Primero debes completar 1. Prehistoria (I) – Los primeros pobladores de Madrid antes de ver esta lección

Roma llega a la carpetania

La romanización de Hispania1 se realizó conservando muchas de las tradiciones de los pueblos indígenas, y supuso la unificación administrativa de todo el territorio, provocando importantes cambios en todos los ámbitos de la vida.

La unidad básica de organización será la villa, unidad autosuficiente que explota un amplio territorio denominado fundus, compuesta por varias instalaciones entre las que se encuentra la propia residencia del señor y su familia (pars urbana) y otras de carácter agrícola, ganadero e industrial (pars rustica y pars fructuaria).

Los avances dentro del mundo de la construcción fueron también notables, tanto desde el punto de vista técnico con la utilización de nuevos materiales como por ejemplo el hormigón, como de la construcción de infraestructuras.

La zona de la carpetania fue conquistada por Roma en 139 a.n.e., integrándose en la provincia de Hispania Citerior y más tarde en la Tarraconense.

El área madrileña no tuvo la importancia cultural y económica de otras zonas peninsulares, pero su situación central en la Península la convirtió en cruce de comunicaciones que conectaba las dos Mesetas y el nordeste peninsular con la Lusitania.

A pesar de esto, y aunque a veces se ha sugerido lo contrario, la región de Madrid no fue una marginal y sin urbanizar, la romanización fue intensa en las vegas de sus ríos, creándose un asentamientos rurales dedicados a la agricultura y la ganadería.

A principios del s. VI n.e., la actual región de Madrid pasó a formar parte del reino visigodo de Toledo, como la mayor parte de Hispania. Y aunque se hubo grandes transformaciones económicas y sociales, siguió manteniendo su carácter fundamentalmente rural.

Una sociedad rural

Las ciudades romanas de las provincias del Imperio eran consideradas como una nueva Roma, así que mantenían la misma estructura urbana y administrativa que la capital del lmperio.

El único municipio2 bien conocido de época romana es Complutum (Alcalá de Henares), con una población de 50.000 habitantes, que contaba con un foro rodeado de edificios públicos monumentales y casas distribuidas en manzanas regulares, decoradas con mosaicos y pinturas.

Sabemos de la existencia de otros municipios romanos en la región de Madrid, como Titultiam o Mantua, pero desconocemos su localización.

Las ciudades como Complutum tenían un foro3, que era el centro de la vida pública, y a su alrededor se disponían los demás edificios de gobierno y ocio. El foro se situaba en el cruce entre el cardo máximo4 y el decumano máximo5, las calles principales de la ciudad. La vida económica se centraba en el mercado.

Plano ideal de una ciudad romana

La casa privada era la domus, y estaba organizada entorno a una serie de espacios:

  • Tablinum: habitación de entrada, recibidor.
  • Peristilo: patio central en torno al cual se disponían el resto de la estancias.
  • Cubicula: habitaciones para dormir.
  • Triclinium: comedor principal y salón.
  • Culina: cocina
  • Balneum: baño.
Esquema de una domus romana

Pero en realidad, la mayor parte de los habitantes de la región vivía en pequeñas aldeas, granjas y villas dedicadas a la explotación agrícola, ganadera y forestal del territorio.

La base de la economía de las poblaciones romanas de Madrid eran los cereales, el aceite y el vino, junto con los cultivos de huerta y la cría de ovejas.

En el municipio de Madrid los hallazgos de época romana se concentran en los valles del Manzanares, con las villas de Villaverde, Carabanchel o Puente de Segovia, y del Jarama, con la villa del Rasillo. Entre ambos ríos, en Los Berrocales (Vicálvaro), se ha documentado una aldea romana con calles porticadas y pavimentadas.

El campo romano

La intensificación de las prácticas agrarias provoca una mejora y diversificación de los útiles agrícolas, la mayoría de los cuales han continuado usándose hasta nuestros días, como el arado. También se obtienen múltiples excedentes agrícolas que son exportados a otras zonas del Imperio y a las ciudades hispanas que ahora experimentan un importante crecimiento. Concretamente Hispania se caracterizó por la producción de trigo, vino y aceite.

La producción de cerámica también adquiere una importancia inusitada. Los hornos rurales producían tanto para abastecer a las villae como a las ciudades; hornos como los aparecidos en Villamanta o Villarejo de Salvanés funcionaron como pequeños centros alfareros a escala local.

El horno del Guijo

En el Museo Arqueológico Regional de Madrid (Alcalá de Henares), se conserva un horno completo que fue descubierto en el yacimiento del Guijo, en la zona de Barajas, y que ha sido datado a finales del s. I o principios del s. II n.e.

Horno cerámico de El Guijo (Fuente: Museo Arqueológico Regional de Madrid)

Este tipo de hornos estaba compuesto por varias partes:

  • Praefurnium: lugar por donde se alimenta el horno.
  • Cámara de fuego: lugar donde se hace el fuego y se produce calor.
  • Techo de la cámara de fuego: hacía de suelo de la cámara de cocción y solía estar perforado por una serie de agujeros para canalizar el gas de dicha cámara.
  • Laboratorio: cámara de cocción, situada sobre la cámara de fuego, lugar en el que se cocían las piezas cerámicas.

Las villas: residencias señoriales

Las villas eran a la vez establecimientos agrarios y residencia de sus propietarios. En la parte destinada a la vivienda, la parsurbana, estaban las estancias de mayor calidad y lujo, con paredes pintadas y pavimentos de mosaico: el oecus o zona de recepción, el comedor o triclinium y los dormitorios, generalmente organizados en torno a un patio o dispuestos a lo largo de un corredor con columnas. Los muros tenían zócalos de piedra y paredes de ladrillos o de adobe y las cubiertas eran principalmente de tejas, rematadas en el alero con antefijas6 de cerámica realizadas a molde.

Más que una bella residencia

La función principal de las villas era la explotación agropecuaria del territorio circundante, donde se situaban los cultivos y los pastos. Estas actividades y las de transformación requerían espacios en la misma villa o cercanos a ella.

En establos y corrales se guardaban el ganado o los animales de faena. En graneros y en grandes tinajas semienterradas se almacenaban el cereal, las legumbres o el vino. Lagares y depósitos de fermentación servían para el procesamiento de vino o aceite. Herrerías, carpinterías, hornos de cerámica o de fabricación de cal aseguraban cierta autosuficiencia a la explotación.

La villa de Villaverde

Fue la primera villa romana excavada en Madrid, en 1929. En ella se documentaron espacios tanto de la pars urbana como de la parsrustica. Tenía una galería cubierta a la que daban las habitaciones, dos de ellas con mosaicos. En la parte posterior se abrían varios patios destinados a labores agrícolas. Las habitaciones principales tenían decorados sus muros con pinturas, a base de zócalos pintados en amarillo o rojo, sobre los que se distribuían paneles imitando diversos tipos de mármoles y separados por motivos vegetales o lineales. A menudo, la parte superior de los paneles se enmarcaba con molduras de estuco.

Reconstrucción de la villa romana de Villaverde (Museo de San Isidro)

Los mosaicos romanos

Uno de los elementos más sobresalientes de las clases acomodadas en época romana eran los mosaicos. Concebidos como elementos de prestigio entre las clases nobles, también fueron vehículo de transmisión de los nuevos valores del Imperio. Los romanos tomaron de los griegos la técnica de utilizar mosaicos para adornar sus viviendas y se solían colocar en el suelo. Sólo a partir del s. IV n.e. los mosaicos comienzan a colocarse en las paredes.

Mosaico de las cuatro estaciones

Descubierto a comienzos del s. XIX, fue el primer hallazgo romano importante en Madrid. En él se representaban las estaciones del año, de las que solo se había conservado el Otoño, en la esquina superior derecha. Restaurado poco después, una incorrecta interpretación repitió ese motivo en las otras esquinas.

En el emblema central es visible una pantera llevada por la mano de un hombre perteneciente a algún personaje del cortejo báquico. Ambas decoraciones eran típicas en los comedores de las villas y casas romanas.

Mosaico de las Cuatro Estaciones, Carabanchel (Museo de San Isidro)

Custos domi: la protectora de la casa

Adornos, joyas, utensilios ligados al cuidado y la higiene personal, así como herramientas de tejer que aparecen en habitaciones, en tumbas o representados en relieves, se asocian con la mujer e identifican su presencia, aunque los hombres también dedicaban tiempo a su cuidado personal, utilizaban utensilios y cosméticos similares y llevaban adornos y joyas.

El papel de la mujer en el contexto doméstico de la villa era el de administradora de la casa y sus bienes y custodiaba llaves, armarios y despensas, además de encargarse de las tareas relacionadas con el tejido.

Conjunto de vidrios romanos (Museo de San Isidro)

Los dioses de las pequeñas cosas

Del mundo rural al que pertenecían villas y aldeas han quedado pocos testimonios religiosos. El culto doméstico, dirigido por el pater familias, se centraba en los lares7 o dioses familiares.

Cabeza de dios Silvano, villa de Villaverde (Museo de San Isidro)

En Madrid, este culto doméstico está documentado por una estatuilla de Minerva descubierta en el s. XIX y una cabeza del dios Silvano que corresponde a este ambiente pues se trataba de una divinidad protectora de los límites de la propiedad y de la casa, y, en general, del mundo agrícola y silvestre.

Diana cazadora

La adoración a los dioses estaba ampliamente extendida en el Imperio romano. Representados con forma humana, reflejaban todos los aspectos de la vida y a ellos se les rendía culto con procesiones, sacrificios, plegarias y ofrendas, para implorar la gracia divina o para agradecer el beneficio recibido.

Diana cazadora, Casa de Hypollitus (Alcalá de Henares)

Diana era la diosa itálica y romana identificada con la Artemis griega y primera divinidad femenina del panteón hispanorromano. La caza era su actividad preferida y casi siempre iba acompañada de un ciervo o un perro, vestida con una corta túnica y sandalias de caza, armada con un arco y un carcaj lleno de flechas.

Esta escultura de mármol blanco, del s. IV n.e., fue hallada en la Casa de Hippolytus y se realizó para el culto y la protección de los jóvenes aristocráticos de Complutum. Su culto en Hispania parece privado, propio del ámbito popular y dentro de un ambiente íntimo y doméstico.

El adorno personal

La preocupación por el aseo y adorno personales se documenta durante toda la época romana, pudiéndose observar una evolución de los tocados desde época republicana (Ss.II/I a.n.e.) hasta momentos finales del Imperio (S. V n.e)

Los tarritos de unguentos junto a pequeñas cucharillas (ligula), las pinzas y los peines para el cabello son testigos de la importancia que tenían estos utensilios para la belleza femenina en la vida cotidiana. Las agujas para el pelo (acus) eran uno de los útiles más característicos del adorno personal femenino. Se emplearon no sólo para configurar peinados, sino también para realizar tocados (sujeción del velo), ejerciendo también de elementos decorativos. El uso de pelucas fue muy frecuente.

Se hacían toda clase de esfuerzos para disimular cualquier señal de edad. Había maquillaje especial importado de la India y también se utilizaba el albayalde8 o yeso blanco para obtener un aspecto más pálido. Algunas mujeres se aplicaban lodo mezclado con excrementos de cocodrilo. Se conservan recetas para hacer mascarillas; una de ellas consistía en mezclar cebada, bulbos de narciso, astas de venado pulverizado y miel para tener un cutis suave y radiante.

Vajillas de lujo

Las vajillas romanas de lujo son uno de los elementos arqueológicos más característicos de los yacimientos de esta época. Entre la cerámica fina de mesa destaca la terrasigillata, con recipientes lisos y decorados a molde, con ruedecilla o burilado.

Hubo una gran diversidad del ajuar de mesa, que estaba compuesto de objetos tanto de cerámica como de vidrio o de metal. En las mesas más pudientes se dispuso la costosa vajilla metálica y debieron existir recipientes de materiales perecederos como la madera o el cuero, aunque destacan los recipientes cerámicos de terrasigillata.

Cuenco de terra sigillata (Museo de San Isidro)

Los romanos usaban servicios individuales, en los que cada comensal tenía su propio juego formado por vaso o copa, cuenco y plato. Algunos recipientes presentan grafitos9, una forma de marcar la pertenencia del objeto dentro de las series repetidas.

La evolución de usos y gustos culinarios trajo consigo una evolución formal de los recipientes. En época tardorromana se reduce el repertorio de la vajilla predominando cuencos, platos y bandejas de grandes dimensiones.

Las calzadas romanas

El auge del comercio experimentado en la región en época romana implica la mejora de las vías de comunicación. Las vías romanas eran verdaderas obras de ingeniería con toda una infraestructura asociada de posadas donde el viajero podía pernoctar (mansio) y también existían otras instalaciones más modestas en la que se podía descansar y relevar las caballerias (mutationes). Junto a las vías se colocaban miliarios que marcaban las millas recorridas (1481 m) y tabelarii que marcaban el camino cada cien pasos (148 m)

En la región madrileña encontramos la confluencia de algunas de las vías principales que unían a Emerita Augusta (la actual Mérida) y Cartago Nova (Cartagena), con Caesaraugusta (Zaragoza) y Tarraco (Tarragona). Relacionado con este nudo de comunicaciones, el único núcleo de población localizado en nuestra comunidad con un trazado urbano netamente romano es el de Complutum (Alcalá de Henares).

¿Como se enterraban?

La sociedad romana rendía especialmente culto a sus antepasados. Así los cementerios se colocaban entorno a las vías de entrada a las ciudades y eran muy parecidos a los de hoy en día, con las tumbas señalizadas con estelas y monumentos funerarios cuyas características dependían de la categoría social del difunto. Las inscripciones de las estelas reflejaban el nombre, la edad, nombres de familiares y otros aspectos de la vida del individuo, así como los deseos de felicidad en el más allá. Las tumbas tenían como finalidad hacer ver a los vivos que allí se encontraba alguien que en otro tiempo fue como ellos, y despertar un sentimiento de recuerdo y compasión.

Con el paso del tiempo los ritos funerarios fueron cambiando desde la incineración en los momentos más antiguos de la romanización, a la inhumación, que cuenta con numerosas evidencias en los alrededores de Complutum. El ritual de cremación consistía en quemar el cadáver, enterrando las cenizas dentro de una urna que podía ser de piedra, cerámica, metal o vidrio. En cuanto a las técnicas de inhumación, sistema detectado desde el segundo tercio del s. II n.e. consiste en el enterramiento del cadáver en un ataúd de plomo, madera, tégulas10 o piedra. A veces podía colocarse directamente en la tumba, simplemente amortajado.

Estela funeraria

Los romanos señalizaban las tumbas de sus antepasados de diferentes formas. Las más comunes eran la estelas, de diferentes formas, que llevaban casi siempre una inscripción con los datos personales y familiares del difunto.

La estela funeraria de T. Valerius Syrus y Arruntia Pusinca (s. II avanzado/principios del s. III n.e.) estaba rematada a modo de altar y tenía en el centro dos inscripciones epigráficas:

T(ito) VALERIO SYRO VAL(eri) CRESCENTIS LIB(erto) AN(orum) XL VALERIVS CRESCENS F(ilius) F(aciendum) C(uravit) D(is) M(anibus)

Para Titus Valerius Syrus, liberto de Valerius Crescens, que murió con 40 años, hizo (este monumento) su hijo Valerius Crescens. (Consagrado) a los Dioses Manes

ARRVNTIE PVSINC(a)E AN(orum) LX VAL(erius) CRESCE(n)S F(ilius) F(aciendum) C(uravit)

Para Arruntia Pusinca, que murió con 60 años, hizo (este monumento) su hijo Valerius Crescens.

El monumento fue erigido por Valerius Crescens en honor a sus padres. Los nombres de los difuntos nos hablan de su origen: el nombre de Syrus refieja un ambiente servil y, además, lleva el nombre de su patronoValerius– y Pusinca es un nombre indígena.


Notas:
  1. La romanización es el proceso de asimilación cultural que tuvo lugar en la mayor parte de Europa occidental y los Balcanes en la antigüedad, por el que muchas regiones bajo el poder político de Roma adoptaron sus instituciones, costumbres, organización social y su lengua.[]
  2. Un municipium era la segunda clase más alta para una ciudad romana, por detras de las civitates y se establecían en las zonas más romanizadas (provincias senatoriales). Mantenían y adoptaban las instituciones políticas y administrativas romanas pero no tenían el prestigio de las colonias romanas. Aunque su funcionamiento administrativo era igual al de Roma y los ciudadanos tenían los mismos derechos que cualquier romano en las colonias, los municipios necesitaban un reordenamiento jurídico-político para poder considerarse legalmente una ciudad romana.[]
  3. El foro era un espacio público en las antiguas ciudades romanas con funciones comerciales, financieras, religiosas, administrativas y económicas, además de ser el lugar donde los ciudadanos romanos realizaban comúnmente su vida social. En el foro estaban localizados los elementos más importantes de la ciudad: el templo, donde se rendía culto a los dioses y, a partir de Octavio Augusto, al emperador; la basílica, donde se impartía justicia, además de ser el centro de la vida económica; los comicios, que tenían funciones tanto electorales como legislativas, bajo el control del senado; el tesoro (aerarium); la curia, con funciones legislativas; y el archivo (tabularium). El foro se situaba en la confluencia del cardo con el decumano y constituía el centro de la ciudad y de la vida pública romana.[]
  4. Cardo (cardō) es el término empleado en la planificación urbanística en el imperio romano para llamar a las calles con orientación norte-sur en un campamento militar o colonia. El cardo principal es el Cardo Maximus, que se cruza perpendicularmente con el Decumanus Maximus, la otra calle principal.[]
  5. Decumano (decumānus) es el término usado para denominar una calle con orientación este-oeste tanto en una ciudad romana como en un campamento militar o en las colonias. El decumano principal era el Decumanus maximus, que se cruzaba con el Cardo Maximus, la otra calle principal. En esta vía se ubicaban los mercaderes, siendo el centro comercial de la ciudad.[]
  6. Una antefija (del latín antefixa, fijar por delante) es un adorno arquitectónico, una pieza vertical que se coloca el extremo inferior de las tejas, en las cubiertas. En grandes edificios, la cara de las antefijas de piedra eran talladas con sumo detalle, a menudo conforma de hoja de palma. En edificios de menores proporciones se usaban antefijas modeladas en cerámica, por lo general terracota, que podían estar decoradas con figuras o máscaras, especialmente durante el período romano. En esta época era común encontrarlas en numerosos edificios y en casas particulares. []
  7. Los lares eran deidades romanas hijos de Lara (o Larunda), una de las náyades, y el dios Mercurio (algunas fuentes mencionan a Júpiter) cuyo origen se encuentra en los cultos etruscos a los dioses familiares. Las familias romanas sentían una gran veneración por los lares, que representaban en forma de pequeñas estatuas. Estas se colocaban tanto dentro como fuera de la casa en pequeños altares llamados lararia (lararium en singular), donde se realizaban ofrendas o se les rendía oración. En la casa, el larario solía situarse en el atrio, lo más cerca posible de la puerta principal. En el caso de los apartamentos, se colocaba cerca de la cocina, aunque en una misma casa podían existir varios y no era extraño que se encontrasen en los dormitorios. Lo que era importante, sin embargo, es que no estuviesen en lugares poco transitados o escondidos, con el fin de que no fuesen ignorados u olvidados. En los primeros tiempos romanos cada casa tenía al menos una estatuilla, más adelante surge cierta confusión entre éstas y las de los manes, almas de los antepasados muertos.[]
  8. Albayalde (del árabe al-bayūd, «blancura») es el nombre dado carbonato básico de plomo (II), un pigmento empleado tradicionalmente en pintura artística, y, por extensión, también al color de ese pigmento. Son sinónimos de albayalde: blanco de plomo, cerusa, blanco de cerusa, cerusita, blanco de cerusita, blanquíbolo y orín de plomo.[]
  9. Término que proviene del italiano graffito (pl. grafitti), que significa «marca o inscripción hecha rascando o rayando un muro» y del mismo modo arqueólogos y epigrafistas llaman a las inscripciones espontáneas que han quedado en las paredes o en algunos objetos y utensilios desde tiempos del Imperio romano.[]
  10. Tejas romanas.[]

Etiquetas de lecciones: Historia
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