Primero debes completar 1. Prehistoria (I) – Los primeros pobladores de Madrid antes de ver esta lección

Las ciudades islámicas

Muy pronto tras la entrada de los musulmanes en la Península, Al-Ándalus se convierte en una zona importante dentro de la red internacional del mundo islámico medieval. Este factor será determinante para que las ciudades se desarrollen rápidamente en la región.

El sistema económico andalusí estimuló la concentración de industrias artesanales en las ciudades, cuya economía monetaria permitía a la clase urbana comprar en el entorno rural, lo que llevó al desarrollo de una relación muy interdependiente ciudad-huerta que contribuyo, con sus excedentes agricolas, a la aceleraron el crecimiento económico y demográfico de las ciudades.

Ya en 760 se funda al-Qal’at ‘Abd al-Salam (Alcalá la Vieja) y Maŷrīt (Madrid) hacia el año 855, aunque en nuestra región sólo Madrid y Talamanca del Jarama llegarán a tener la consideración de medinas1. Adquirir el titulo de medina suponia el reconocimiento oficial de la importancia alcanzada por una ciudad.

Atalayas y fortalezas andalusíes en la actual región de Madrid

Tanto Madrid como Talamanca contaban con un recinto amurallado urbano, y quizás con alcazaba2, en la que se alojaba el caid3.

La casa urbana típica de las ciudades andalusíes siguen la tipología de vivienda islámica, construidas para guardar celosamente la intimidad familiar: organizan los espacios entorno a patios interiores, que podían contar con su propio pozo, y hacia la calle el único vano que existía era la puerta.

Aunque no llegaron a tener la importancia de Guadalajara ni Toledo, Madrid y Talamanca tuvieron una cierta actividad intelectual. En Madrid destacó un matemático llamado Maslama al-Maŷriti, que vivió en el s. X y en Talamanca la escuela de derecho, cuyo mayor represertante fue Umar al-Talamanqi.

La comida árabe era sencilla. Solían cocer los cereales, las legumbres y las carnes para ablandarlas y como medida higiénica. Como éstas se habían conservado durante largo tiempo, se rectificaba el sabor ya en la mesa a base de hierbas aromáticas. La base de la alimentación eran los cereales y la harina con la que se hacían panes y tortas de todo tipo. La carne más consumida era la gallina que se solía conservar de distintas maneras ya que se comía sobre todo en las fiestas. Abundaban los rebaños de ovejas y cabras.

La nueva organización del territorio: Alcalá la vieja

En Al-Ándalus, el modelo con el que se va ocupando el territorio en toda la frontera de la Marca Media es siempre el mismo: fortificaciones en altura, junto a los ríos y sobre las zonas agrícolas de los valles y los antiguos asentamientos preislámicos, como Complutum, en torno a los que aún se agrupaba la mayoría de la escasa población que había quedado tras el periodo visigodo.

Las ciudades solían situarse al este, y sobre todo al sur de los ríos, ofreciendo su flanco más protegido hacia el norte, desde donde podían llegar las principales incursiones cristianas.

Los Banu Salam

La familia Banu Salam, de origen árabe, se asienta en el valle del Henares durante el s. VIII. Gracias a su poder militar y a los pactos que realizan con las autoridades locales, llegan a dominar políticamente la zona. Como cabeza de este territorio y símbolo de su poder, fundan la qala4 que lleva su nombre: al-Qal’at ‘Abd al-Salam.

El desarrollo del estado andalusí se basa en este tipo de procesos locales. Más tarde, estos pequeños territorios se irán agrupando en una sola estructura centralizada.

El castillo

Las primeras referencias sobre esta plaza datan del s. X y de la antigua fortificación sólo se mantienen en pie una torre defensiva, recientemente restaurada, y distintos restos de algunos torreones, que se encuentran en estado ruinoso.

El castillo se levantaba sobre un promontorio arcilloso, cercano al cerro testigo5 conocido como Ecce Homo, en pleno valle del río Henares.

Origen del nombre

Toma su nombre del término árabe Al-Qalat (fortaleza), que, por extensión, se ha aplicado históricamente a la ciudad de Alcalá de Henares, la antigua Complutum romana.

El calificativo de «la Vieja» hace referencia al estado de abandono en el que la fortificación cayó a partir del Renacimiento.

Historia

Su origen se encuentra en una atalaya andalusí posiblemente del s. IX, construida para defender el camino fluvial del río Henares, ante el avance de los reinos cristianos por tierras de Al-Ándalus. Esta torre de vigilancia se levanta en un enclave estratégico: en lo alto de una colina y en la orilla sur del río Henares, que actuaba como frontera natural.

Con el paso del tiempo, comienza a surgir alrededor de la atalaya un caserío fortificado, al-Qal’at ‘Abd al-Salam6 que fue desplazando al antiguo núcleo romano de Complutum7.

En 1118 al-Qal’at ‘Abd al-Salam es conquistada por los cristianos, que asedian la plaza fortificada desde los cerros de Malvecino y de La Veracruz. Tras esto, la población vuelve a desplazarse al asentamiento urbano original, aunque la fortaleza islámica continuó desempeñando un papel muy importante durante el proceso de repoblación de la zona, que se prolongó hasta el s. XV8.

En los siglos posteriores, la fortaleza va perdiendo su importancia paulatinamente, hasta ser abandonada por completo y quedar en ruinas.

Restos de la fortaleza de al-Qal’at ‘Abd al-Salam

La vida urbana en la frontera: medinas y almudainas

Todas las ciudades andalusíes que se fundaron en el actual territorio de la Comunidad de Madrid crecieron y gozaron de una actividad notable, especialmente durante el periodo de estabilidad del califato de Córdoba (s. X). En sus recintos se celebraban mercados periódicos, los núcleos se fueron ampliando con el surgimiento de arrabales9 y todas tenían varias mezquitas, luego convertidas en iglesias tras la llegada de los castellanos.

De todas ellas, sólo Talamanca alcanzó el estatus jurídico de medina (ciudad), pero las demás, como Madrid, tuvieron al menos gobernadores civiles (caídes) y jueces (cadíes).

En estas convivían comunidades de las tres religiones: musulmanes, cristianos y hebreos.

La medina de Talamanca

Talamanca es una población de origen romano que, en época andalusí, se convirtió en la medina más importante de la actual región de Madrid. Su situación en el fondo del valle, junto al paso del Jarama, y su mayor tamaño la distinguen de otros enclaves más pequeños como Maŷrit o al-Qal’at, cuya posición dominante en el reborde de los valles está vinculada al control territorial.

La vega del Jarama es, además, la más amplia y fértil de la región y por ella pasaba la ruta norte-sur más importante. Todo ello hacía de Talamanca un lugar privilegiado.

Muralla de Talamanca: tramo norte

Durante la época andalusí, se convierte en uno de los núcleos urbanos y militares más destacados de la Marca Media, formando parte de la gran ruta que enlazaba la Córdoba califal con Toledo y Zaragoza. La primera noticia escrita que tenemos sobre este núcleo es por el cronista cordobés Ibn Hayyan (987-1075), quien, citando a otro cronista anterior, afirma que Talamanca fue una de las poblaciones fortificadas en tiempos del emir Muhammad I (853-886):

«A Muhammad y al tiempo de su reinado se le deben hermosas obras, muchas gestas, grandes triunfos y total cuidado por el bienestar de los musulmanes, preocupándose por sus fronteras, guardando sus brechas, consolidando sus lugares extremos y atendiendo a sus necesidades. Él fue quien ordenó construir el castillo de Esteras, para guardar las cosechas de Medinaceli, encontrándose en su lado noroeste. Y él fue quien, para las gentes de la frontera de Toledo, construyó el castillo de Talamanca, y el castillo de Madrid y el castillo de Peñahora. Con frecuencia recababa noticias de las marcas y atendía a lo que en ellas ocurría, enviando a personas de su confianza para comprobar que se hallaban bien.»

La primera muralla defensiva de la medina fue levantada en 860 por orden del emir cordobés Muhamad I; su segundo recinto lo haría en el s. X. Estos recintos amurallados eran concéntricos y fueron ampliándose, hasta que los cristianos crearon su propia muralla entre los s. XIII y XIV.

Muralla de Talamanca: torreón reconstruido

Hasta el s. IX Talamanca fue el centro defensivo militar más importante de la actual región de Madrid, junto con Maŷrīt, que defendía el camino del río Manzanares, y al-Qal’at ‘Abd al-Salam, que defendía el curso del Henares.

A partir del s. IX, época de mayor esplendor de la población, cuenta con una escuela coránica jurista, cuyo principal representante fue Umar Al-Talamankí (ver más abajo).

En el verano de 853, una rebelión en Toledo inestabiliza el emirato de Córdoba y es aprovechada por Ordoño I de Asturias para iniciar una ofensiva militar y provocar el hundimiento de la Marca Media. En 861 las tropas del Ordoño, comandadas por el primer conde de Castilla, Rodrigo, conquista temporalmente Talamanca, provocando una gran matanza y destrucción en la ciudad10.

Muralla de Talamanca: restos de la puerta de Uceda

Tras la incursión de Ordoño, y especialmente tras la de Alfonso II en 881, que llegó a las inmediaciones de Toledo, Maŷrīt se convierte en la plaza defensiva más importante de la zona, comenzando la decadencia de Talamanca.

A finales del s. XI, la ciudad entra en crisis y en torno a 1079, y tras un asedio, es conquistada por Alfonso VI.

El rey castellano manda purificar la mezquita mayor de Talamanca y entronizar una imagen de Santa María, de las que portaba en sus campañas de conquista, dándole la advocación de Santa María de la Almudena11.

En 1085, Alfonso VI, la incorpora oficialmente a la Corona de Castilla, en el contexto de la campaña militar para la conquista de Toledo.

Umar al-Talamanqui

Fue un historiador, jurisconsulto y comentarista del Corán andalusí. Nació en 951 en Talamanca y murió en esta misma población en 1038.

Se formó en Córdoba, donde fue imán12 de la mezquita, en Medina y en El Cairo. En su peregrinación a La Meca, entró en contacto con los grandes maestros orientales de la época. Desarrolló su actividad profesional y erudita en diferentes ciudades de Al-Ándalus, entre ellas Córdoba y Madrid.

Fue perseguido por sus doctrinas teológicas y consiguió la absolución en 1034, cuatro años antes de su muerte. Está considerado como el maestro del jurista Ibn Hazm de Córdoba y del filólogo Ibn Sïdah.


Notas:
  1. Ciudades fortificadas que formaban el núcleo principal de las poblaciones árabes. En ellas se agrupaban generalmente edificios como la mezquita aljama (principal), la madrasa (escuela), la alcaicería (mercado textil), el zoco (mercadillo) y las más importantes calles comerciales[]
  2. Recinto fortificado urbano que servía de residencia al gobernador y para defender un lugar determinado y sus contornos. Albergaba una guarnición que, con frecuencia, conformaba un pequeño barrio militar con viviendas y servicios, constituyendo una ciudadela.[]
  3. Gobernador de las ciudades del norte de África y Al-Ándalus.[]
  4. Fortificación[]
  5. Cerro aislado en una zona llana. Se trata de un relieve residual esculpido por la erosión, un «testigo» de la plataforma que existió en ese lugar hace millones de años.[]
  6. Literalmente, «la fortaleza de los Banu Salam».[]
  7. La ciudad romana se encontraba al otro lado del río y, por tanto, era más vulnerable a los posibles ataques cristianos, que provenían del norte.[]
  8. La prueba de esta permanencia está en las reformas realizadas en el castillo entre los ss. XIV y XV, las más importantes impulsadas por el arzobispo de Toledo.[]
  9. Barrios extramuros.[]
  10. Algunas crónicas indican que se mató a todos los musulmanes que portaban armas y se apresó al resto de la población.[]
  11. Al igual que Madrid, Talamanca contaba con una almudayna: una alcazaba al sur de la villa, en la zona en que la muralla se elevaba en forma de espolón sobre la curva del arroyo de Valdejudíos, y separada del resto de la medina por una muralla interna. Así, la advocación a Sta. María de la Almudena en Talamanca sería anterior en unos pocos años a la madrileña.[]
  12. Imán o imam, es el nombre usado para denominar a la persona que dirige la oración colectiva en una mezquita y en una comunidad musulmana entre los musulmanes suníes. En este contexto, los imanes pueden dirigir los cultos, servir como líderes comunitarios y brindar guía religiosa.[]

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