Primero debes completar 1. Prehistoria (I) – Los primeros pobladores de Madrid antes de ver esta lección

Introducción

Las fuentes escritas para estudiar el origen de Madrid, excepto algunos documentos del s. XVI, son insuficientes y muy poco fiables. Sólo podemos basarnos en los restos arqueológicos, pero estos también son problemáticos, debido al crecimiento y al desarrollo demográfico que sufre la ciudad: desde el establecimiento de la Corte con los Austria, este casco histórico ha estado continuamente poblado y, por tanto, edificado. Esto ha motivado que los vestigios de los orígenes de Madrid haya que buscarlos en el subsuelo1.

La gran incógnita siempre ha sido cuál habría sido la localización del primitivo alcázar islámico, que siempre se ha relacionado con la plaza de Oriente, el Palacio Real y la calle de Bailén 2.

Con todo esto, cada vez hay más datos para acercarnos al pasado madrileño sobre una base histórica3 y reconocer que el Islam fue fundamental para el desarrollo de esta Villa: elementos tan importantes como la organización del espacio en el casco histórico, el aprovechamiento del agua, el nombre de la ciudad y el de su virgen más importante… Tienen un origen andalusí. Y, aunque los restos materiales de aquella época son escasos, el legado islámico en Madrid es fuerte e importante.

Emplazamiento

Madrid se encuentra en una zona de tránsito entre las últimas estribaciones de la sierra de Guadarrama y las tierras del Tajo. Al norte están el monte de El Pardo y el soto de Viñuelas, al oeste la Casa de Campo y la Dehesa de la Villa. Estas tierras estaban pobladas por encinares y matorral que proporcionaban pasto para el ganado, madera para construir las casas y para calentarlas y caza abundante. Por el sur las próximas comarcas toledanas proporcionaban productos básicos como el cereal, la vid y el olivo, que formaban la base de la alimentación medieval y que se completaba con los productos hortícolas, que se producían en las numerosas huertas que había próximas al casco urbano, sobre todo en la zona del río, denominado entonces Guadarrama4, el actual Manzanares, y en las vegas del Jarama.

Además de tratarse de un buen asentamiento en cuanto al abastecimiento, el núcleo de población que se fue concretando durante la Alta Edad Media5 se estableció sobre la colina que hoy constituye el casco histórico de Madrid. Esta se alza unos 50 o 60 m sobre el nivel del río, formando un magnífico elemento natural defensivo que se supo aprovechar muy bien.6. Esta colina está rodeada por el norte por el arroyo que después dio lugar a la calle del Arenal7, al oeste por el río Manzanares; y al sur, por el arroyo llamado de San Pedro tras la conquista cristiana8. Por el este no había ningún accidente natural equiparable a los anteriores, pero por esta parte no había necesidad de una defensa natural ni artificial pues eran tierras bajo dominio islámico. Por el contrario, las partes defendidas naturalmente eran tierras por donde podían venir ataques cristianos. También por esta zona se establecía la comunicación con Toledo, capital de la Marca Media, que nunca estuvo suficientemente sometido al las autoridades islámicas, y que la mayor parte del tiempo estuvo en franca rebeldía frente al poder cordobés. La importante presencia mozárabe9 en esta ciudad y el origen muladí10 de la población musulmana facilitaba unas mejores relaciones de los toledanos con los cristianos del norte, que con el poder emiral primero y luego califal del que dependían (ver más abajo).

En base a todo esto, las condiciones que reunía esta zona eran buenas para potenciar el desarrollo de un núcleo de población. Pero ademas tenemos que añadir el agua abundante y los aires puros que venían de la cercana sierra de Guadarrama. Parece que se cumplían los requisitos exigidos en la fundación de una ciudad y posiblemente por ello el alcázar madrileño mandado construir por el emir Muhammad I11 dio lugar a un asentamiento estable más o menos próspero, pero que fue consolidándose con el paso del tiempo.

Asentamientos anteriores

Aunque se ha querido relacionar a Madrid con la Mantua Carpetana de época prerromana12 o con el Miacum romano13, es muy difícil demostrar con datos estas teorías.

Tampoco puede asegurarse que en Madrid hubiera población estable y organizada en la época visigoda. Los restos romanos y visigodos aparecidos en algunas excavaciones han dado base para estas afirmaciones, pero hay que tener en cuenta que estos restos son piezas fácilmente transportables de un lugar otro, y, sobre todo, que no ha aparecido todavía ninguna estructura que induzca a pensar que hubiera un asentamiento urbano permanente en la colina madrileña previo a su fundación islámica.

Todo esto no significa que no hubiera población en las zonas próximas. En la Casa de Campo y en el espacio ocupado por el aeropuerto de Barajas han aparecido numerosos restos correspondientes a villae romanas y el conocimiento que tenemos de las buenas condiciones físicas y la red de comunicaciones que había en la zona, nos hace creer que la zona era muy propicia para el desarrollo importante de explotaciones agrícolas que pudieron mantenerse en época visigoda o incluso en tiempo de dominio islámico. Pero no se conoce qué pasó con estas tierras y sus habitantes desde época tardorromana hasta la segunda mitad del s. IX, en que se construyó el alcázar madrileño14.

Aún así, tampoco podemos afirmar con total seguridad que hasta la iniciativa de Muhammad I la colina madrileña estuviera totalmente despoblada. Según los usos de la época y las características fronterizas de la zona, es difícil, a pesar de las buenas condiciones que reunía el lugar, que se decidiera la construcción de un alcázar en un lugar despoblado. Al contrario, es mucho más coherente que se erigiera esta construcción próxima a algún tipo de asentamiento de población15.

Por otro lado, se sigue defendiendo la existencia de población anterior a la musulmana en esta zona, en base a un argumento filológico: se afirma que el origen del nombre de Madrid está profundamente relacionado con la existencia de un poblamiento anterior al islámico en este lugar. Los dos posibles orígenes que se aceptan son el romance/visigodo y el islámico, ambos relacionados con la presencia de agua en abundancia: Madrid puede derivarse de la palabra matrice, que hace referencia a un arroyo matriz, o de la palabra árabe maŷrit que viene de mayra o «viaje de agua».

Jaime Oliver Asín, en su obra clásica «Historia del nombre “Madrid”» (1952), defendía el origen romance y lo vinculaba a un asentamiento de época visigoda en la zona del Pozacho16 por el que discurría el arroyo matriz que después se denomino arroyo de San Pedro, por la iglesia próxima, cuyo cauce ocupa hoy la calle de Segovia. La teoría de Oliver Asín no tiene más base que la filológica y por ello no puede ser aceptada17.

La otra tesis, derivada de los análisis filológicos de Joan Coromines18, tiene una mayor fuerza, sobre todo después de constatar que los restos que se han encontrado en la zona del Pozacho hay que relacionarlos con un primitivo asentamiento de época islámica. Este núcleo habría sido el que indujo a Muhammad I a la construcción de un alcázar con el que se vincula la fundación de Madrid.

Así, los restos arqueológicos encontrados, además de confirmar el origen islámico, introducen una modificación importante sobre la teoría tradicional que consideraba que hasta la decisión de Muhammad I no había población en Madrid. De esta forma se vinculaba la fundación a una decisión del poder emiral, mientras que en este nuevo planteamiento había un asentamiento espontáneo previamente, que el poder utilizó en su beneficio.

De almudayna a medina

El emirato de Muhammad I (852-886) se caracterizó por las continuas rebeliones en la Marca Media, en buena parte controlada por los muladíes descendientes de los hispanogodos19 que se habían convertido al islam al producirse el cambio de poder que acabó con la monarquía visigoda y dio paso al período islámico. Los mozárabes habían mantenido su religión y costumbres cristianas y en Toledo había una importantísima mozarabía. Por todo esto los tres grupos, muladies, mozárabes y cristianos del norte, mantenían buenas relaciones entre sí, posiblemente mejores que con los cordobeses.

Esta situación estalló con el rey de Asturias Ordoño I. Segun las crónicas, en 854 hubo un enfrentamiento entre los muladíes rebeldes, ayudados por elementos cristianos del norte, con las tropas emirales, en tierras al sur de la Mancha. El ejército islámico fue derrotado, lo que provocó la reacción cordobesa. El emir realizó una incursión militar en el norte y en un encuentro con las tropas coaligadas las derrotó cerca del río Guadacelete, en las tierras toledanas.

Esta victoria fue usada para sofocar la rebelión y para fortalecer una línea defensiva que evitara nuevas irrupciones de los cristianos desde el norte. Se reforzó la línea defensiva que representaban Guadalajara, Alcalá, Calatalifa, Canales y Olmos y se decidió la construcción de un alcázar, aprovechando un buen emplazamiento próximo a un pequeño asentamiento sobre un arroyo. Esta decisión supuso el impulso necesario para el crecimiento de este núcleo, que no se integró dentro de los muros de la fortificación, pero que fue creciendo según la fortificación o almudayna iba aumentando en importancia.

Según esta hipótesis, el origen de Madrid se debería a la defensa frente a los reinos cristianos del norte. Pero los enemigos de Córdoba eran también los muladíes y mozárabes de la Marca Media, sobre todo los toledanos. El emplazamiento de Madrid al, norte de Toledo se convertía también en un importante foco de control para evitar nuevas alianzas entre éstos y los cristianos del norte, con los que sin duda tenían mayor comunidad que con los cordobeses. Con el nuevo alcázar se dificultaban las comunicaciones posibles de los toledanos con los cristianos a través de los puertos de Guadarrama y Somosierra. Muhammad I tendría en mente esta doble utilidad del nuevo enclave militar y no sólo se construyó un alcázar, sino que se acompañó de un espacio rodeado de murallas, la almudayna, para residencia de la población militar que debía atender a la defensa y al control de posibles entradas cristianas.

En el volumen tercero de su Muqtabis20, ibn Hayyan ofrece otra teoría sobre el origen de Madrid, partiendo de la rebeldía endémica de los muladíes y mozárabes toledanos, representada por la familia de los Banu Habil21. Uno de ellos, Mundhir ibn Huray ibn Habil habría sido el promotor de la construcción del alcázar, no para integrarle en una línea defensiva, sino, por el contrario, para reforzar la insumisión de la zona frente a Córdoba. Siguiendo a ibn Hayyan, Madrid estuvo bajo control cordobés hasta tiempos de Abd al-Rahman III, que pactó la entrega con un hermano del fundador. Las campañas victoriosas del califa cordobés dieron lugar a la capitulación y entrega de la plaza que muy difícilmente puede ser tomada al asalto. El califa dotaría a Madrid de la condición de medina como premio a su rendición22.

Aún teniendo estas tres teorías sobre el origen del Madrid islámico (para controlar a los cristianos del norte, para controlar a los toledanos o como foco rebelde frente a Córdoba), lo que no deja lugar a dudas es la total vinculación andalusí.

Algo también muy difícil de precisar es la fecha de su fundación, aunque se sitúa en la segunda mitad del s. IX.

Por último, no hay duda en que en el origen de Madrid hay dos focos de población: uno civil, el más antiguo, relacionado con la zona del Pozacho y dedicado a las actividades económicas necesarias para su supervivencia, y otro militar, impulsado por motivos políticos.

El Pozacho era una zona de huertas en la que había un sistema hidráulico que facilitaba su riego23. El primer arrabal se extendería por el cerro de las Vistillas y sería rodeado por una muralla tras la conquista cristiana y el segundo ocuparía el cerro frontero, donde estaba el alcázar, y que estuvo murado desde su origen.

La intervención de Muhammad l, en el caso de que se acepte, fue muy importante pues dio lugar a que el asentamiento civil fuera en aumento. La guarnición militar fue un foco de atracción de población y causa de que el desarrollo económico del asentamiento de la actual zona de las Vistillas fuera cada vez mayor. Esto dio lugar a que en tiempos del califa Abd al-Rahman IIIrecibiera Madrid la consideración de medina, es decir de ciudad.


Notas:
  1. Se han hecho, sobre todo, excavaciones de urgencia cuando se ha presentado la oportunidad por la remodelación de una zona, como es el caso del parque Muhammad l o la plaza de los Carros, o por derribo y construcción de algún edificio, gracias a lo cual hay algunas informaciones importantes.[]
  2. La excavación que aquí se hizo con motivo de la construcción de un paso y aparcamiento subterráneos ha sido una ocasión perdida y, aunque algunas preguntas se han respondido, han quedado bastantes otras en el aire pues, posiblemente, su respuesta no hubiera sido del gusto de algunos.[]
  3. Los restos encontrados durante las obras del Museo de Colecciones Reales y en la calle Factor han ampliado significativamente nuestro conocimiento sobre los primeros momentos de la historia de Madrid.[]
  4. En árabe andalusí Wadar-Raml, «río de arena». Su forma castellanizada, Guadarrama, sería el nombre dado al Manzanares hasta el s. XVII.[]
  5. La Alta Edad Media es el período de la historia de Europa y Oriente Medio que comienza en el s. V y termina entre los ss. IX y X, distinguiéndose así este periodo del siguiente, conocido como Baja Edad Media. Su final coincidiría con el comienzo de las instituciones feudales, las incursiones vikingas y magiares, la renovación del poder imperial en Oriente con la dinastía macedonia y la decadencia del califato abasida.[]
  6. En ninguna de las ocasiones en que, históricamente, Madrid ha sido sitiada por un ejército ha podido ser tomada al asalto: cuando ha caído siempre ha sido por capitulación.[]
  7. Nombre derivado de la arena depositada en las márgenes del cauce de agua que por allí corría.[]
  8. Actual calle de Segovia[]
  9. Mozárabe (del árabe musta’rab, «islamizado») es el nombre con el que se conoce a la población cristiana, de origen hispanovisigodo, que vivía en el territorio de Al-Ándalus y que, como los judíos, gozaba del estatus de dhimmis (protegidos) al ser gentes del Libro.[]
  10. La palabra muladí podía designar a tres grupos sociales presentes en la península ibérica durante la Edad Media: la población de origen hispanorromano y visigodo que adoptó la religión, la lengua y las costumbres del Islam para disfrutar de los mismos derechos que los musulmanes tras la formación de al-Ándalus; los cristianos que abandonaban el cristianismo, se convertían al Islam y vivían entre musulmanes; o hijo de un matrimonio mixto cristiano-musulmán y de religión musulmana.[]
  11. Mohammad I de Córdoba (Córdoba, 823 – ibidem, 886) fue emir independiente de al-Ándalus entre los años 852–886, hijo y sucesor de Abderramán II, miembro de la dinastía Omeya de Córdoba.[]
  12. Actualmente en Villamanta se defiende su relación con Mantua, la ciudad más importante de los carpetanos.[]
  13. En el Itinerario de Antonino aparece Miacum como una de las mansiones en las que se podía hacer parada y descansar. Su emplazamiento preciso es discutible, y actualmente no se identifica con el arroyo Meaques que recorre la Casa de Campo y desemboca en el Manzanares.[]
  14. Hasta ahora no han aparecido testimonios escritos sobre este periodo oscuro de la historia de Madrid, sólo disponemos de restos materiales, topónimios antiguos, análisis del paisaje, la red viaria, los despoblados… Que, de momento, nos dejan pocas pistas.[]
  15. La arqueología ha abierto el camino a esta hipótesis pues se han encontrado restos de un asentamiento islámico anterior al alcázar en la zona del arroyo después conocido como de San Pedro (actual calle de Segovia), y relacionados con las estructuras hidráulicas conocidas después como el Pozacho.[]
  16. Cerca de la actual plaza del Alamillo.[]
  17. El propio Oliver reconoció poco después que la idea del poblado visigodo no tenía ninguna base: «Ante el nombre Madrid no hay que hacer cábalas en busca de antecedentes ibéricos, celtas, romanos o visigodos. Madrid, como entidad de población, no es premusulmán».[]
  18. Joan Coromines i Vigneaux (Barcelona, 21 de marzo de 1905-Pineda de Mar, Barcelona, 2 de enero de 1997) fue un filólogo, lexicógrafo y etimólogo español, autor del Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, del Diccionario crítico etimológico de la lengua castellana y del Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, que hizo grandes aportaciones al estudio del catalán, castellano y otras lenguas romances.[]
  19. Los muladíes, eran, por tanto, tan hispanos como los mozárabes y como los pobladores de los nucleos de resistencia del norte.[]
  20. Obra histórica en 10 volúmenes realizada durante el siglo XI por Abu Marwán Hayyán Ibn Jálaf Ibn Husáin Ibn Hayyán al-Qurtubi, conocido como Ibn Hayyan. []
  21. Familia hispano-musulmana que dominaba la Marca Media actuando con enorme independencia del Emirato de Córdoba. Mantenían estrechas relaciones con los reinos cristianos del norte ya que eran muladíes y, por tanto, tenían con ellos los mismos orígenes étnicos. Sólo la religión les separaba de los cristianos, castellanos o leoneses, mientras que la ascendencia árabe de los cordobeses les distanciaba de ellos en mayor medida.[]
  22. Otras fuentes informan, igual que el Muqtabis, de las campañas de Abd al-Rahman para someter las rebeliones internas y concretamente a Madrid. Esta acción es posible que diera pie a ibn Hayyan para afirmar que era una fundación de los rebeldes. No obstante, tampoco puede rechazarse plenamente esta posibilidad pues las fuentes son muy someras, por lo que es difícil dilucidar sobre estas posibilidades.[]
  23. Debido al arrasamiento de la zona ya desde el s. XVI, la zona y el sistema no son bien conocidos todavía.[]

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