El gigante y el cadí
En el s. XIV, ya perdida Maŷrit1, el geógrafo al-Himyari2 recoge en su obra «El jardín fragante»3 datos sobre la vida en el Madrid islámico:
Madrid: ciudad notable de al-Ándalus, que construyó el emir Muhammad ibn Abd al-Rahmán. Desde Madrid al puente de Máqida, que es el último territorio del islam, hay 31 millas. Existe en Madrid una tierra con la que se fabrican ollas, que pueden usarse sobre el fuego durante veinte años sin que se rompan y sin que se altere apenas por el calor ni por el frío lo que en ellas se cocina. El castillo de Madrid es uno de los castillos importantes y está entre las construcciones del emir Muhammad ibn Abd al-Rahmán. Ibn Hayyán en su Historia menciona el foso que fue excavado al exterior de la muralla de Madrid, y dice: «Se encontró en él una tumba con un esqueleto gigantesco, cuya longitud era de 51 codos, que son 102 palmos, desde el cojín de la cabeza al extremo de los pies. Se confirmó la veracidad de esto por un comunicado del cadí de Madrid, que fue en persona a verlo, junto a sus testigos oficiales, y notificó que el volumen de su caja craneana alcanzaría ocho arrobas4, más o menos. ¡Alabado sea Quien ha puesto Su signo en todas las cosas!». Es Madrid una ciudad pequeña y una fortaleza potente. Tuvo en tiempos del islam una mezquita aljama donde regularmente se pronunciaba el sermón. Está cerca de Toledo.
El gigante de Madrid
En la cita anteriorse hace alusión a que Maŷrit habría albergado la tumba de uno de estos seres fabulosos. Este hecho insólito ha sido interpretado de dos maneras: como simple artificio retórico, para dar más relieve a la crónica o bien ―como pensaba Jaime Oliver Asín― los maŷritíes encontraron realmente un esqueleto enorme5, y al no poderlo relacionar con ningún animal existente, lo atribuyeron a una criatura mítica.
El cadí de Maŷrit
El hallazgo del esqueleto del «gigante» es certificado por el cadí de Madrid y sus secretarios.
El cadí (qadi) o juez era un cargo oficial, designado por la administración central, igual que el gobernador (amil) y el predicador (jatib), que era el encargado de pronunciar el sermón en la mezquita aljama6.
La existencia de estos tres personajes en Maŷrit nos muestra que esta población no sería una aldea ni una simple plaza militar sino la capital de una pequeña circunscripción, que es justamente lo que indica su condición de medina o ciudad.
La comarca de Maŷrit
Pero… ¿Hasta dónde habría llegado la comarca o zona de influencia de la medina de Maŷrit?
Los datos de que disponemos para poder hacernos una idea son los siguientes:
- Según recoge al-Idrisi7, la localidad con mezquita aljama más cercana a Madrid era Alfahmín (Alamín), población hoy desaparecida que vigilaba el río Alberche a la altura de Santa Cruz del Retamar.
- Por otro lado, en la confluencia del Manzanares y el Jarama existen dos topónimos árabes que harían referencia al Maŷrit andalusí, indicando de esta forma que la zona pertenecería a su comarca: Vaciamadrid, que procede de Fahs Maŷrit («campo o dehesa de Madrid»), y Salmedina, de Fahs al-Madina («campo de la ciudad»). Así, los actuales Parques Lineal del Manzanares y Regional del Sudeste podrían ser los restos de un inmenso fahs o zona de pastos comunales de Madrid.
- El nombre del distrito de Moratalaz procede de un término híbrido: Morat al-Fahs, «Morat del Campo». Morato vendría del romance murat(a), «murado» o «amurallado».
- Morata de Tajuña o Muratiel en Valdetorres del Jarama tienen la misma etimología que Moratalaz.
- Más hacia el sudeste estaba la aldea de Amrús (Ambroz, antiguo barrio del centro de Vicálvaro) y el cerro al-mudawwar («el redondo») o Almodóvar, que desde la altura de sus 726 m permitía proteger los pastos hasta donde alcanzaba la vista: lugares tan lejanos como Guadarrama y Somosierra.
Vecinos de Maŷrit
Como vemos, los madrileños cultivaban huertas, criaban ganado y fabricaban utensilios de barro de calidad suficiente como para atraer la atención de los cronistas de la corte cordobesa, pero la mayor parte de estos primeros habitantes de Madrid son anónimos, ya que las fuentes escritas hablan de la élite social: gobernadores, intelectuales o incluso de los rebeldes. Y, como es habitual, casi siempre de hombres.
A falta de fuentes escritas, la mayor parte de los datos que conservamos sobre la gente común de Maŷrit provienen de la basura y desechos que la medina generaba. Los silos encontrados en el antiguo solar medieval de Madrid (unos 270) se usaron, una vez perdida su función original, como basureros y se han encontrado rellenos de diversos materiales ―cenizas, carbón, huesos, semillas, polen, madera, objetos de cerámica y metal, materiales de construcción, cáscaras de huevo…― que nos proporcionan datos muy interesantes sobre la distribución de la población, los utensilios que usaban en su vida cotidiana, la alimentación y otros aspectos del día a día.
La cerámica encontrada en los silos nos cuenta que para cocinar se usaba el anafre8.

Los madrileños usaban ollas y cazuelas con tapaderas, y para conservar la comida y la bebida se usaban orzas9, cántaros y tinajas. También estaba extendido el uso de una vajilla para presentar los platos en la mesa: grandes ataifores o bandejas, pequeñas jofainas10, tazas, jarras, botellas y redomas11 para los líquidos.

(ss. X-XI) Cuesta de la Vega. Museo de San Isidro.

Paza de Oriente. Museo de San Isidro.

Calle Mancebos, plaza de la Morería, Cava Baja y plaza de Oriente.
Museo Arqueológico Regional.
También de barro se hacían candiles de aceite, pesas para telar y juguetes y objetos decorativos.


Casa de San Isidro. Museo Arqueológico Regional.
La alimentación andalusí tenía como alimento básico la harina de diversos cereales, que se usaba para hacer pan, que se amasaba en las casas y se cocía en los hornos comunales de cada barrio. El pan servía como base para elaborar migas y sopas, y la harina también servía para hacer pasta tipo fideos, llamada al-itriyya (aletría). El grano también podía consumirse entero, en guisos con carne y verduras similares a los actuales.
El cereal más popular en al-Ándalus fue el trigo, pero en los campos de Maŷrit se producía cebada, más barata y rústica, con la que también se hacía agua de cebada12.
Entre los frutales, está atestiguada la existencia de manzanos, cerezos, higueras, prunos, nogales, avellanos y vides, y las huertas daban además ajos, coles y habas. Los higos y las uvas, frescos o secos, eran las frutas de mayor consumo en al-Ándalus. Quizás con las uvas madrileñas se hiciera, además, vino, que pese a las prescripciones religiosas fue una bebida relativamente habitual. El olivo también tuvo una importante presencia en el campo madrileño, igual que la morera.
La sierra de Guadarrama fue una de las zonas más importantes de al-Ándalus en la cría de corderos y de bueyes, ambos muy presentes en la dieta de los madrileños, igual que la cabra, aunque parece que los más consumidos fueron el conejo, la gallina y la perdiz.
Maŷritíes ilustres
Maslama al-Maŷriti
Âbû-l-Qâsim Maslama ibn Âhmad al-Faradi al-Hasib al-Qurtubî al-Maŷrîtî (Madrid, c. 950-Córdoba, c. 1007).
Nacido a mediados del s. X en Maŷrit, su gentilicio, al-Maŷrītī, significa «el madrileño» y es el más famoso de los primeros madrileños de nombre conocido13.
Uno de los intelectuales de mayor reputación del Califato de Córdoba, fue un gran astrónomo, resumió las tablas de Al-Juarismi y tradujo el Planisferio de Ptolomeo. Estos conocimientos se habrían transferido posteriormente a los reinos cristianos, sirviendo para construir los primeros astrolabios, como el de Barcelona (o de Destombes).
También fue el consejero astrológico de Almanzor14, a quien aconsejaba sobre los momentos más oportunos para empezar una campaña. También se dice que pronosticó el fin del Califato y los detalles de cómo iba a ocurrir mucho antes de que tales hechos pasaran.
La leyenda dice que tuvo una hija y colaboradora, llamada Fátima de Madrid, pero la existencia de este personaje no está atestiguada por las fuentes históricas.
Ubayd Allah ibn Sálim y Faraŷ ibn Sálim
Primer habitante conocido de Maŷrit, según las crónicas interceptó a un rebelde toledano que huía hacia el norte en 871.
El patronímico ibn Sálim, significa «hijo de Sálim» y hace referencia a una famosa tribu, los Bani Sálim o «hijos de Sálim», un linaje bereber llegado a la Península en los primeros tiempos de al-Ándalus. Muy bien establecidos en la Marca Media, llegaron a fundar una ciudad que llevaba el nombre del patriarca del clan: Madinat Sálim, «ciudad de Sálim», Medinaceli.
Al parecer, el nombre original de Guadalajara, Madinat Faraŷ, «ciudad de Faraŷ», se debe al caudillo Faraŷ ibn Sálim, hijo o nieto de Ubayd.
Algunos cronistas la época se referían a ambos como «príncipes de la frontera» y llegaron a llamar a la región de la Marca Media «frontera de los Bani Sálim».
Seguramente fueron ellos los primeros madrileños, y cabe la posibilidad que la construcción de la fortaleza de Maŷrit se deba a su iniciativa y que solo después, por su alianza con los Omeyas de Córdoba, se atribuyera la fundación al emir Muhammad I.
Abd Allah ibn Muhammad ibn Ubayd Allah
Primer gobernador de Madrid que aparece como tal en las crónicas. Por su nombre, Ibn Ubayd Allah, hay una alta probabilidad de que se trate del nieto del primer madrileño del que hemos hablado más arriba.
Fue nombrado por el califa Abd al-Rahmán III en el año 930, a la vez que un hispanorromano, Garsiya15 ibn Ahmad, se hacía cargo del gobierno de Talamanca y un bereber, Arzaq ibn Maysara, gobernaba Guadalajara.
A medida que el poder central se fue asentando en la frontera, los Bani Sálim fueron decayendo en Madrid y en Guadalajara16.
Ribāt
Madrid atrajo a ulemas o expertos en ciencias islámicas, que incluían el amplio abanico del estudio del Corán, la tradición profética, la jurisprudencia, la teología, la lengua árabe, la literatura y la historia.
Las fuentes nos han dejado datos de 22 ulemas relacionados con Madrid, 5 con Talamanca y 3 con Alcalá, una cifra muy baja en comparación con los 60 que se conocen en Guadalajara, o los 224 de Toledo sólo en los ss. X y XI.
Si los madrileños aspirantes a sabios, como Maslama al-Maŷriti, tendían a emigrar a otras partes se al-Ándalus, ¿por qué hubo en Madrid tantos ulemas? La razón es el ribāt.
El ribāt se trataba de una práctica muy extendida entre los hombres de religión del Islam, consistente en retirarse durante un tiempo ―o para siempre― a alguna población de frontera, lo que les permitía llevar una vida ascética y participar en la defensa de los territorios del Islam, a veces con las armas, pero también realizando labores docentes entre la población y la tropa.
La labor de estos ulemas fue crucial en la difusión del Islam y la lengua árabe entre la población andalusí, por lo que puede considerarse que Maŷrit fue un pequeño foco de irradiación cultural para la comarca circundante.
Ibn al-Qazzaz
Ese debió ser el caso de este famoso alfaquí17 cordobés, que en 887, tras haber rechazado el cargo de cadí que le ofrecía el emir Muhammad I, en un gesto de ascetismo y virtud se retiró a hacer ribāt a Maŷrit acompañado de su hijo Ahmad y dos discípulos llamados también Ahmad.
Ibn al-Qazzaz enfermó en el camino de Maŷrit y hubo de ser llevado a Toledo, donde falleció.
Ŷassás al-Záhid
Natural de Siŷilmassa, importante ciudad hoy desaparecida en el noroeste del desierto del Sáhara, fue otro de los practicantes de ribāt. Al parecer se dedicaba a explicar en Maŷrit un controvertido libro de ascética escrito por Yumn ibn Rizq, santón milagrero de Tutila18 de quien se cuenta que tenía el don de la bilocación19.
Musa ibn Qásim
Ulema toledano que en 1051 fue mortalmente herido por los castellano-leoneses en una emboscada en el fahs de la Salmedina.
Abu l-Walid Yúnus al Azdi
Último forastero que legó a Maŷrit a hacer el ribāt. De origen toledano, era llamado Ibn Shuquh, mote que Jaime Oliver Asín interpretaba como un híbrido árabe-romance: Ibn Chueco, es decir «hijo del patizambo». Este hombre a quien las fuentes presentan como afectuoso y de buen carácter, murió en Maŷrit el 7 de diciembre de 1081.
Notas:
- Conquistada por Alfonso VI de León en 1085.[↩]
- Muhammad bin Abd al-Munim al-Himyari.[↩]
- Kitabal-Rawd al-Mitar, «El libro del jardín fragante», es un diccionario geográfico en árabe escrito en fecha desconocida, fundamental para el estudio de la historia de Al-Ándalus, y se basa en parte en las obras de al-Bakri y de Muhammad al-Idrisi.[↩]
- Del árabe «ar-rub’», ‘cuarto’, ‘la cuarta parte’, era una unidad tradicional de peso del sistema castellano. Su símbolo es @. Como medida de peso, la arroba equivalía a la cuarta parte del quintal, lo que supone 25 libras castellanas (aproximadamente 11,502 kg). Como medida de capacidad de líquidos o áridos, su valor varía dependiendo no solo de las zonas, sino también del propio líquido medido. Así, para el aceite, la arroba equivale a 12,5 kg o arroba de masa lo que equivale al volumen ocupado de la misma que es 12,563 l, mientras que si se trata de medir vino su equivalencia es de 16,133 l. La alfarería tradicional fabricaba recipientes específicos, como el cántaro arrobero.[↩]
- Similar a los muchos restos de animales extintos que se han hallado en Madrid.[↩]
- Del árabe «al-yami’», ‘que reúne’. Mezquita mayor de un lugar. Cuenta con un minbar o cátedra desde el que se pronuncia el sermón de los viernes, atrayendo para esa ocasión a la población de la comarca, que de ordinario puede acudir a mezquitas de aldea o de barrio.[↩]
- Abū Abd Allāh Muhammad al-Idrīsī (1100-1165 o 1166), también conocido como el Árabe de Nubia, fue un cartógrafo, geógrafo y viajero. Nació en el Imperio almorávide y vivió y desarrolló la mayor parte de su obra en la corte normanda de Roger II de Sicilia, establecida en Palermo.[↩]
- Un tipo de hornillo portátil, de uso común todavía hoy en lugares como Marruecos.[↩]
- Vasija de la familia de las ollas, de boca ancha, aunque más cerrada que en estas, base plana y recogida, con dos o más asas o sin ellas, y vidriada en el interior y en su tercio superior exterior.[↩]
- Recipientes usados para el aseo personal elemental. Es sinónimo de palangana, y como esta, puede ser metálica y de cerámica, o de fabricación mixta. Se complementa con la jarra aguamanil.[↩]
- Vasijas de pequeño tamaño, originalmente cerámicas y luego de vidrio, anchas en su base y que se van estrechado hasta la boca. Útiles para escanciar líquidos, están provista de un asa, aunque existe la redoma sin asa, denominada limeta.[↩]
- Bebida muy popular cuyas virtudes fueron alabadas por el filósofo Ibn Rushd (Averroes), que escribió que «refresca, hidrata, atempera y limpia de un modo maravilloso».[↩]
- Aunque las fuentes documentales nos muestran nombres de otros personajes originarios o residentes en Madrid anteriores incluso a Maslama.[↩]
- Abu ʿAmir Muhammad ben Abi ʿAmir al-Maʿafirí (en árabe, llamado al-Manṣūr, «el Victorioso», más conocido como Almanzor (c. 939-Medinaceli, 9 de agosto del 1002), fue un militar y político andalusí, canciller del Califato de Córdoba y hayib o chambelán del califa Hisham II.[↩]
- García.[↩]
- Que perdió su nombre de Madinat Faraŷ y adquirió el del río, Wad al-Hiŷara.[↩]
- Experto en jurisprudencia islámica.[↩]
- Tudela.[↩]
- Término usado para describir un fenómeno paranormal, sobrenatural o divino, por el que una persona u objeto se ubica en dos lugares diferentes al mismo tiempo.[↩]
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