruzado el promontorio a través del Campo del Rey y que desaguara más tarde en el Manzanares9.

El arroyo de San Pedro

Es mencionado por primera vez en el s. XIII como «arroyo que sale de las fuentes de sant Pedro», y discurría por el vallejo de la calle de Segovia, siguiendo un trazado tortuoso y abarrancado en sus primeros tramos y más suave en los últimos, ya por zona de vegas en las proximidades del Manzanares, en el que desembocaba a la altura del puente de Segovia. Se surtía de al menos tres manantiales:

  • Fuentes de San Pedro, situadas a los pies del templo de igual nombre o algo más arriba, hacia Puerta Cerrada; eran el manantial matriz y punto de nacimiento del arroyo.
  • Fuente de la Alcantarilla, situada a la altura de la calle del Conde, en la vertiente norte del arroyo.
  • Pilares de la Villa, en esa misma ladera, hacia la plaza de la Cruz Verde; se surtían de una vena de aguasgordas10. En 1588, durante las obras de apertura de la calleNuevadelaPuenteSegoviana, se trasladaron algo más abajo, cambiando de vertiente, al emplazamiento ya definitivo de los denominados desde entonces CañosViejos, que incorporaron un arca del viaje del Bajo Abroñigal.

Durante la Edad Media, el caserío urbano de Madrid creció hasta llegar a las inmediaciones de los PilaresdelaVilla. Desde allí, aguas abajo y en ambas márgenes del arroyo, hasta la cuesta de los Ciegos, se localizó la zona conocida como huertas del Pozacho, rica en aguas superficiales y dedicada a cultivos de regadío y a muladar11. Pervivieron como tal hasta finales del s. XV, cuando la escasez de suelo edificable obligó a urbanizarla.

Además de estos tres manaderos naturales, el arroyodeSanPedro se surtía de otros cursos de agua ocasionales, no procedentes de manantiales sino torrenteras de estación originadas por las lluvias:

  • Arroyo de San Andrés, que nacería cerca del flanco occidental del templo, atravesaría los terrenos de la plaza de la Paja y, bajando por la costanilla de San Andrés, desaguaría en el curso principal de SanPedro a la altura de los Pilares de la Villa.
  • Arroyo de Tenerías, que cruzaba perpendicularmente el flanco suroccdental de la colina de la Almudena12. Su cauce sirvió luego de desaguadero a los vertidos de las tenerías13 que se habían establecido en dicha colina.

La colina de San Andrés y las Vistillas

Ocupaba toda la vertiente sur del arroyo de San Pedro, y tenía su punto más elevado hacia el arranque de la calle de los Mancebos. Su extremo occidental se ha designado en ocasiones como colina de las Vistillas. Sus laderas, seguramente algo más suaves que las de las otras colinas, sólo se rompían en un profundo barranco a la altura de la Cuesta de los Ciegos.

La laguna de Puerta Cerrada

En el solar medieval de Madrid, con el terreno en suave descenso hacia el oeste, el agua de lluvia se remansaba en las pequeñas hondonadas que encontraba a su paso, dando lugar a lo que en los documentos medievales se denomina lagunas. De éstas, la que quizá esté mejor localizada sea la de Puerta Cerrada, que ocuparía aproximadamente toda la manzana situada entre la plaza de Segovia Nueva y las calles de Toledo, San Bruno y Grafal, así como buena parte de la manzana contigua por el sur, hasta cerca del tramo inicial de la Cava Alta.

Cuando su nivel era excesivo, el agua acumulada en desaguaba hacia la ladera meridional del arroyo de San Pedro, pues el terreno impedía otra salida: las zonas contiguas de las plazas Mayor, de Santa Cruz y de la Cebada estaban a mayor altitud.

Al construirse la muralla cristiana, el trasvase de agua desde la laguna hasta el vallejo de San Pedro se hizo problemático, pues hacía peligrar la estabilidad del muro. Así, los fosos artificiales que se construyeron14 cumplieron una doble misión: la estrictamente militar y la de colector de las aguas sobrantes de la laguna, dirigiéndolas hacia el terreno algo más bajo de la puerta de Moros y, desde allí, por la también artificial cava de Don Pedro, hasta su vertido final en el arroyo por el barranco de la cuesta de los Ciegos, una vez rodeada la población.


Notas:
  1. Pero es muy probable que en épocas anteriores hubiera tenido un caudal suficiente para modelar el vallejo por el que discurría.[]
  2. Bien fuera de un manantial propio o bien de escorrentía desde la Puerta del Sol y la Plaza Mayor.[]
  3. Colector seguro de aguas de lluvia y, con muchas más reservas, posible manantial con caudal estable.[]
  4. Las escaleras del tramo final de la calle de la Escalinata enlazan hoy en día, aproximadamente, la cota antigua de la hondonada del Arenal con la actual, sobreelevada con el relleno que fue usado para crear la plaza en el s. XIX.[]
  5. También llamado «pedrero», es la acumulación de fragmentos de roca partida en la base de paredes de roca, acantilados de montañas, o cuencas de valles. Estos depósitos normalmente tienen forma cóncava hacia arriba.[]
  6. Terrenos de cultivo que se encontraban hacia la mitad norte de la plaza de Oriente y se extendían hacia lo que hoy es el convento de la Encarnación.[]
  7. Un escarpe o escarpadura es una vertiente de roca que corta el terreno abruptamente. La pendiente es mayor a 45º, aunque sea solamente una parte de la vertiente. A veces adopta la forma de una cornisa, que corona una vertiente en una extensión más o menos larga, aunque conservando una altitud sensiblemente constante. []
  8. Fosos.[]
  9. Esta hipótesis fue aceptada sin ningún análisis desde que Fernando Urgorri Casado lo dibujara hace más de 60 años, y habría obligado a que el arroyo ascendiera unos 20 m a su paso por la cima de la colina, lo que evidentemente es imposible, o a que atravesara el promontorio por el fondo de un estrecho desfiladero de idéntica y exagerada profundidad.[]
  10. Aguas con mayor concentración de cal e impurezas. Aunque eran potables, se empleaban además para regadíos y ganado, limpieza, lavaderos o usos industriales.[]
  11. Depósito de basuras.[]
  12. Fue documentado en las excavaciones arqueológicas realizadas en la cuesta de la Vega en 1985.[]
  13. Talleres donde se curten y trabajan las pieles.[]
  14. Cuyo recorrido coincidía con las actuales cava de San Miguel, calle de los Cuchilleros y Cava Baja.[]

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