Primero debes completar 1. Prehistoria (I) – Los primeros pobladores de Madrid antes de ver esta lección

Siglos VII-XI — Madrid visigodo e islámico

¿Una población visigoda indígena?

Aún hoy sigue habiendo debate sobre la existencia del supuesto poblado visigodo de pastores en el vallejo del arroyo de San Pedro1.Este hipotético asentamiento no tendría una antigüedad mayor que los últimos años del s. VII, fecha a la que apunta la controvertida lápida de la antigua iglesia de Santa María de la Almudena. Pero no existe ningún otro testimonio o resto de su existencia que haya llegado hasta nuestros días. El único argumento que sigue usándose para dar por buena la existencia del poblado visigodo son las investigaciones de Oliver Asín sobre el origen del nombre de Madrid.En las excavaciones de la plaza de la Armería se encontró un esqueleto humano que se fechó en época visigoda, pero no se trata de una prueba concluyente para poder afirmar la existencia de una población estable cercana, pues se trataba de una enterramiento aislado en fosa, sin indicios de que hubiese una necrópolis en el lugar.

Musulmanes y muladíes

El grupo musulmán que se traslada a vivir a Maŷrit tras su fundación estaba compuesto por la guarnición militar de la fortaleza, la población civil del arrabal y los intelectuales y científicos que eligieron la medina como punto central de su actividad.La guarnición militar debió estar compuesta en su mayor parte por gentes de origen beréber, aunque los principales cargos habrían sido acaparados por árabes, y estaba bajo las órdenes del gobernador o alcaide del castillo.Un mínimo sector civil tendría encomendada la tarea de cubrir las necesidades básicas de abastecimiento y manutención de la fortaleza: herreros, panaderos, curtidores y otros oficios de los que no se ha conservado documentación pero que sin duda estuvieron presentes en la ciudadela islámica.Fuera de las murallas, en un arrabal que creció hacia el este rápidamente, la población civil estaba compuesta por fontaneros2, hortelanos, agricultores, alfareros, artesanos del cuero y comerciantes. Estos oficios persistirían de forma importante entre la población madrileña hasta épocas muy posteriores.Los artesanos maŷritíes eran tan habilidosos y la materia prima que usaban de tanta calidad, que ha llegado hasta nuestros días alguna referencia de su buen hacer. El geógrafo árabe al-Himyari, en su obra «Kitab al-rawd al-mi’tar3», alaba el barro de Madrid:

«Hay en Mayrit una tierra de la que se hacen pucheros, los cuales se pueden utilizar, poniéndolos al fuego, durante veinte años, sin que se rompan. El alimento que en ellos se deposita no se altera además con el calor de la atmósfera».

Los artesanos y agricultores musulmanes probablemente fueron los que mantuvieron mayores y más fecundos contactos con la población mozárabe de Maŷrit.Considerada pronto como lugar importante de la Marca Media, Maŷrit atrajo, además, a intelectuales y científicos, probablemente a hacer ribāt4: filólogos, jurisconsultos, polígrafos, historiadores, comentaristas del Corán, matemáticos y astrónomos, unas veces forasteros venidos a ella a partir del s. X y otras nacidos en la propia medina.Como en otras medinas fundadas en los primeros siglos de presencia islámica en la Península, es posible que en Maŷrit hubiese población conversa o muladí5, pero no nos ha llegado ningún documento o noticia sobre este colectivo.

Mozárabes

No disponemos de documentación fehaciente que demuestre la existencia de población mozárabe en Maŷrit, pero tampoco de ninguna que lo refute.Actualmente no está desechada la posibilidad de que con la entrada de los musulmanes en Madrid, y la posterior construcción de la fortaleza y el recinto amurallado, la medina se convirtiera en una población dividida en dos barrios bien delimitados social y físicamente por el cauce del arroyo de San Pedro. Al norte del arroyo, sobre la colina de la almudena y los terrenos circundantes estaría el barrio musulmán; al sur, sobre la ladera del vallejo y en la colina luego llamada de las Vistillas, la población nativa de origen visigodo, ahora mozárabe6.No se descarta que este colectivo indígena mantuviese sus asentamientos iniciales y sólo tuviese que atenerse a la limitación de dirigir su posterior crecimiento hacia el sur, llegando muy pronto a colonizar la zona donde luego se construiría la iglesia de San Andrés.Este grupo, si bien mantuvo su cultura, religión y tradiciones sufrió una progresiva arabización, lo llevó a que adoptasen ciertas costumbres comunes a los musulmanes de al-Ándalus7.

Siglos XI y XII — Conquista y repoblación

La consecuencia inmediata de la conquista de Maŷrit por Alfonso VI fue la transformación radical tanto de la distribución física de la población como de su composición y estructura social. A partir de ese momento, a los musulmanes y mozárabes, hasta entonces los únicos pobladores de la villa, se les unieron grupos más o menos numerosos de repobladores cristianos de origen franco y castellano-leonés, así como judíos sefardíes8.La actitud inicial de los conquistadores, pactada por Alfonso VI y alQadir, rey de la taifa toledana, fue de permisividad y tolerancia hacia los musulmanes que no quisieron abandonar la ciudad. No existen noticias de una emigración generalizada hacia territorios de al-Ándalus, al menos, el siglo posterior a la conquista. Únicamente se les obligó entregar la fortaleza y agruparse en barrio propio, teniendo que abandonar el cerro del alcázar, desde el cual habían gobernado la villa en los siglos anteriores, y acomodarse en la parte baja del barranco de San Pedro (lindando ya con las llamadas huertas del Pozacho) y alrededores de San Andrés, donde formaron el barrio de la Morería.

Repobladores

Cuando Alfonso VI conquistó Madrid, parte de los que le apoyaron fueron recompensados con solares y propiedades en el sector de la alcazaba musulmana, que al ser expulsados de ella sus anteriores ocupantes había quedado vacío.Con el paso del tiempo este barrio continuaría siendo el preferido por los personajes cercanos a la realeza, por su proximidad al alcázar.Muy poco tiempo después, una segunda ola de repobladores de origen franco recibió como donación un extenso territorio al noreste de la villa, el priorato de San Martín, conformándose un arrabal independiente, con fuero propio y jurisdicción autónoma, que quedó anexionado plenamente a Madrid ya en la primera mitad del s. XIII.Al mismo tiempo, parte de estos repobladores francos ocuparon la que sería colación de San Nicolás, barriada extramuros contigua a la ciudad por el noreste.En el s. XII, la tercera oleada repobladora estuvo compuesta por castellanos de los valles de Carrión y del Pisuerga, que llegan a Madrid por la calzada de Simancas y ocupan un amplio sector de la villa, la colación de Santiago, entre las dos barriadas francas.Tanto en el caso de los francos como en el de los castellanos, el objetivo de ambos asentamientos fue colonizar y empezar a cultivar tierras hasta entonces en desuso para asegurar el arraigo de la población cristiana en la plaza recién conquistada.Las estimaciones indican que el número total de repobladores llegados a la villa fue ligeramente superior al de los mozárabes que encontraron en ella y que la fusión entre ambos grupos se completó poco tiempo después de la llegada de los contingentes repobladores.

Colaciones del Madrid medieval (segunda mitad del s. XV): 1: Santa María. 2: San Andrés. 3: San Pedro. 4: San Justo. 5: San Salvador. 6: San Miguel de los Octoes. 7: Santiago. 8: San Juan. 9: San Nicolás. 10: San Miguel de Sagra. 11: San Ginés. 12: San Martín. 13: Santa Cruz.

Mozárabes

Los cristianos hispanovisigodos que durante la ocupación musulmana habían continuado fieles a su religión permanecieron en sus antiguas viviendas del tramo alto del vallejo de San Pedro y colina de San Andrés. Además, tuvieron la posibilidad de vivir en la colación de Santa María, en el privilegiado sector de la alcazaba, y de ocupar amplios espacios hacia el sudeste, en los que se formaron las colaciones de San Miguel de Sagra, San Miguel de los Octoes, San Justo y San Pedro.Parece ser que el número de mozárabes era aproximadamente igual al de los repobladores llegados de fuera, pero estos fueron capaces de imponer la mayoría de las veces su modo de vida, cultura y creencias sobre la población cristiana autóctona.

Mudéjares y judíos

Parece ser que los mudéjares quedaron integrados en la población cristiana y que fueron aceptados por ella sin mayores problemas. De hecho, su pericia artesanal en diversos oficios acabó convirtiéndoles en personal cualificado indispensable para el crecimiento y expansión de la nueva villa9.En cuanto a los judíos sefardíes10, no sabemos si vivían ya en Madrid durante la dominación musulmana. Lo más probable es que llegasen en los últimos años del s. XI, coincidiendo con la emigración masiva de judíos desde al-Ándalus hacia los reinos cristianos que se produjo en aquella época.Según las investigaciones de Montero Vallejo, parece ser que la mayoría de la población judía se estableció en una pequeña zona dentro del recinto amurallado islámico, coincidente con el solar de la actual Catedral de la Almudena, aunque sus miembros más notables se habrían repartido libremente por diversas zonas de la villa.Inicialmente se dedicaron a la artesanía y al trabajo de la tierra y su integración en la comunidad madrileña fue buena, aunque no tanto como la de los mudéjares11.

Vecinos, herederos, moradores y forasteros

A las diferencias étnicas, culturales y religiosas hay que añadir, dentro del grupo cristiano, otras diferencias que acarreaban consecuencias jurídicas considerables. La fuente básica de la que disponemos para saber sobre este asunto es el Fuero de 1202, ya que en él aparecen claramente definidas hasta cuatro categorías distintas de madrileños:

  • Vecinos e hijos de vecinos: aquellos que residían en la villa al menos las dos terceras partes del año.

  • Herederos: los que tenían en Madrid casa propia y viña o heredad.

  • Moradores: los que vivían en una casa alquilada, simples residentes sin carta de vecindad en la villa que eran tratados de forma no muy distinta a los forasteros.

  • Albarranes o forasteros: aquellos que no reunían ninguna de las condiciones anteriores.

Cada uno de estos grupos recibía un tratamiento jurídico distinto. La finalidad era, al tratarse de una villa de repoblación, incentivar en la medida de lo posible la residencia prolongada en la villa y la compra o construcción de viviendas y propiedades que asegurasen el arraigo de los repobladores que acababan de llegar. Un mismo delito era penado con distinto rigor en el Fuero, según quién lo cometía: el heredero sufría una pena cinco veces mayor que la del vecino, y el morador ocho veces mayor.

Siglo XIII — La sociedad del Madrid cristiano

En la segunda mitad del s. XIII, los repobladores y los mozárabes ya se habían fusionado totalmente, y la población cristiana había constituido ya un vecindario estable y fiel a la Corona de Castilla, haciendo innecesarias las diferencias jurídicas que habían existido tiempo atrás.Los mudéjares y los judíos, por su parte, continuaban siendo comunidades hasta cierto punto autónomas, pero todavía suficientemente integradas en la colectividad.Estas minorías irán quedando cada vez más aisladas y poco a poco irán apareciendo prejuicios y resentimientos en su contra. Por razones religiosas o étnicas nunca llegarán a integrarse en la población cristiana y finalmente serán expulsados de la villa.El grupo cristiano acabará escindiéndose en dos facciones antagónicas: los caballeros y los pecheros. La llegada de familias notables para establecer su morada en la villa amplió la brecha entre ambos grupos y las epidemias, las épocas de escasez y las calamidades climáticas harán aparecer un gran número de ciudadanos marginados.

Población cristiana

La mayoría de la población madrileña estaba compuesta por los descendientes de los antiguos mozárabes y repobladores, pero no todos ellos habían alcanzado unas condiciones sociales iguales.

Grupos marginales:

Todos aquellos que no disponían de los medios suficientes para subsistir y que, por no ser vecinos y no tener un oficio o actividad conocidos, inspiraron siempre las sospechas de las autoridades locales:

  • Pobres y las viudas: habitualmente fueron objeto de protección por parte del Concejo y estaban exentos total o parcialmente del pago de determinados pechos12 o cargas, se les proporcionaba un letrado costeado por el propio Ayuntamiento para defenderlos en las causas en que se vieran inmersos… A partir de finales del s. XV se les obliga a tener autorización del corregidor para poder pedir limosna por las calles13.

  • Vagabundos, gentes de «mal vivir» y jugadores: siempre fueron perseguidos por el Concejo14.

Pecheros:

El porcentaje mayor del total de la población, eran todos los habitantes de Madrid obligados a contribuir en los servicios o impuestos directos. Tenían representación propia en el Concejo, el procurador y el letrado de pecheros, que defendían sus intereses ante las autoridades de la villa. Se trataba de un grupo extremadamente variado, con gente de los más diversos niveles y condiciones sociales.

  • Trabajadores de la tierra: el estrato más bajo de los pecheros. Agricultores y hortelanos formaban uno de los pilares económicos del Madrid medieval.

  • Artesanos: se situaban inmediatamente por encima de los anteriores, representaban el porcentaje mayor del grupo pechero, al menos a partir de mediados del s. XV. Se puede distinguir entre:

    • Artesanía de subsistencia, encargada de los abastos: carniceros, pescaderos, panaderos, cortadores, triperas…

    • Artesanía de la construcción: alarifes, empedradores y tapiadores.

    • Artesanía especializada: trabajadores del cuero (curtidores, zapateros y borceguineros15 ), la metalurgia (herreros, caldereros, cerrajeros, cuchilleros, plateros…) y el textil (albarderos16, calceteros, cinteros, cordoneros, guanteros, pañeros, roperos, tejedores, tintoreros…).

    • Otros artesanos: candeleros, carpinteros, especieros, libreros, pintores, relojeros, silleros, tañedores… Pequeños comerciantes: con una posición generalmente más holgada que la de los artesanos. Traperos17, bodegueros, mesoneros y taberneros, propietarios de tiendas…

  • Profesionales liberales y servidores reales.

Pequeña nobleza:

El estrato superior, los nobles y aristócratas18, era muy reducido en Madrid. Las familias Arias, Vozmediano, Lodeña, Mendoza y Zapata raras veces se dejaban ver por Madrid, ya que residían la mayor parte del tiempo en sus tierras y castillos, sin interesarse mucho por los problemas cotidianos de una pequeña villa como era Madrid.El grupo de los caballeros, por contra, era mucho más numeroso. Formado por los descendientes de los primeros repobladores cristianos, con el paso del tiempo lograron consolidarse como una clase social poderosa e influyente. Sus casas eran los principales edificios civiles de la villa.Algunos de estos caballeros llegaron a ser oficiales de los Reyes Católicos en el s.XV, ocupando puestos de relieve en la Corte: Álvaro de Alcocer, Alonso del Mármol, Francisco Ramírez y Cristóbal de Vitoria llegaron a ser secretarios reales; otros destacaron por su carrera militar: Diego de Guevara (general de armada), Alonso de Olivares (capitán de artillería), Juan de Ribera (capitán de la guardia de caballo); también los Castilla, Guillén, Losada, Luján, Madrid y Monzón tuvieron oficios en la Corte.

Clero:

El clero de la villa fue favorecido por numerosos privilegios reales desde el s. XIII.Además del secular, agrupado en el Cabildo de clérigos, en la villa se establecen varias comunidades de órdenes religiosas: dominicos, franciscanos, benedictinos y jerónimos, que tuvieron a su cargo los al menos ocho monasterios y conventos con que contó Madrid durante la Edad Media, así como los hospitales que fueron fundados en la villa durante estos siglos.


Notas:
  1. Actual calle de Segovia.[]
  2. Constructores de la red de viajes de agua que abastecería Madrid durante siglos.[]
  3. «Kitab al-Rawd al-Mitar» (o, simplemente, «Rawd al-Mitar»), «El libro del jardín fragante», es un diccionario geográfico escrito en árabe en fecha desconocida, entre los ss. XIII y XV, por Muhammad bin Abd al-Munim al-Himyari. Es una obra fundamental para el estudio de la historia de Al-Ándalus, y se basa en parte en las obras de al-Bakri y de Muhammad al-Idrisi.[]
  4. Práctica muy extendida entre los hombres de religión del Islam, consistente en retirarse durante un tiempo ―o para siempre― a alguna población de frontera, lo que les permitía llevar una vida ascética y participar en la defensa de los territorios del Islam, a veces con las armas, pero también realizando labores docentes entre la población y la tropa.[]
  5. Muladí puede designar a tres grupos sociales presentes en la península ibérica durante la Edad Media: hispanorromanos y visigodos que adoptaron la religión, lengua y costumbres del Islam para disfrutar de los mismos derechos que los musulmanes tras la formación de al-Ándalus; cristianos que abandonaban el cristianismo, se convertían al Islam y vivían entre musulmanes; o hijos de un matrimonio mixto cristiano-musulmán y de religión musulmana.[]
  6. Es posible que este hecho fuera el lejano origen de la luego tópica existencia de los «Madriles».[]
  7. Como el uso del árabe y de ropas similares a la de los musulmanes, recortarse la barba al estilo andalusí o enterrarse directamente en el suelo, sin ataúd.[]
  8. Es probable que los sefardíes ya estuvieran asentados en la ciudad islámica, pero sólo a partir de la conquista cristiana comienzan a adquirir notoriedad y peso específico dentro de la sociedad madrileña.[]
  9. En el Fuero de 1202, por ejemplo, no aparece ninguna indicación expresa de que esta comunidad estuviese discriminada con respecto a sus vecinos cristianos.[]
  10. Del hebreo «sefaraddim», ‘los judíos de Sefarad’, son los judíos que vivieron en la Corona de Castilla y la Corona de Aragón hasta su expulsión en 1492 por los Reyes Católicos y también sus descendientes, quienes, más allá de residir en territorio ibérico o en otros puntos geográficos del planeta, permanecen ligados a la cultura hispánica.[]
  11. El propio Fuero de 1202 permite intuir una mayor marginalidad y aislamiento de este grupo.[]
  12. Impuestos, tasas.[]
  13. Según las fuentes disponibles de esta época, parece ser que eran bastantes los que lo hacían por pura picaresca.[]
  14. Como demuestran las numerosas disposiciones que éste dictó para impedir que estas personas pudiesen usar las tabernas como lugar casi permanente de residencia.[]
  15. Fabricantes de borceguíes, un tipo de calzado utilizado en la Península durante la Edad Media, una especie de bota que cubría la pierna hasta la altura de la rodilla.[]
  16. Fabricantes de albardas, arreos para animales de carga.[]
  17. Dedicados al comercio de tejidos[]
  18. Grandes señores.[]

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